De nuevo la reforma de Trump

por Jesús Sánchez Quiñones
06 octubre 2017

Nada más salir elegido Trump como presidente de EE.UU., hace casi un año, los mercados financieros comenzaron a descontar su plan de inversiones y una anunciada reforma fiscal. A día de hoy ninguna de las dos promesas ha visto la luz. Ante la expectativa de bajada de impuestos y de incentivación de la producción nacional frente a las actividades en el extranjero, la bolsa lo recogió muy favorablemente. En febrero, Trump anunció que en dos o tres semanas se daría a conocer el contenido de la reforma fiscal. Hasta abril, el secretario del Tesoro no dio a conocer las líneas básicas de la pretendida reforma. En realidad, la explicación de la reforma cabía en una hoja de papel por una sola cara. Se anunció una rebaja del impuesto sobre sociedades del 35% al 15% y la posibilidad de repatriar beneficios retenidos en el extranjero a una tasa muy reducida. Buenas expectativas para las empresas que no se llegaron a materializar.

Casi un año después de la elección de Trump, vuelve a la carga con un nuevo intento de reforma fiscal. El mercado financiero parece creérselo otra vez. El documento que recoge las líneas generales de la reforma hace hincapié en retirar los incentivos al desplazamiento de puestos de trabajo, capital al extranjero y al mantenimiento de los beneficios fuera de EE.UU. De nuevo, se pretende permitir la repatriación de los beneficios generados en el extranjero sin tener que pagar ningún impuesto adicional. De forma transitoria, para los beneficios ya generados y acumulados en el extranjero (estimados en más de $2,5 billones, trillones americanos), se establecería un tipo excepcional a pagar en varios años.

La repatriación a EE.UU. de sólo una pequeña parte de estos importes, no se destinaría a inversiones adicionales, sino que previsiblemente llevaría a un aumento significativo de las recompras de acciones (buyback) y de remuneraciones extraordinarias a los accionistas, dando un impulso adicional a las cotizaciones de las principales multinacionales americanas. Con las recompras de acciones propias se añade demanda a las acciones, se reduce el número de acciones disponibles y se aumenta el beneficio por acción al tener dividir el beneficio total entre un número inferior de acciones.

El tipo del impuesto de sociedades que se propone ahora en la reforma es del 20%, frente al 35% actual y al 15% anunciado en abril. Junto a la reducción del tipo de gravamen se propone una limitación a la deducibilidad de los tipos de interés, de forma que no todas las empresas se beneficiarían de igual modo de la reforma fiscal. En empresas muy endeudadas la no deducibilidad de los intereses limitaría el posible ahorro de impuestos por la bajada del tipo impositivo.

Dada la experiencia del último año, en el que ha quedado de manifiesto la dificultad del presidente Trump de conseguir suficientes apoyos en el Congreso y el Senado, incluso entre las propias filas republicanas, en iniciativas legislativas como la reforma sanitaria, no está garantizado en absoluto que la reforma fiscal se apruebe en los términos presentados.

Uno de los principales argumentos en contra de la reforma, que dificulta su aprobación, es el aumento del déficit que generaría, al no haberse dado a conocer ningún recorte de gastos ante la prevista reducción de los ingresos.  En cualquier caso, el mercado estadounidense vuelve a dar credibilidad a la posibilidad de aprobación de la reforma, manteniendo las cotizaciones en máximos históricos. A pesar de no materializarse ninguno de los efectos del llamado "reflation trade" de las políticas de Trump, las bolsas estadounidenses siguen marcando récord tras récord. De aprobarse la reforma fiscal antes del nuevo ejercicio, sería un impulso adicional para las cotizaciones. En caso contrario, será difícil que los índices americanos mantengan el ritmo de subidas actual.     


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