Dependencias de Europa

por Jesús Sánchez Quiñones
31 mayo 2019

En un mundo globalizado, con sólidas relaciones multilaterales entre las distintas áreas geográficas y con mínimas barreras arancelarias, la interdependencia de los distintos países del exterior puede llegar a ser muy elevada. Europa es una economía muy abierta al exterior, que se ha beneficiado de lustros de mercados cada vez más abiertos y con reducidas trabas comerciales.

Ahora los vientos comienzan a soplar en otra dirección, con aumento de las tensiones comerciales, desconfianza entre las dos grandes potencias y reavivamiento de tensiones geopolíticas en zonas sensibles en la producción de petróleo. La dependencia de Europa del exterior abarca distintos frentes:

Dependencia del comercio internacional de la economía de la UE es evidente. El área goza de un superávit comercial del 3,5% del PIB de la zona. En el caso de Alemania y Holanda, el superávit supera el 8% del PIB. La salida de la crisis en Europa se ha producido vía el sector exterior. Las tensiones comerciales existentes en la actualidad lastran el crecimiento europeo.

Adicionalmente, es previsible que el próximo objetivo de "renegociación comercial" de Trump sea Europa. De momento se han ganado seis meses de respiro, pero a la vuelta de verano la amenaza de aranceles sobre sectores como el automóvil será una realidad.

Dependencia energética. Europa sigue dependiendo energéticamente del exterior, especialmente del petróleo del Golfo Pérsico y de Rusia. La situación de dependencia energética de EE.UU. ha cambiado radicalmente respecto a la existente en la primera (1990) y segunda (2003) guerra del Golfo. Desde entonces ha logrado ser prácticamente independiente energéticamente, gracias en gran medida al desarrollo del "fracking". Por lo tanto, Europa ya no puede contar con que EE.UU. le resolverá sus eventuales problemas de suministro energético en caso de una no deseada escalada de tensiones en el Golfo Pérsico.

Dependencia militar. Unido a lo anterior, Europa ha basado su defensa en la pertenencia a la OTAN, donde EE.UU. juega un papel esencial. Una de las primeras exigencias de Trump al llegar a la presidencia fue la de exigir a los socios europeos de la OTAN que aumentaran sus gastos en defensa hasta al menos el 2% del PIB de cada país. En sus formas poco diplomáticas transmitió el mensaje de que EE.UU. no sería más el policía de Europa gratis. España ni siquiera llega al 1% de gasto en defensa sobre el PIB. Al menos quince miembros de la OTAN esperan llegar a dicho porcentaje de gasto en defensa en 2024 como muy pronto. La dependencia de EE.UU. en defensa es evidente.

 

Dependencia tecnológica. Así como Europa fue capaz de unir fuerzas y crear un consorcio aeronáutico como AIRBUS, ha sido incapaz de lograr la existencia de empresas tecnológicas europeas de tamaño que compitan a nivel global. De este modo, la dependencia tecnológica de China, por un lado, y de Estados Unidos por el otro, es absoluta.

El amago de Google de dejar sin sistema operativo a los móviles de Huawei es una prueba de la dependencia tecnológica en Europa de un reducido número de compañías americanas. Europa no dispone de sistema operativo de móviles propio.

En el caso de las infraestructuras de telecomunicaciones la dependencia es de empresas chinas. El ejemplo más evidente es el despliegue de redes 5G, donde China posee un liderazgo evidente.

Lamentablemente Europa es enormemente dependiente del exterior en áreas absolutamente estratégicas y críticas para la economía como las mencionadas. La consecuencia es que ante posibles conflictos de Estados Unidos con distintos países (China e Irán, entre otros), Europa puede ser la gran perjudicada, aun sin ser una parte directamente implicada. Esperemos que las distintas tensiones actuales sean sólo tormentas de primavera.


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