Renta Fija: la más variable de las rentas

por Jesús Sánchez Quiñones
17 junio 2022

 

Tradicionalmente se ha entendido la renta fija, es decir, la inversión en bonos, como la parte más segura de una cartera, en contraposición de la inversión en renta variable o acciones cotizadas.

Dentro de las inversiones en activos de renta fija, los bonos emitidos por el Estado se consideran la inversión más segura de todas, calificándose como el "activo libre de riesgo". De hecho, en la propia normativa bancaria la inversión que los bancos realizan en bonos del Estado se considera que no tiene ningún riesgo para la solvencia del banco. Los bonos del Estado son la única inversión que pueden realizar los bancos sin prácticamente limitaciones. Se les otorga un riesgo CERO.

Pues bien, es entendible la sorpresa, o incluso estupefacción, de los inversores cuando observan las fortísimas caídas de este año en la valoración de sus activos de renta fija, mantenidos directamente o a través de fondos de inversión.  

 

 

 

El bono del Tesoro español a 10 años ha perdido casi un 20% de su valor desde principio de año. El bono a 5 años se ha depreciado un 12,1% y el bono a sólo 2 años un 4,2%. Esta caída en el precio de los bonos se debe a la subida de los tipos de interés exigidos por los inversores en cada uno de los plazos. Así, el tipo de interés de los bonos a 10 años ha pasado del 0,57% al 3,12% y el de 2 años, que era negativo a fin de 2021 ha alcanzado el 1,71%. El precio de los bonos baja cuando suben los tipos de interés. De igual modo, el precio de los bonos sube cuando bajan los tipos de interés.

 

El equívoco con la definición de renta fija reside en que sólo es fija la rentabilidad proporcionada por el cupón periódico que pagan los bonos, pero no la valoración diaria de los bonos. Cuando alguien invierte en un bono en el momento de su emisión y lo mantiene hasta su vencimiento, recibe cada año el cupón fijado en el momento de la emisión y al vencimiento el nominal del bono, salvo que la empresa haya quebrado. No obstante, dichos bonos tienen una valoración diaria y pueden ser comprados y vendidos en mercados secundarios.

Cada bono se emite a un plazo determinado y con un cupón o rentabilidad fijado en el momento de su emisión. Al valorarse diariamente, el precio al que los inversores estarán dispuestos a comprar un bono fluctuará en función del tipo de interés que en cada momento exijan los inversores a bonos de similares características.

De forma sencilla, si un bono A se ha emitido con un nominal de 1.000 y un cupón del 5%, generará cupones de 50 ¤ cada año. Si ahora el tipo de interés de un nuevo bono de características similares ofrece una rentabilidad del 6%, la valoración del bono A descenderá hasta 833, cantidad que hace que su cupón (50 ¤) ofrezca un 6% de rentabilidad, lo que supone una caída del 16,7%. Por el contrario, si los tipos exigidos por los inversores se reducen del 5% al 4%, el bono A tendrá una valoración de 1.250, cantidad que hace que su cupón (50¤) ofrezca una rentabilidad del 4%. Con la subida de un 1% en la rentabilidad exigida el precio del bono se depreciaría un 16,7%, mientras que la caída de un 1% en la rentabilidad exigida proporciona una subida en la valoración del bono del 25%.

 

Los fondos de inversión proporcionan liquidez diaria a sus partícipes. Para ello, se ha de valorar diariamente cada uno de los activos que componen la cartera del fondo. Así, no pueden escapar de la enorme volatilidad en la valoración de los bonos mantenidos en cartera, incluso aunque ninguno de dichos bonos corra riesgo de impago a vencimiento por parte del emisor.

La política desarrollada por el BCE en la última década ha hecho desaparecer la rentabilidad del activo sin riesgo y fuerza a los ahorradores a convertirse en inversores y asumir riesgos si desean lograr rentabilidad financiera de sus inversiones.

 


Compartir en: