Una verdad incómoda

por Jesús Sánchez Quiñones
04 octubre 2019

El próximo lunes se celebrará el Día de la Educación Financiera. Es una iniciativa loable para transmitir la importancia del ahorro y la inversión a amplias capas de la población. Además de promover una educación financiera básica, las autoridades deberían ser transparentes respecto a la pensión que debe esperar cada español en el futuro en función de sus condiciones únicas y personales.

En el año 2011 se aprobó una ley por la que el Gobierno se comprometía a facilitar a cada ciudadano la información de cuál será su pensión futura prevista. Ocho años más tarde dicha obligación legal sigue sin cumplirse. Mantener a la población en la ignorancia sobre el importe previsible de su pensión futura tiene graves consecuencias que padecerán los ciudadanos cuando ya sea tarde para paliarlas.

El aumento de la tasa de dependencia (número de jubilados por cada trabajador en activo), el incremento de la esperanza de vida y la próxima jubilación de los "baby boomers" seguirán presionando al alza el gasto en pensiones. Inevitablemente forzará a que las pensiones sean menos generosas en el futuro. De acuerdo con la Comisión Europea, el importe de la pensión sobre el último salario (tasa de sustitución) que actualmente es del 78%se reducirá al 50% paulatinamente en las próximas tres décadas.

Nadie quiere ser el portador de malas noticias, pero mantener a la población en la ignorancia sobre el importe previsible de su pensión futura es una irresponsabilidad. Este tipo de comunicaciones indicando la pensión futura es habitual en los países de nuestro entorno. En Alemania se comunica todos los años a partir de los 27 años, en Francia desde los 25 a los 55 años, y en Italia anualmente desde la primera cotización.

Siendo conscientes de los ingresos futuros por jubilación, los ciudadanos podrán decidir, o no, ahorrar para no reducir drásticamente su nivel de vida una vez alcanzada la jubilación. Ahorrar supone renunciar a consumo actual por consumo futuro. Por lo tanto, supone un esfuerzo.

En un entorno en el que se exige máxima transparencia en todos los ámbitos, no es admisible que ésta no exista en algo tan fundamental como dar a conocer a cada español concreto qué esfuerzo de ahorro debería realizar para mantener el nivel de vida deseado en el futuro.

Uno de los primeros conceptos financieros básicos es la importancia del tiempo para generar un montante final de ahorro a través de aportaciones periódicas. Cuanto antes se comience a ahorrar, menor será el esfuerzo global a realizar para lograr mantener un determinado nivel de vida.

La feliz idea de cubrir el déficit de las pensiones actuales con mayores impuestos, que recaerán, de forma directa o indirecta, sobre los trabajadores en activo, supone un grave agravio generacional. Supone penalizar una generación con más impuestos, y por lo tanto menos capacidad de ahorro, a la vez que tienen garantizadas, inevitablemente, unas menores pensiones futuras comparadas con las actuales.

El problema de las pensiones sólo puede empeorar con el paso del tiempo. El ahorro complementario será cada vez más necesario. Esperemos que no tarde en comunicarse a cada trabajador la verdad incómoda de su previsible pensión futura.


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