Amenazas contraproducentes

por Jesús Sánchez Quiñones
14 mayo 2021

Hoy en día se realizan millones de transferencias de dinero de un lado a otro del mundo teniendo la total confianza del buen término de la transacción. Si algo funciona desde hace décadas ni siquiera nos preguntamos qué sistema hay detrás del mismo y quién lo controla.

El sistema que soporta la inmensa mayoría de las transacciones bancarias internacionales es proporcionado por una compañía denominada SWIFT (Society for Worldwide Interbank Financial Telecommunication). Aunque su sede está en Bélgica, se define como una entidad independiente de cualquier gobierno. Más de 11.000 bancos de más de 215 países y territorios distintos están adheridos a SWIFT.

Desde su creación en los años 70, ha facilitado de forma creciente las transacciones bancarias internacionales, sin que nadie se planteara que pudiera hacerse un uso geopolítico de SWIFT amenazando con la exclusión del mismo a los bancos de un país concreto. Utilizar la amenaza de expulsión del uso del sistema SWIFT supondría utilizar el sistema como arma de política internacional y de presión ante terceros países sobre temas que nada tienen que ver con las transacciones financieras. Su propia definición como "entidad global neutral cooperativa" parecía evitar dicha utilización.

Excluir a todas las entidades financieras de un país de SWIFT, implica en la práctica que dicho país no pueda pagar ni cobrar internacionalmente y que las tarjetas de crédito emitidas en dicho país no funcionan en el extranjero. El país en cuestión no podrá realizar ninguna transacción financiera internacional, al menos en las principales divisas internacionales.

La Administración Obama fue la primera que amenazó a un país, Suiza, con la exclusión de sus bancos de SWIFT si los bancos suizos no acababan con cierta opacidad de sus clientes. Dicha amenaza surtió efecto, pero puso de manifiesto la capacidad de control del gobierno americano sobre las decisiones de SWIFT.

La expulsión de SWIFT de Irán entre 2012 y 2015 fue el caso más conocido. Mediante dicha exclusión, Irán no podía vender su petróleo, ni ningún otro bien, a ningún país en dólares americanos, ni comprar bienes y servicios pagando en cualquiera de las principales divisas. Además, EE.UU. se permitió prohibir a cualquier empresa del mundo intermediar con los iraníes. Así, en 2014, un tribunal estadounidense condenó al banco francés BNP Paribas a pagar 8,8 millones de dólares por haber ayudado a Irán a sortear el bloqueo de SWIFT.

Estas sanciones a Irán dieron una oportunidad a China para internacionalizar el yuan, al adquirir petróleo iraní pagando en la moneda china, sin utilizar SWIFT. Otros países, como India y Turquía, comerciaron con Irán a través de trueques de productos.

Ahora, es el Parlamento Europeo quien ha amenazado a Rusia de desconectarle de SWIFT si "su agresión a Ucrania continúa". La evidencia de la utilización de SWIFT como un arma disuasoria para bloquear financieramente un país provoca que países como Rusia y China lleven años preparando alternativas a SWIFT.

El ministro de exteriores ruso se atreve a augurar que Rusia está preparada para desconectarse de SWIFT, recalcando además "el entendimiento de que el dinero digital puede convertirse en el futuro en la base del sistema financiero internacional actualizado y operaciones de liquidación transfronterizas".

 

 

China no es ajena a esta situación. De hecho, el gigante asiático, tiene una estrategia muy clara para evitar la dependencia de SWIFT, y del dólar, en sus transacciones con sus socios de Asia, Oriente Medio, África y, en última instancia, Europa. Sus programas "One Belt, One Road", el Yuan Digital y el despliegue de la ruta de seda digital (más de 15.000 km de fibra óptica) están todos relacionados y orientados al mismo objetivo.

Las divisas digitales se convertirán en una nueva arma en la lucha por controlar la supremacía mundial y, de paso, disponer de un control absoluto sobre la población. China lleva la delantera.


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