Ómicron y otras posibles causas de la corrección bursátil

por Juan Carlos Ureta
29 noviembre 2021

La aparición de una nueva variante del Covid, bautizada como "Ómicron", ha tenido la virtualidad de transformar una sesión tradicionalmente alcista en las Bolsas, como es la siguiente al Día de Acción de Gracias, en una de las peores jornadas del año, con recortes que van desde el 2,3% que cayó el S&P hasta el 5% que se dejó nuestro Ibex en la sesión de cierre semanal del pasado viernes.

Las caídas fueron superiores en el caso de las empresas vinculadas a la reapertura de la economía (reopening stocks), como IAG que se dejó un 15,6% en la sesión, Santander que se dejó un 8,9% o Aena, con una caída del 8,77% y hubo incluso subidas en las compañías favorecidas por las restricciones a la movilidad (stay at home stocks) como Zoom Video (+5,7% el viernes), Peloton (también +5,7% en la jornada) o Netflix (+1,12% en el día). Por no hablar de la especialista en vacunas Moderna, que se anotó una impresionante subida del 20,5% en la sesión.

Es lógico que las fuertes ventas del pasado viernes se vinculen con la aparición de la nueva variante del virus, porque además la caída se inició en la sesión asiática, en plena madrugada de jueves a viernes, nada más conocerse que había sido descubierta una nueva variante en Sudáfrica. Pero como decíamos la semana pasada, hay otros factores que a nuestro juicio han pesado y que son los que realmente están detrás de la corrección del viernes.

Un primer factor es el elevadísimo nivel al que han llegado las cotizaciones, sobre todo en EE.UU. Como decíamos en nuestro anterior comentario, los actuales niveles del S&P están muy por encima de las estimaciones más optimistas que se hacían a principio de año. Recordemos que esas estimaciones optimistas situaban al S&P en 4.400 puntos a fin del 2021 y antes de la caída del viernes el S&P estaba por encima de los 4.700 puntos. Las Bolsas han descontado un escenario "perfecto" (priced for perfection) y cualquier mínima duda sobre ese escenario las hace tambalearse. Citábamos la semana pasada algunos casos de compañías, como Oatly o Beyond Meat, en las que la decepción sobre los beneficios o las ventas ha provocado caídas del 15%, 20% o hasta del 30%. Esta semana hemos vuelto a ver, por ejemplo, el desplome del 20% en Gap, al no gustar las cifras presentadas.

Lo que pasó el viernes en el conjunto de la Bolsa es algo similar. Las Bolsas estaban demasiado confiadas, parecía que podían superar todos los obstáculos, y ese es el mejor caldo de cultivo para las correcciones. El miércoles, en la jornada previa a la festividad, tanto el S&P como el Nasdaq cerraron en positivo, y parecían encaminarse claramente hacia el rally de Navidad. Los riesgos no se valoran en absoluto, al revés se quiere siempre ir más allá, como lo demuestra la gestora Cathie Wood, icono del mercado alcista post Covid, al querer lanzar ahora una nueva línea aún más agresiva, a la que llama "Ark con esteroides". En ese contexto, el viernes apareció algo inesperado y como no había margen de error porque no se había previsto otro escenario que no fuera el óptimo, hubo caídas fuertes.

Un segundo factor que explica la brusquedad de la caída del viernes, es que, como decíamos al finalizar nuestro comentario anterior, los peligros que inquietaron a las Bolsas hace dos meses, y que provocaron un descenso mensual del S&P del 4,8% en septiembre no se han resuelto, siguen estando ahí. La inflación no ha desaparecido, sino que ha ido a más y tiene pinta de ser algo más estructural de lo que la Fed y los restantes Bancos Centrales imaginaban. De hecho, Corea del Sur subió los tipos de intervención la semana pasada tras haberlo hecho antes Noruega y Nueva Zelanda. Los cuellos de botella en los suministros tampoco se han resuelto, aunque parece que van camino de resolverse. La crisis energética es tan grave que ha obligado a dar marcha atrás en lo que a energía nuclear y gas se refiere y los desajustes en los mercados laborales son cada vez más evidentes.

Sobre ese escenario de fondo hay que proyectar la aparición de la variante "Ómicron" y su impacto en las Bolsas, a la hora de intentar analizar el alcance de la corrección. Hemos visto ya michos amagos de corrección a lo largo del año que luego han quedado en nada, y este podría ser perfectamente uno más. Hay que recordar que la variante delta aparecida a principios de año llegó a inquietar mucho en algunos momentos a los inversores, pero al final fue muy bien absorbida por las Bolsas. La diferencia es que esta vez las Bolsas parten de muy arriba y además los elementos de inquietud lejos de ir a menos van a más.

Si miramos la economía, se está confirmando una cierta desaceleración del crecimiento que la variante "Ómicron" podría empeorar. La semana pasada hemos conocido la segunda lectura del PIB americano del tercer trimestre, con una ligera subida de una décima sobre la primera estimación, pero manteniéndose en un 2,1%, muy por debajo del crecimiento de los dos primeros trimestres. En el lado de la inflación también ha habido malas noticias, ya que el pasado miércoles se publicó el deflactor de gatos personales de octubre (PCE deflactor), que subió a 0,6% tras la subida del 0,4% en septiembre, quedando en un 5% anual. Es una subida que complica sin duda las cosas a la Fed.

Los datos económicos por tanto no son muy positivos, y no parece que puedan servir de relevo a los magníficos resultados empresariales del tercer trimestre que han apoyado la subida en octubre y noviembre. A nivel de análisis técnico, el S&P no ha podido superar los 4.700 puntos y por abajo se enfrenta a un primer soporte en los 4.527 puntos, que es la media móvil de las últimas cincuenta sesiones, siendo el siguiente nivel a vigilar los 4.289 puntos que es la media móvil de las últimas doscientas sesiones. En realidad, aunque el S&P corrigiese hasta los 4.300 puntos, tan solo estaría volviendo a los niveles a los que estaba a principios de octubre. Lo cual no es nada grave y no llegaría ni siquiera a ser una corrección del 10%.

A falta de dos sesiones para finalizar el mes, noviembre podría ser el tercer mes del año en el que el S&P no suba. Desde el pasado noviembre, cuando las Bolsas se dispararon al alza al aprobarse las primeras vacunas, el S&P ha subido diez meses de los últimos doce, una racha alcista que tiene muy pocos precedentes históricos y que es bastante sorprendente, ya que se produce en una economía que no se ha recuperado totalmente de los confinamientos y que sufre la triple amenaza de una inflación que no parece pasajera, unas cadenas de suministro rotas y una crisis energética difícil de resolver a corto plazo.

Cabe esperar que las Bolsas, sobre todo las americanas, entren en una fase lateral, incluso ligeramente bajista, alrededor de las noticias sobre el "Ómicron" que vengan de la industria farmacéutica. Los datos económicos también pueden influir y, en ese sentido, esta semana se publican varios ISMs de noviembre, entre ellos los de manufacturas y servicios de Europa y EE.UU., y, asimismo, el próximo viernes, el siempre importante informe de empleo americano de noviembre.

Todo puede suceder, incluso un fuerte rebote, ya que las Bolsas tienen un soporte muy sólido mientras no cambien las políticas monetarias ultra expansivas de los grandes Bancos Centrales (Fed, BCE...) y hoy por hoy es casi imposible que cambien. Pero parece que la enorme complacencia que han vivido los mercados de riesgo, y sobre todo las Bolsas americanas y algunas europeas, puede estar dando paso a las dudas y si esto es así el rally de Navidad podría estar en peligro.


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