Fin de la barra libre de gasto

por Jesús Sánchez Quiñones
22 octubre 2021

 

En momentos de crisis se adoptan medidas excepcionales y temporales para hacer frente a las consecuencias de la crisis en cuestión. Cuanto más tiempo transcurre con las medidas excepcionales en vigor, mayor es el riesgo de considerar dichas medidas como permanentes y no como temporales.

Desde hace años, la situación de las cuentas públicas españolas, y de gran parte de los países de la Eurozona, sólo se puede explicar por la existencia prolongada de medidas inicialmente temporales, pero que se han mantenido a lo largo del tiempo.

 

 

En España, desde el año 2008 al año 2020, los déficits públicos acumulados en esos años ascienden a 948 mil millones de euros. Entre 2019 y 2021, el nivel de deuda pública va a pasar del 95,5% hasta casi el 120% del PIB. A pesar de todo, España es capaz de financiarse a tipos de interés negativos. De la totalidad de la deuda emitida en los nueve primeros meses de este año, el interés medio de la deuda emitida es del -0,034%. Existe un elevado riesgo de considerar que las condiciones extraordinarias que permiten esta anómala situación permanecerán en el tiempo.

El levantamiento de las reglas fiscales a los países de la Eurozona en marzo de 2020, con motivo de la pandemia, ha permitido a los gobiernos europeos hacer frente a una situación extraordinaria con un aumento de los gastos y del endeudamiento. Esta medida extraordinaria de suspensión de las reglas del Pacto de Estabilidad y Crecimiento dejará de tener efecto en 2023. De aquí a entonces, se definirán unas nuevas reglas fiscales que previsiblemente diferirán de las existentes antes de la pandemia: déficit público máximo del 3% y 60% de nivel máximo de deuda pública. En cualquier caso, sea cual sea el acuerdo final, la alegría actual del gasto tiene fecha de caducidad.

 

 

Los tipos de interés negativos, la inyección permanente de liquidez y la compra de bonos por parte del Banco Central Europeo son medidas inicialmente temporales y excepcionales, pero con visos de permanencia en el tiempo.  

La primera vez que el BCE situó los tipos de interés en negativo fue en 2014, con la excusa de la ausencia total de inflación en la economía. Siete años más tarde la inflación supera el 3% y los tipos de interés siguen en negativo. De hecho, el BCE todavía tardará mucho tiempo en situarlos en terreno positivo.

Desde 2015 las compras de bonos soberanos por parte del BCE han sido intensas. Tras una breve pausa en 2019, la situación provocada por la pandemia volvió a activar los cuantiosos programas de compras. En la práctica, el BCE compra la cantidad equivalente a la emisión neta de bonos de los principales países europeos, entre ellos de España.

 

 

Cuando el BCE deje de comprar bonos, y reduzca la liquidez suministrada al sistema a través de las líneas de financiación a los bancos, el coste de la financiación de la deuda pública inevitablemente aumentará.

Desde un punto de vista racional es totalmente ilógico que con un nivel históricamente elevado de deuda pública, 120% del PIB y creciendo, sea posible financiarse a tipos negativos. Al menos a partir de 2023 se limitará el incremento anual de la deuda.


Compartir en: