Una década de tipos cero

por Jesús Sánchez Quiñones
21 enero 2022

 

En demasiadas ocasiones las medidas temporales y extraordinarias acaban siendo casi consideradas permanentes. Ya han transcurrido más de diez años desde que el BCE situó los tipos de interés de referencia en el CERO por ciento. Posteriormente, en 2014 incluso se atrevió a romper la lógica económica al introducir tipos de interés negativos. Una década es un periodo de tiempo suficientemente amplio para sacar conclusiones sobre los efectos de dicha medida.

- Los tipos de interés cero, y luego negativos del BCE, han arrastrado a la baja los tipos de interés de la deuda pública y de los bonos de empresas con grado de inversión. Como consecuencia, la prima de riesgo exigible a este tipo de inversiones se ha minusvalorado. La generosa política de compra de bonos por parte del BCE es también responsable de este efecto. Así, España cuando tenía un nivel de deuda pública sobre el PIB del 70% en 2011 se financiaba al 3,9%. En 2021 con un nivel de deuda del 121% sorprendentemente se ha financiado al menos 0,03%. Es decir, ha conseguido emitir bonos a tipos negativos. Quien ha comprado dichos bonos sabe que al vencimiento de los bonos habrá recibido menos dinero del que invirtió.

- Esta facilidad de endeudamiento ha sido aprovechada por los estados de la Eurozona, entre ellos España, para financiar sus abultados déficits fiscales, sin que la carga de intereses de la deuda haya sido una preocupación. El gran problema es considerar que la actual situación de tipos de interés se mantendrá de forma indefinida. De no ser así, la carga de intereses puede acabar convirtiéndose en una losa.

- El crecimiento económico basado principalmente en un incremento de la deuda es un espejismo. Cada vez es necesaria una cantidad mayor de deuda para mantener dicho crecimiento.

 

 

- En los diez años transcurridos desde que el BCE situó los tipos de interés a cero, la deuda pública española ha crecido en 730 mil millones de euros, mientras que el PIB sólo se ha incrementado en algo menos de 150 mil millones de euros. Es decir, mientras que la deuda se ha duplicado en una década, el PIB apenas ha crecido del 15% en euros.

- En este periodo el BCE ha adquirido, y mantiene en su balance, 570 mil millones de euros. En otras palabras, ha adquirido bonos por una cantidad equivalente al 78% del total de deuda neta emitida por el Tesoro español durante estos diez años.

- Con la inflación en la Eurozona en niveles del 5% y con el retorno de la disciplina fiscal de los países miembros a partir de 2023, el futuro de la financiación de la deuda española se complica. Aunque el BCE no tenga intención de subir los tipos de interés durante un largo tiempo, será difícil que los "países frugales" de la Eurozona le permitan mantener el actual ritmo de compras de bonos. Recordar que en la última década el BCE ha adquirido casi en el 80% del total de emisión neta, y en los últimos años sus compras han llegado a alcanzar el 100% de la emisión neta. Adicionalmente, aunque pueda haber modificaciones en las reglas fiscales exigibles a partir del próximo año, inevitablemente supondrán una limitación a las cifras de déficit público.

Ahorrar supone renunciar a consumo actual por consumo futuro. Por el contrario, salvo que la deuda se destine a inversiones que aumenten la productividad de la economía, endeudarse supone traer al presente consumo futuro. El incremento de la deuda limita el crecimiento de los próximos años y es una gravosa herencia para las próximas generaciones.

En conclusión, la tranquilidad de países como España al considerar que año tras año es posible gastar más de lo que se ingresa porque la financiación de la deuda está garantizada, y además a tipos irrisorios, puede estar llegando a su fin. No parece que la Eurozona, ni España, hayan aprovechado adecuadamente este periodo de condiciones monetarias extraordinarias para sentar las bases de un mayor crecimiento económico futuro.

 


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