Resultados empresariales, guerra comercial y 'soft landing'

por Juan Carlos Ureta
28 enero 2019

Aunque con distintas percepciones y sensibilidades, la música de fondo dominante en el Foro de Davoscelebrado esta última semana ha sido la de la desaceleración global. Una música muy distinta a la que sonaba en ese mismo Foro hace un año, cuando se hablaba de "crecimiento global sincronizado". Precisamente estos días, coincidiendo con el Foro, el FMI, que el año pasado pronosticaba un crecimiento global cercano al 4% ha rebajado su estimación para este año al 3,5% y Mario Draghi ha manifestado con toda claridad, tras la reunión del BCE del pasado jueves, que la economía de la zona euro tiene riesgos a la baja, asegurando que el BCE dispone de herramientas para actuar (algunos lo ponen en duda) y que las utilizará si es necesario.

De momento el consenso es que no habrá recesión sino más bien un aterrizaje suave (soft landing) que lleve a la economía desde su pico de crecimiento del primer trimestre de 2018, el ya mencionado casi cuatro por ciento, hacia niveles más "normalizados" de un dos y medio o tres por ciento. Pero la realidad es que es bastante probable, como decíamos en nuestro anterior comentario, que varias economías importantes, Japón e Italia incluidas, hayan entrado en recesión en el cuarto trimestre, y que otras como la alemana la hayan bordeado. El pasado lunes supimos que China ha crecido un 6,6% en 2018, una cifra que en Europa o Estados Unidos sería envidiable pero que para China supone el menor ritmo de crecimiento de los últimos veintiocho años, es decir, desde 1990. El miércoles, Japón anunció que en diciembre sus exportaciones han caído al mayor ritmo de los últimos dos años, y el Banco de Japón decía, tras su reunión, que la inflación sigue sin despegar, pese a la famosa expansión monetaria "cualitativa y cuantitativa" (QQE, quantitative and qualitative easing) lanzada por Kuroda y Abe en abril de 2013.

Es normal que con esa desaceleración de fondo los mercados hayan frenado el ritmo de las subidas de las dos semanas previas. Las Bolsas han estado tranquilas, en línea con lo que anticipábamos al terminar nuestro comentario de la semana pasada, y se hayan conformado o bien con empatar (Dow Jones y Nasdaq +0,1% en la semana, S&P -0,2%) o bien con subir ligeramente (Eurostoxx +0,9%, Dax +0,7%, Nikkei +0,5%, nuestro Ibex y el MSCI de emergentes un poco más, el 1,3%). Pero es llamativo, como decíamos la semana pasada, y requiere una cierta reflexión, el hecho de que los inversores sigan recibiendo con júbilo los mensajes de los banqueros centrales prometiendo nuevas ayudas, tal y como lo hicieron el jueves pasado tras las palabras de Draghi diciendo que el BCE está listo para actuar en el caso de que sea necesario. Aunque disponer de más dinero barato siempre suena bien, lo cierto es que no es realmente lo que tocaría en este momento, sobre todo cuando la Fed había marcado ya la hoja de ruta del desmantelamiento de las políticas monetarias no convencionales. Unas políticas que fueron diseñadas, correctamente, para evitar la Gran Depresión, pero que, por eso mismo, se pensaron para ser transitorias y excepcionales, no para prolongarse sin límite en el tiempo.

Es pronto para saber si los banqueros centrales están pensando solo en "ordenar" el proceso de ajuste de la economía y de los mercados, o si por el contrario creen realmente que pueden evitar los ciclos y que pueden seguir impulsando el crecimiento a base de más dinero barato. El tiempo dirá si la dirección va en un sentido o en otro, pero en nuestra opinión sería un grave error no dejar funcionar al mercado, y llevaría a problemas mucho mayores que los que se tratan de evitar. Tal vez, con dudas, Japón se pueda permitir caer en la "trampa del estímulo perpetuo" pero las demás economías desde luego no, en nuestra modesta opinión. 

Este miércoles vamos a tener una nueva oportunidad de ver por dónde va la Fed. No se espera ninguna decisión sobre tipos (recordemos que la subida de hace un año desató el mini crash bursátil de febrero) pero Powell habla tras la reunión y hay máxima expectación en saber si va a optar por la línea "dura" del 19 de diciembre, que provocó el desplome de las Bolsas del 21 y 24 de diciembre o si por el contrario insistirá en la línea "blanda" de su discurso de Atlanta el viernes 4 de enero, que fue uno de los detonantes del rally bursátil de este mes de enero. 

Otro de los detonantes del actual rally fue el informe de empleo americano de diciembre, con una fortísima creación de puestos de trabajo. El próximo viernes se publica el informe de enero que nos dirá si en enero ha continuado esa fuerte creación de empleo, o se ha visto afectada por el cierre parcial (shutdown) de la Administración americana. Hay, en principio, otros datos sobre la economía americana como los ISM o el dato preliminar de crecimiento del PIB en el cuarto trimestre, pero hay dudas de si se van a publicar o no, por el ya mencionado cierre parcial de los servicios administrativos en EE.UU.

Otro frente relevante de las Bolsas son los resultados empresariales, que están siendo, por el momento, más buenos que malos, aunque hemos visto cómo a veces unos buenos resultados se reciben mal, como le pasó la semana pasada a Johnson & Johnson. Lo contrario que a Procter & Gamble, el otro gigante del consumo, que subió con fuerza tras presentar sus cifras. Algo más del 70% de las compañías americanas que han reportado sus cifras hasta la fecha, han batido las expectativas de beneficios, pero solo el 58% han superado las estimaciones de ingresos, una señal que no gusta a los inversores al anticipar un escenario peor. En el sector financiero, de las entidades americanas que han reportado algo más de la mitad ha defraudado en ingresos, pero solo una cuarta parte no ha cumplido con las expectativas de beneficios.


Esta semana viene muy cargada de resultados tanto en EE.UU. como en Europa y Asia, con nombres como Exxon, Boeing, MC Donalds, Unilever, LVMH, o Santander por citar solo algunos. Pero donde realmente se van a concentrar las miradas, a nuestro juicio, es en las cuentas de Apple, Amazon, Facebook y Microsoft. Las tecnológicas han llevado claramente el liderazgo del espectacular "rally" bursátil de los últimos años, y más aún el 2017 y 2018 hasta septiembre y, sin duda, cualquier escenario de continuidad en este "rally" solo sería posible con el acompañamiento de las tecnológicas. Tal vez sea una señal engañosa, pero en la sesión de cierre semanal del pasado viernes las grandes tecnológicas volvieron a retomar el liderazgo de las subidas, con Apple subiendo un 3,3% en la sesión, Netflix un 3,5%, Facebook un 2,2%, y Microsoft y Amazon un 0,9%. Estas subidas son más llamativas si tenemos en cuenta que otra gran tecnológica, Intel, dio precisamente el viernes sus cifras del cuarto trimestre batiendo las estimaciones, pero con los ingresos casi estancados (+1%) lo que le llevó a caer un 5,5% al cierre de la sesión, habiendo llegado a perder en algunos momentos hasta un 7%. Y eso pese a que el sector de semiconductores se había disparado el jueves tras varios buenos anuncios de resultados de compañías.

Además de la Fed, del informe de empleo y de los numerosos resultados empresariales, la última semana de enero también viene llena de expectación en lo político. Trump sigue acosado por la investigación del fiscal Robert Mueller y, tal vez por eso, va apagando otros fuegos. De momento ha llegado a un acuerdo para reabrir la Administración poniendo fin al "shutdown". No cabe duda de que le vendría fenomenal llegar, como sea, a un acuerdo con China, pero las conversaciones se prolongan, en medio de informaciones confusas sobre si progresan o no. El jueves Wilbur Ross dijo que el acuerdo está muy lejos pero el viernes el Secretario del Tesoro, Mnuchin, dijo que todo iba avanzando. 

En un calco casi exacto de la semana anterior, el viernes las Bolsas americanas terminaron la sesión muy animadas por los comentarios de Mnuchin sobre los posibles acuerdos con China. Es extremadamente difícil hacer pronósticos ante un fin de mes tan lleno de datos, pero el apoyo a las Bolsas es máximo tras el fiasco de diciembre, y el deseo de Trump de exhibir éxitos para salir de sus problemas con Mueller también. 


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