2016 tres años después

por Jesús Sánchez Quiñones
25 enero 2019

La fuerte caída de las bolsas mundiales en la última parte del año pasado ha sido muy similar a la acontecida en los primeros meses de 2016. En ambas ocasiones las bolsas mundiales, medidas por su capitalización en dólares, retrocedieron más de un 20%. La justificación en ambos casos fue el temor a una fuerte desaceleración de la economía mundial motivada en gran parte por la desaceleración de la economía china, a pesar de que las previsiones de los organismos internacionales, entonces y ahora, sólo auguraban una cierta desaceleración de la economía global.

 

 

Los temores en 2016 finalmente no se materializaron. La economía global ha seguido creciendo desde entonces por encima del 3,2% de 2016. Existe una corriente de opinión extendida que considera la reciente caída de los mercados como una repetición de lo acontecido entonces, augurando una recuperación similar de las cotizaciones a la experimentada tras los descensos de los primeros meses de 2016.

El comportamiento de los mercados durante el último mes parece avalar dicha opinión. Sin embargo, existen motivos para invitar a la prudencia de cara al futuro.

El ciclo económico está tres años más maduro que en 2016. Estados Unidos batirá el próximo junio el periodo de crecimiento más largo desde la Segunda Guerra Mundial. Los ciclos siguen existiendo. La próxima recesión, aunque sea suave, indudablemente está más cerca, sobre todo en EE.UU. El pico del actual ciclo económico ha quedado atrás.

Fin de la inyección de los bancos centrales. Desde 2016 hasta fin de 2018 el BCE anestesió los tipos de interés de los bonos soberanos y corporativos con adquisiciones masivas, superando incluso el volumen de emisión de dichos bonos. En un futuro cercano no se puede esperar que el BCE vuelva a actuar de forma tan contundente. Sólo se vería obligado a hacerlo ante un empeoramiento significativo del entorno, pero no antes.

La deuda ha seguido creciendo. El endeudamiento global no ha dejado de aumentar, especialmente el endeudamiento público. Así, el margen de política fiscal de los principales países del mundo para recuperar tasas de crecimiento es limitado.

- En vista de todo lo anterior, los resultados empresariales pueden seguir creciendo, pero no a los ritmos de los últimos años, especialmente en EE.UU.

Bienvenidas sean las subidas de las bolsas desde los mínimos de diciembre pasado. No obstante, la limitada capacidad de actuación de política monetaria por parte de los bancos centrales y de política fiscal por parte de los gobiernos, junto con las numerosas incertidumbres actuales (Brexit, negociaciones China-Estados Unidos, elecciones europeas...) auguran un año de volatilidad que proporcionará oportunidades.


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