Independencia energética y geopolítica

por Jesús Sánchez Quiñones
26 noviembre 2021

La presión de los organismos internacionales sobre los gobiernos para descarbonizar la economía es indiscutible. Tanto Europa como EE.UU. se han comprometido a lograr emisiones de dióxido de carbono "netas" cero para 2050. El gran problema de dicho compromiso es cómo realizar la transición sin causar gravísimos daños a la economía y al bienestar básico de la población.

Conviene aclarar que emisiones netas cero, no es lo mismo que cero emisiones. La introducción del adjetivo "netas", implica que seguirá habiendo emisiones a la atmósfera. No obstante, se supone que parcialmente serán neutralizadas a través de sistemas que permitan retirar el CO2 de la atmósfera. Parte se realizará a través de ecosistemas naturales. (Sirve de recordatorio que las plantas necesitan CO2 para vivir). Otra parte del plan de retirar CO2 se basa en tecnologías de geoingeniería climática no probadas suficientemente y, por tanto, con riesgo, como la "bionergía con captura y almacenamiento de carbono" (BECCS), o la "captura directa desde el aire" (DAC).

 

 

No todos los países están siendo tan proclives a abrazar los compromisos de "emisiones netas cero". Entran en juego factores tan relevantes como la "seguridad nacional". Como ejemplo, en Australia existe una ardua discusión al respecto. Por un lado, existe presión interna y externa para sumarse a los principales países occidentales en los compromisos de descarbonización. Por otro lado, la amenaza de un eventual conflicto con China recomienda tener garantizado el abastecimiento energético.

Australia es un país energéticamente independiente gracias a su producción de carbón y de gas. De hecho, Australia es uno de los principales exportadores de carbón a China. Realizar una transición hacia la descarbonización de la economía, renunciando al uso del carbón y del gas, sin tener antes fuentes suficientes y fiables de energías alternativas, supondría perder su actual independencia energética. Introduciría una fuerte vulnerabilidad a su economía que ahora no tiene.

Son conscientes de que en un escenario en el que las tensiones geopolíticas con China son evidentes, y un conflicto en la región no puede ser descartado, el país oceánico no puede permitirse depender energéticamente del exterior. Los cortes de energía en numerosas áreas de China de las últimas semanas afectando tanto a hogares como fábricas, son un ejemplo claro de los peligros de la dependencia exterior de la producción de energía.

La experiencia del Reino Unido sustituyendo el carbón como fuente de energía principal por gas importado ha mostrado las vulnerabilidades de no ser independientes energéticamente. La fortísima subida del precio del gas y, como consecuencia del precio de la electricidad, ha provocado una crisis energética que ha supuesto un duro revés para muchas industrias.

Se da por sentado que la disponibilidad de la electricidad está y estará siempre garantizada. Los cortes de electricidad en China y los avisos gubernamentales de posibles apagones en países como Austria y Alemania muestran que dicha disponibilidad no necesariamente estará siempre garantizada.

La precaución de Australia respecto al mantenimiento de su independencia energética ante las tensiones geopolíticas regionales es entendible. Nadie garantiza a Europa que en un futuro no se tenga que enfrentar a tensiones de ese tipo. De producirse, se lamentará de su dependencia energética del exterior.


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