El peligro de perder atractivo

por Jesús Sánchez Quiñones
22 mayo 2020

Nadie debería dar por garantizada la permanencia de la financiación extranjera a la economía española. Para que los inversores sigan confiando en nuestra economía es imprescindible mantener la estabilidad de la que España ha gozado en las últimas décadas, convirtiéndose en un destino atractivo para la inversión extranjera.

Ante la ausencia de ahorro nacional suficiente, España, en el pasado reciente, ha conseguido ser un destino destacado de inversiones extranjeras. Así, además de las inversiones directas en el capital de empresas, España tenía a finales de 2019 una deuda externa bruta de 2,1 billones de euros, equivalentes a un 169,3% del PIB de 2019. En otras palabras, España ha conseguido, hasta la fecha, que inversores internacionales financien tanto al sector público, como a un buen número de compañías españolas a través de préstamos o bonos.

 

 

Cualquier inversor internacional, y la inmensa mayoría de los nacionales, puede elegir entre un sinfín de opciones y destinos para sus inversiones. Como es obvio, priorizarán la inversión en aquellos destinos que proporcionen más estabilidad regulatoria, legal, fiscal, que desarrollen políticas pro-crecimiento y que faciliten y den la bienvenida a las inversiones exteriores. Si un país pierde atractivo implica que o bien se descarta como opción de inversión, o bien que el tipo de interés exigido aumentará de forma proporcional a la percepción del riesgo.

La financiación del exterior por 2,1 billones de euros existente a fin de 2019, irá venciendo progresivamente. En la mayor parte de los casos, los deudores, tanto públicos como privados, desearán que dichos inversores renueven sus préstamos o bonos al vencimiento de los mismos. Para que esto se produzca, será necesario que se mantenga la estabilidad económica e institucional de España que permita mantener el atractivo de la inversión.

Frente a los 200.000 millones de euros de emisión de bonos por parte del Tesoro estimados para este 2020 al inicio del año, el Tesoro acaba de anunciar que la emisión de bonos durante este año tendrá que ascender hasta casi los 300.000 millones de euros. El Tesoro siempre distingue el importe de emisión bruto (el total emitido), del neto (bruto menos vencimientos). Se da a entender que los inversores reinvertirán el importe recibido en nuevos bonos al vencimiento. Nadie debe dar por supuesto que esto será así si existe un cambio sustancial en las condiciones de base de la economía española.

Cuando se duda de la seguridad jurídica, los mensajes de los gobernantes son anti-empresas, y las condiciones generales hacen que el país no sea competitivo frente a otras alternativas estables, los inversores prefieren otras latitudes para invertir. La inversión es imprescindible para aumentar la capacidad de crecimiento de una economía y para crear empleo y bienestar. No se debe dar por sentado que la inversión extranjera seguirá invirtiendo en España en cualquier caso.


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