Tiempos de burbuja: ¿Dónde buscar la aguja?

por Arturo Frei
14 abril 2021

Generar dinero no es lo mismo que generar riqueza. Esto es muy importante de entender por las consecuencias que tiene para la sociedad. Al generar dinero para luego generar riqueza, se cae en la predecible trampa de que los mismos bienes sean perseguidos por más papel emitido de la nada y por ende se producirá escasez, en algún momento subirán los precios, y si por alguna razón, como ahora la del confinamiento, el consumo no aumenta tanto con la ingente liquidez, los precios de los activos como los inmuebles o los mercados financieros lo hacen de todas maneras porque el fenómeno monetario de la inflación sigue estando ahí, lo cual permite que el despilfarro y la fiesta en base a estímulos se mantenga por más tiempo, haciendo que el mal de altura sea cada vez mayor.

En resumen, crear dinero de la nada siempre será un fenómeno inflacionario, aunque por el momento solamente se vea en el mercado de activos y no tanto en el de bienes y servicios. En principio, las personas e instituciones no parecen tan preocupadas por el alza de los inmuebles o del precio de sus acciones, sin embargo cuando lo comienza a hacer el costo de vida el escenario cambia.

La situación actual donde las políticas fiscales de gasto traducido en déficit y deuda, financiada por emisión monetaria a través de los bancos centrales, y tasas que no representan el valor que realmente tiene el capital, terminan por hacer creer y a caer en el sin sentido de considerar el capital como algo negativo y que incluso su acumulación genera costos económicos, llevando las tasas en Europa y en algún momento en Japón bajo cero.

Toda esta distorsión en la oferta de dinero repercute cómo comentábamos en la demanda de bienes, servicios y todo tipo de activos. Se alarga la estructura productiva con el dinero barato, generando la falsa sensación de ahorro suficientes que respaldarían el consumo futuro, y por ende esa necesidad de complejizar la estructura de la economía con el fin de hacerla más productiva. Sin embargo, y una vez más en lo que a planificación centralizada se refiere, termina descapitalizándose porque no existen los ahorros suficientes para terminar los proyectos si llega a encarecerse el precio del dinero, es decir si la FED se ve en la obligación de subir las tasas de interés.

La situación antes descrita podría venir con el repunte del crecimiento, basado justamente en deuda (apalancamiento), y luego de la inflación, obligando a mover la clavija del balance de la FED o de la tasa de interés. Esto podría desencadenar una fuerte ola de ventas considerando que la estructura actual de inversiones tiende a un fuerte apalancamiento y a una inversión pasiva a través de ETFs, los cuales al estar indexados y los índices cada vez más concentrados en las grandes tecnológicas, terminan sin cumplir a cabalidad ese rol tan atractivo como producto que facilita la diversificación.

En este momento, a nuestro juicio en varias clases de activos nos encontramos en niveles de burbuja, en el sentido que los precios se alejan significativamente de sus promedios de 200 días y en paralelo, de las valoraciones tradicionales y lógicas respecto de la relación de los precios. Por ejemplo, los salarios en el caso de los inmuebles, las utilidades de las empresas en el caso de las acciones, o los niveles de endeudamiento tanto de los países como de los hogares y su posibilidad real de no tener que repactar constantemente la deuda (rollover).

En la época de burbuja, se produce un aumento generalizado de los precios, y en especial los sectores más especulativos, debido a que se han mantenido empresas zombies que al no quebrar y transparentar su situación, tampoco han permitido liberar recursos hacia otras industrias o empresas, y permitir que los precios caigan y se ajusten a su nueva realidad. Así, los precios tanto de los bienes finales como de los factores productivos se mantienen artificialmente altos y los proyectos deben competir por recursos humanos y materiales cada vez más caros por la alta demanda, produciéndose escasez e inflación.

El precio, que debe cumplir su rol de transparentar donde está la escasez, mediante alzas o bajas, es distorsionado a haciendo parecer como que la demanda es prácticamente infinita en todos los sectores de la economía y que existen ahorros suficientes, cuando sabemos que es fundamentalmente por los estimulos monetarios directos a los mercados financieros así como indirectos a través de los cheques entregados por el fisco que luego se traducen en inversiones en el mercado financiero.

Cuando los empresarios comienzan a ver que la realidad que proyectan no se condice del todo con el escenario actual de demanda, mantienen los recursos en los activos financieros de menor riesgo, con duraciones cortas y sin invertirlos en el mercado real, pero sin dejar de arriesgarlo, dada la represión financiera que vivimos en la actualidad, donde el capital no renta si no es con riesgo.

La inflación, que en los mercados de alta capitalización sucede primero con la subida de los precios de los activos y luego en los precios de consumo, que son subvencionados temporalmente por el financiamiento de las empresas en los mercados de capitales. En términos prácticos, este fenómeno monetario se produce porque ante la abundancia de dinero y expectativas in fundadas de crecimiento, se generan los incentivos para realizar proyectos para los cuales no existiría la demanda esperada, y por ende terminan vendiéndose muchas veces incluso bajo el costo de producción, por ejemplo en el caso de los inmuebles cuando las burbujas han reventado. Esto no es una simple transferencia del que vende hacia el que compra o una oportunidad, sino que una pérdida para la sociedad porque se utilizaron recursos en actividades que eran menos valoradas y por ende no se ha creado valor con la inversión, siempre entendiendo el valor como algo subjetivo juzgado justamente por el sujeto que compra o vende.

Actualmente nos encontramos en un entorno de precios de bienes y servicios cada vez más altos, producto de los quiebres de stock y de la alta demanda en todos los procesos productivos ante la ingente cantidad de dinero emitida, por lo que es probable que los precios no tengan una corrección ordenada sino que la burbuja está lo suficientemente inflada como para reventar.

¿Cuándo debiera pincharse la burbuja? Saberlo en términos de tiempo es imposible pero si podemos ver en estos momentos a la tasa del tesoro de 10 años como el principal indicador de una crisis. En realidad antes también habían otros indicadores como la inflación, la relación deuda/PIB, el déficit fiscal, las valoraciones en bolsa, por nombrar algunos, pero en la actualidad y entendiendo que los gobiernos y bancos centrales están dispuestos a llevar a extremos impensados sus experimentos, se puede concluir que estos indicadores serán distorsionados mediante la emisión y la deuda, y por ende debemos buscar más allá.