Patacones italianos

por Jesús Sánchez Quiñones
08 junio 2018

Una vez formado el nuevo gobierno italiano, tras el veto del presidente de la República al nombramiento de un ministro de economía euroescéptico, conviene centrar los riesgos de la situación italiana y su influencia en los mercados financieros.

El riesgo a un eventual referéndum sobre la permanencia de Italia en la moneda única, como el realizado en Grecia en 2015, es prácticamente inexistente. La propia constitución italiana prohíbe celebrar referéndums sobre asuntos regulados por tratados internacionales suscritos por Italia. Para poder celebrar uno sobre el euro, sería necesario modificar previamente la constitución.

El riesgo no reside en acciones del nuevo gobierno encaminadas a salir del euro, sino en medidas que deterioren las finanzas públicas italianas y provoquen una colisión con la Comisión Europea. El coste de las medidas de incremento de gasto público y de reducción de impuestos anunciadas antes de la formación del gobierno asciende a 125 mil millones de euros, equivalente a casi 6 puntos porcentuales del PIB.

Las dos medidas estrellas son la implantación de un IRPF de tipo único del 15%, que supondría un coste estimado de 50 mil millones de euros, y la introducción de una Renta Básica Universal con un coste de 17 mil millones de euros. Otras medidas anunciadas de aumento de gasto son la derogación de la reforma de las pensiones, un plan de inversión pública o la mejora de las ayudas a las familias.

La situación de partida de las finanzas públicas italianas presenta un déficit público en 2017 de 36.000 millones, equivalente al 2,3% del PIB, pero con un superávit primario (sin contar intereses). La gran losa de Italia es su elevadísimo nivel de deuda pública sobre el PIB: 132%. Las tensiones entre el nuevo gobierno italiano y Bruselas vendrán, sobre todo, por el posible incumplimiento de la disciplina fiscal exigida.

Pese a todo lo anterior, el riesgo más relevante que haría disparar todas las alarmas, es el anuncio de emitir "mini-BOT" para financiar todo el aumento de gastos anunciado. La Letra del Tesoro italiana se la conoce como el BOT. El mini-BOT sería un instrumento de deuda del gobierno, en papel, con tipo de interés cero y sin vencimientoTiene todas las características de una ICO (Initial Coin Offering). El gobierno lo utilizaría para pagar beneficios y ayudas sociales y quién sabe si a proveedores. Serviría para pagar impuestos, una de las características básicas del dinero oficial. Las empresas privadas no estarían obligadas a aceptarlos como medio de pago, pero podrían hacerlo.

Enseguida se establecería un mercado entre las personas que reciben mini-BOT y quieren canjearlos por euros, aunque sufrirían un recorte sobre el nominal y los particulares y las empresas que podrían comprarlos para pagar sus impuestos siempre que tuvieran un descuento.

La aprobación de este instrumento sería una forma subrepticia de crear una moneda paralela distinta del euro, aunque el euro fuera, de hecho, la única moneda de curso legal. La historia enseña que cuando dos monedas coexisten, la moneda "mala" expulsa a la buena de la circulación. Todo el mundo pretende desprenderse de la moneda mala y guarda la buena.

 

 

La idea no es nueva. En 2001 la provincia de Buenos Aires emitió "patacones" en forma de billetes con una autodescripción impresa muy explícita: "Letra de Tesorería para cancelación de obligaciones". Acabaron por no tener ningún valor. 

Por supuesto Italia no se parece en nada a la Argentina de 2001. En cualquier caso, el experimento de crear una seudomoneda paralela al euro puede acarrear consecuencias imprevisibles para el futuro de la Eurozona. El mayor riesgo actual de la situación italiana es la emisión de los "mini-BOTs". Atentos a los acontecimientos.


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