Los inesperados cambios de 2020

por Jesús Sánchez Quiñones
18 diciembre 2020

Este año 2020 será recordado como el año de la pandemia global del Covid, con consecuencias sobre el día a día de las personas totalmente inimaginables con anterioridad. Algo tan esencial y básico como la libertad de movimiento de las personas, se ha visto restringido de forma dramática. Los toques de queda nocturnos o las limitaciones de los viajes y desplazamientos son ahora la norma, sin que se tenga certeza de cuándo se recuperará la normalidad previa. Los efectos sobre la economía, sobre todo sobre los servicios, han sido y están siendo considerables. La vuelta a la normalidad parece depender de la incierta evolución de la crisis sanitaria, aunque sean numerosas las voces que auguran una llamada "nueva normalidad" distinta a la normalidad anterior.

Los cambios radicales no se han producido sólo en la vida ordinaria de las personas, sino también en la esencia de los mercados financieros. La actuación de los bancos centrales, principalmente BCE y Reserva Federal (Fed), ha provocado el establecimiento de los tipos de interés a largo plazo en mínimos históricostipos cero o negativos en los bonos soberanos europeos, y tipos muy por debajo del 1% en el Bono del Tesoro americano.

Cuando Draghi abandonó la presidencia del BCE, en octubre de 2019, mencionó que con anterioridad la gente se preguntaba cuándo iban a subir los tipos de interés, ahora, dicho hace un año, consideraba que los tipos iban a estar en niveles muy bajos para siempre. Su predicción, discutible hace un año, hoy se considera una certeza para los mercados financieros. Todos los tipos de los bonos soberanos de la Eurozona han caído a mínimos históricos, estando la gran mayoría de bonos con vencimiento hasta diez años con rentabilidad negativa.

La gran novedad de este año 2020 es la incorporación de EE.UU. a la situación de tipos de interés a largo plazo en niveles históricamente bajos. Los mensajes de la Fed auguran un mantenimiento de estos niveles de tipos durante un prolongado periodo de tiempo.

El apoyo de los bancos centrales inyectando liquidez y adquiriendo bonos parece garantizado durante un largo periodo de tiempo. El convencimiento general de dicho mensaje tiene relevantes consecuencias. Por un lado, hace años la actuación de los bancos centrales permitía que las necesarias reformas estructurales en las economías se realizaran de forma espaciada en el tiempo. Ahora, la ayuda permanente de los bancos centrales sirve como excusa para no acometer dichas reformas. La financiación de la deuda pública se da por garantizada.

 

En segundo lugar, la "normalización" de los tipos de largo plazo en niveles cercanos a cero y la abundante liquidez, distorsionan la valoración de todo tipo de activos, entre ellos la bolsa. La evolución de las bolsas ha dejado de depender básicamente de los beneficios empresariales, siendo ahora determinante el volumen de liquidez disponible. La evolución del índice bursátil global (MSCI World Index) claramente se ve influenciado por el volumen de oferta monetaria global (liquidez).

Si durante este año 2020, el tamaño de los cuatro principales bancos centrales ha aumentado en algo más de 10 billones de dólares, se espera que, durante 2021 y 2022, la liquidez siga incrementándose, aunque a menor ritmo.

 

 

 

A pesar del convencimiento general del mantenimiento casi permanente de los tipos de interés en los niveles actuales, hay que recordar que no son tipos de interés fijados libremente entre la oferta y la demanda, sino que están totalmente intervenidos por los bancos centrales. En EE.UU. con un banco central (Fed), un único Tesoro y un único Gobierno federal es factible que siga con la misma política durante un largo periodo de tiempo. En la Eurozona con un banco central (BCE), 19 tesoros y 19 gobiernos con elecciones periódicas, es mucho más difícil que no surjan elevadas tensiones en el futuro sobre la continuidad de la política monetaria actual. De momento, el respaldo de los bancos centrales parece garantizado.


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