Sanciones boomerang

por Jesús Sánchez Quiñones
22 abril 2022

 

Durante el mes de marzo, China ha duplicado la importación de carbón ruso, comparado con el mismo mes del año anterior. Además, ha manifestado que seguirá fortaleciendo sus lazos comerciales con Rusia, a pesar de la guerra de Ucrania. India está adquiriendo petróleo ruso con notables descuentos y pago en rupias indias. Otros países relevantes como Brasil, México, Arabia Saudita o Sudáfrica siguen comerciando con Rusia, a pesar de las limitaciones impuestas al sistema financiero ruso. Si las sanciones aplicadas por Occidente pretendían aislar comercialmente a Rusiael éxito es muy cuestionable.

Los países que han impuesto sanciones a Rusia son 52, entre ellos todos los miembros de la Unión Europea, Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y Japón. Aun así, 143 países se mantienen al margen de las sanciones. Dentro de este segundo grupo se encuentran China, Indiatodos los países africanos, incluido Sudáfrica y todos los países latinoamericanos, incluido Brasil.

 

 

Incluso los países sancionadoresno han impuesto un embargo comercial total con Rusia, sino de forma selectiva a determinados productos, empresas y personas. A diferencia de las sanciones a Irán en su día, que pretendían lograr el aislamiento comercial total de la República Islámica, ahora parece casi imposible imponer sanciones "secundarias" a los países que comercien con Rusia. Hacerlo supondría dividir el mundo en dos y abocar a la economía mundial a una espiral inflacionista y a un derrumbe del crecimiento económico. Muchos países, como los africanos o Brasil, no pueden renunciar al comercio agrícola y de fertilizantes con Rusia sin sufrir serios riesgos de hambrunas y revueltas internas (leer).

En esta situación, poner vetos desde la UE a determinados productos rusos provoca una subida de los precios de dichos productos para los ciudadanos y empresas europeas. También ocasiona una redistribución del comercio mundial de cada uno de estos productos con encarecimiento de los precios.

Pongamos el ejemplo del petróleo. Si finalmente la UE decide vetar las importaciones de petróleo ruso, a lo que se opone el gobierno húngaro, los países de la UE tendrían que adquirir el petróleo a otros exportadores. La OPEP ha advertido que no es capaz de bombear suficiente petróleo para sustituir el crudo ruso. Por lo tanto, los países de la UE tendrían que competir con otros países importadores de petróleo pagando precios sensiblemente más elevados ante el descenso de la oferta global de petróleo. JP Morgan estima que en caso de producirse el veto al petróleo ruso, el precio del crudo podría alcanzar los $185 el barril, frente a los $104 actuales.

Por su parte, Rusia desviaría el destino de sus exportaciones hasta ahora dirigidas a Europa a otros mercados como China o India en divisa distinta del dólar o del euro, con ciertos descuentos sobre los precios de mercado.

Para Rusia, la sustitución de unos países importadores de sus productos y materias primas por otros no es inmediata. La logística puede ser complicada en función del producto o de la materia prima de que se trate. Cuanto más fácil pueda ser transportado el producto, más rápido será el cambio a otros compradores. Así, en el caso del gas, la sustitución de los compradores europeos por otros compradores llevará su tiempo. El gas viaja mal. Un gaseoducto de miles de kilómetros de longitud no se construye en pocos meses.

Para Europa, la sustitución de Rusia por otros proveedores de productos y materias primas supone, en el mejor de los casos, un incremento de los costes, con riesgo de no lograr en un periodo razonable de tiempo un proveedor sustitutivo para toda la cantidad importada. Este efecto es visible en importaciones como los fertilizantes o el paladio.

Las empresas industriales alemanas han advertido de la catástrofe en términos de crecimiento y de empleo que supondría el veto a las importaciones de gas ruso. Muchas industrias han de mantener sus hornos encendidos de forma permanente. Las industrias no se encienden y se apagan como un interruptor de la luz. El racionamiento del suministro en algunas industrias supondría su paralización permanente. A corto plazo no existe energía alternativa, ni proveedor alternativo de gas. La solución de sustituir el gas ruso por gas LNG (Gas Natural Licuado) estadounidense supone un mayor coste, es sólo parcial y presenta sus propios problemas a comentar en un próximo artículo.

En 2014, tras la anexión de Crimea los países occidentales impusieron sanciones a Rusia. Entonces, EE.UU. y Arabia Saudita, a continuación, incrementaron notablemente su producción de petróleo, inundando el mercado de crudo. Como resultado de ello, el precio del petróleo pasó de $109 en junio de 2014 a $44 en enero de 2015. Debido a esta caída del precio del petróleo, la economía rusa entró en recesión por primera vez desde que Putin es presidente. Se consiguió dañar la economía rusa a través del incremento de la producción de petróleo, consiguiendo bajar el precio del crudo y, por tanto, los ingresos rusos por sus exportaciones energéticas.

Cualquier persona de bien desea que finalice cuanto antes la actual guerra de Ucrania. Sin embargo, las actuales sanciones van camino de empobrecer al conjunto de la población de la Unión Europea, añadiendo más inflación, menos crecimiento (o recesión) y riesgo de disponibilidad energéticasin que se logre el pretendido objetivo de las sanciones sobre Rusia.

Artículo escrito por Jesús Sánchez-Quiñones, director general de Renta 4 Banco.

 


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