De la Complacencia al Pesimismo

por Jesús Sánchez Quiñones
09 febrero 2018

Ha bastado una semana de fuertes caídas en las bolsas para pasar de la complacencia al pesimismo. Las correcciones, cercanas al 10% desde los máximos en los principales índices, ponen de manifiesto que lo vivido en el último ejercicio en las bolsas estadounidenses y, en menor medida en las europeas, era anómalo. No era normal que la caída desde los máximos en el último año no llegara al 4% en el Eurostoxx y ni siquiera al 3% en el Dow Jones. La media de los 15 últimos años había sido un descenso del 10% desde el máximo dentro del año, independientemente del resultado final del ejercicio.

Episodios de volatilidad como los actuales sirven para recordar algunos principios básicos de las inversiones que tienden a olvidarse cuando las bolsas sólo suben y suben.

1. Una vez despertados de la fase de absoluta complacencia, los episodios de alta volatilidad, o de fuertes oscilaciones de las valoraciones de los activos, tenderán a ser recurrentes. Las decisiones de inversión hay que adoptarlas con un horizonte temporal determinado, sabiendo que en el futuro se repetirán movimientos bruscos de los mercados, sin que por ello haya que modificar la política de inversión en el momento en que dichas turbulencias se producen. Si se cambia el objetivo de la inversión y el perfil de riesgo cuando aparecen las curvas, quiere decir que estaban mal definidos.

2. Sólo los inversores que sean capaces de soportar los vaivenes de las valoraciones deben invertir parte de su patrimonio en activos que puedan sufrir elevados descensos en su valoración. Los objetivos de rentabilidad de las inversiones deben ser compatibles con la aceptación del riesgo asumido para obtener dichos objetivos. A mayor rentabilidad esperada, mayor riesgo asumido. Sin riesgo no hay rentabilidad.

3. En estos últimos años ha sido falazmente reiterado el argumento de que ante la falta de rentabilidad de la renta fija, las inversiones deben dirigirse hacia la renta variable. Esta conclusión sólo es válida, en parte del patrimonio, para aquellos inversores que sean conscientes de la volatilidad de la renta variable y sean capaces de aguantar las oscilaciones de las cotizaciones. De no ser así, venderán en el peor momento. Nadie debe invertir en activos con posibilidad de oscilación de su valoración más allá de la cantidad que le permita dormir tranquilo. Sobrepasar el umbral del sueño sólo lleva a vender en el peor momento. Un cero por ciento de rentabilidad es mucho mayor que un -5%. Obvio.

4. La actual política de los bancos centrales perjudica seriamente a los ahorradores e inversores más conservadores. Los tipos de interés negativos les han estado empujando hacia productos que inevitablemente tienen riesgo, sin que en muchos casos sean conscientes del riesgo que asumen hasta que se materializa. La pérdida de la casi totalidad de la inversión en varios productos "innovadores" sobre índices tan complejos como el VIX (VelocityShares Daily Inverse VIX Short-Term exchange-traded note XIV, Proshares short VIX short term future), ponen de manifiesto la minusvaloración del riesgo ante una búsqueda alocada de rentabilidad. Sorprendentemente, en la lista de los principales tenedores de estos productos fallidos se encuentran grandes bancos internacionales e incluso el fondo (endowment) de alguna de las principales universidades americanas.

(Este tema merece un próximo artículo específico).

Episodios como los vividos en las últimas jornadas ponen de manifiesto que frente a la precipitación en la toma de decisiones y la sobreactuación ante los vaivenes del mercado conviene practicar el Slow Finance. Una forma de entender las inversiones, guiada por la serenidad y el buen criterio y alejada de las prisas, de la velocidad o lo impulsivo. No dejarse llevar por la vorágine de información de los mercados. Planificar a medio y largo plazo dejando de lado el vértigo del corto. El actual momento de las bolsas no debe hacerle variar los objetivos de las inversiones, ni el perfil de riesgo. No se debe pasar de la complacencia al pesimismo.


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