Importancia del acuerdo China - EE.UU.

por Jesús Sánchez Quiñones
10 mayo 2019

En un mundo globalizado como el actual, las guerras comerciales sólo generan perdedores. Ningún país acaba ganando. La imposición de trabas al comercio internacional o la subida unilateral de aranceles lleva, inexorablemente, a represalias por parte del país afectado con nuevas trabas o más aranceles a las exportaciones de la otra parte, existiendo el riesgo de entrar en un círculo vicioso de peligrosas consecuencias.

El aumento de los aranceles por parte de EE.UU. del 10% al 25% desde este mismo viernes a importaciones procedentes de China por importe de $200.000 millones, si finalmente se acaba aplicando, es una pésima noticia que dificulta, pero no impide, un acuerdo comercial entre las dos grandes potencias.

Desde principio de año, el mantenimiento de la situación de tensión comercial e incertidumbre sobre el nivel de los aranceles futuros ha sido uno de los principales riesgos para la economía global y para los mercados financieros. De materializarse la amenaza de Trump de acabar gravando todas las exportaciones chinas a Estados Unidos (todavía hay exportaciones por $325.000 millones sin ningún tipo de arancel), el crecimiento de la economía china se resentiría notablemente y, por extensión, el crecimiento global.

Adicionalmente, la toma de medidas de represalia por parte de China a las exportaciones americanas sería casi inevitable. Dichas represalias pueden ir mucho más allá que la mera imposición de aranceles. Aunque las exportaciones de China a EE.UU. exceden en casi $300.000 millones a las importaciones chinas procedentes de EE.UU., las ventas de productos y servicios de empresas americanas, pero producidos directamente en China, prácticamente igualan la balanza de negocio bilateral entre ambos países. Por lo tanto, las represalias chinas fácilmente pueden dirigirse a las grandes empresas estadounidenses establecidas en el país asiático, ampliando los nocivos efectos secundarios de la guerra comercial.

 

 

Adicionalmente, los más afectados por la imposición de aranceles a los productos chinos vendidos en EE.UU. son los consumidores estadounidenses. Los principales productos importados desde China son móviles, ordenadores, textil y equipamiento de telecomunicaciones. El impacto sobre la inflación y los márgenes de las empresas será, en su caso, otro efecto no deseado.

La Unión Europea es una economía mucho más abierta al comercio internacional que la economía estadounidense. Estando abiertas las negociaciones comerciales entre UE y Estados Unidos, las actuales tensiones con China aumentan la incertidumbre y los malos augurios. Los sectores que pueden verse penalizados con un incremento de los aranceles, como el sector autos, están sufriendo estas incertidumbres en las cotizaciones de las empresas.

La actual tensión entre EE.UU. y China no es un mero tema de aranceles y de guerra estrictamente comercial. Las actuales tensiones se encuadran dentro de la lucha por la supremacía global entre una potencia todavía hegemónica pero menguante, Estados Unidos, y una economía emergente con ansias de liderar el mundo, China. Por lo tanto, es casi imposible que haya un acuerdo completo que zanje las tensiones. Aun así, lo mismo que meses atrás Trump tuiteó la cercanía de posturas con China y las ganas de colaboración del gigante asiático, podría volver a suceder lo mismo.

Mientras no se perciba un acercamiento de posturas y la factibilidad de un acuerdo cercano, la volatilidad seguirá presente en las bolsas.


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