Cuidado con lo que se desea

por Jesús Sánchez Quiñones
17 mayo 2019

El BCE justifica su política de tipos negativos y liquidez abundante en la no consecución de su objetivo de estabilidad de precios. El BCE define dicha estabilidad de precios como un incremento interanual de la inflación cercano pero inferior al 2%. La inflación, a través del índice HICP (Harmonised Index of Consumer Prices), mide la variación de precios de una cesta de productos de consumo predeterminada.

Nadie ha explicado de forma convincente por qué la estabilidad de precios ideal para la economía europea es un nivel de inflación cercano al 2%, y no el 1% o el 3%. La sacralización de un nivel determinado de inflación, en este caso el 2%, sin tener en consideración los motivos que llevan a que la evolución de precios sea superior o inferior a dicho nivel objetivo, es un craso error. No es lo mismo que los precios al consumo se incrementen por una elevada pujanza de la economía, que hace que la mayor demanda de productos y servicios empuje los precios al alza, que un incremento de la inflación provocado por la subida de precios de materias primas importadas, principalmente el crudo.

Europa, y España con especial incidencia, es muy dependiente energéticamente de las importaciones de petróleo. Así, fuertes variaciones del precio del crudo al alza o a la baja provocan episodios de inflación elevada o excepcionalmente baja, respectivamente. Aunque el precio del petróleo no sea el único factor a tener en cuenta, su influencia sobre la inflación es evidente.

 

Las tres veces que el BCE ha subido tipos desde el inicio de la crisis financiera han coincidido con momentos en los que el precio del petróleo se había disparado, afectando a la inflación. En 2008, la inflación de la Eurozona se situó en el 4%. El motivo de la subida de precios no fue un gran dinamismo de la economía, sino una escalada del precio del petróleo a niveles superiores a $140/barril. El error histórico de dicha subida de tipos es evidente. Apenas un año más tarde, la inflación de la Eurozona se situó en terreno negativo, motivado esencialmente por el desplome del crudo hasta niveles de $37/barril. En 2011, de nuevo con el crudo por encima de $120/barril, la inflación alcanzó el 3% y el BCE incrementó los tipos en 2 ocasiones.

Cuando la inflación descendió por debajo de cero en 2015 y 2016 (los precios al consumo cayeron), no se produjo por un desplome de la actividad económica, ni por aplazamiento de las decisiones de consumo e inversión debido a la deflación (inflación negativa), sino por una rebaja significativa de la factura del crudo importado, con un barril por debajo de $30.

Ahora, de nuevo asistimos a una situación de incertidumbre en la evolución del precio del petróleo debida a tensiones geopolíticas. De momento ha escalado un 40% desde inicio de año. De producirse un empeoramiento de la situación en el estrecho de Ormuz, el efecto sobre el precio del crudo sería inmediato, y su traslado a la inflación de Eurozona no tardaría en llegar. Superado con holgura el nivel objetivo del 2% de inflación, ¿volvería a subir tipos el BCE? De hacerlo, el crecimiento económico del área, ya dañado por el precio del crudo se resentiría. De no hacerlo, la represión financiera sobre los ahorradores se acentuaría más todavía.

Es absurdo fijar un nivel de inflación como objetivo sin discriminar los motivos que llevan a dicho incremento de precios. Si es motivado por incremento de productos importados, como el petróleo, la subida de tipos sólo lograría dañar más aún la economía. Esperemos que no se dé la ocasión para un cuarto error en las subidas de tipos del BCE por incremento del precio del petróleo.


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