Otro máximo histórico, el noveno consecutivo

por Arturo Frei
11 febrero 2021

Hace más de un mes, terminamos el año más “cambia vidas” de las últimas décadas, tanto desde los planos personales como colectivos, donde la tecnología y la salud jugaron roles de especial preponderancia. También el modelo social y económico dio un salto cuántico en lo que se refiere a intervención centralizada el año 2020, y este 2021 vemos que se mantendrá, sin expectativas aún concretas de un camino de normalización monetaria y presupuestaria. Esto nos lleva en un camino de ida pero en un camino de regreso que nadie podría anticipar.

¿Cómo nos explicamos a través de la lógica unos mercados en máximos históricos y al mismo tiempo la necesidad de intervención y apoyo artificial de los mismos, complementado a niveles de deuda históricos para bloques económicos y empresas? ¿Cómo explicarse que con un mayor nivel de riesgos y mayor endeudamiento, el precio del dinero a través de la tasa de interés, se encuentre reflejando justamente lo contrario?

El año 2020 sin duda que fue el año para las manos fuertes como se les suele llamar en el mercado, aquellos que estuvieron dispuestos a soportar íntegramente la caída y recuperación más rápida de la historia, aún con el índice de referencia de Estados Unidos de las 500 empresas de mayor capitalización bursátil perdiendo aproximadamente un tercio de su valor.

El comienzo del año 2021, hemos visto mayor regularidad y continuidad de la tendencia alcista del año pasado. Si bien no hemos cumplido siquiera dos meses, hasta el momento no se han presentado eventos de volatilidad aún y el mal de altura no se ha manifestado ni en los grandes ni en los pequeños inversionistas. Considerando el vértigo que puede suponer el ir rompiendo máximos consecutivamente, y de paso descontando un futuro esplendor no tan fácil de visualizar, es relevante a nuestro juicio analizar los fundamentos monetarios como de múltiplos, ya que los máximos históricos difieren del espíritu en general de las intervenciones que hemos venido comentando, las cuales se justifican bajo un entorno de crisis económica en el sector real, el que se ha intensificado prácticamente al extremo por los efectos de las restricciones sanitarias. Así mismo, no debemos olvidar que el modelo de crecimiento en base a deuda y manipulación de los mercados financieros, es algo que comenzó el 2008 con la crisis hipotecaria en Estados Unidos y que no se pudo dar pie atrás, frente a amenazantes caídas de las bolsas en 2018, cuando se anticipaba que el retorno a la normalidad podría venir con Jerome Powell.

Si bien en el neto y sin considerar la incertidumbre y la volatilidad antes mencionada, la renta variable ha seguido siendo la mejor alternativa de inversión, principalmente por las intervenciones fiscales y monetarias, y su mayor atractivo relativo de las acciones respecto de los bonos. Además, las tasas a casi cero o incluso negativas, pueden llevar teóricamente los precios de los activos al infinito, lo que sabemos que es imposible y por ende debemos considerar las amenazas que existe en este modelo bursátil, donde anticipar las decisiones de los organismos centralizados se vuelve más relevante que los beneficios empresariales y la actividad empresarial tradicional.


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