Vender en corto no es un juego

por Jesús Sánchez Quiñones
29 enero 2021

Cuando un puñado de compañías cotizadas en bolsa suben más de un 1.000% en apenas tres semanas, para después caer más de un 60% durante una sesión, y todo ello sin que haya ninguna información sobre la evolución del negocio de la compañía que lo justifique, la desconfianza hacia el funcionamiento de dicho mercado es comprensible.

Este tipo de oscilaciones han tenido lugar en algunos valores estadounidenses como GAMESTOP o AMC, entre otras compañías. Ambas compañías tienen en común el tener un modelo de negocio tremendamente penalizado por la pandemia y por la digitalización de servicios. GAMESTOP es una cadena de tiendas físicas de videojuegos y AMC el gestor de una cadena de cines. No es necesario mencionar las dificultades a las que se enfrentan ambas empresas en la coyuntura actual.

El funcionamiento de la bolsa es relativamente simple desde el punto de vista de rentabilidad obtenida por el inversor. Si tras comprar una acción la cotización sube, el beneficio para el inversor será la diferencia entre el precio de venta y el precio de compra. La pérdida máxima posible en la que puede incurrir el inversor es "sólo" el importe invertido. No se puede perder más del dinero invertido.

Por el contrario, cuando un inversor, habitualmente profesional, cree que una empresa va a caer de valor, puede vender acciones de dicha compañía sin tenerlas. Para ello ha de pedir prestadas acciones a un tercero que posterior tendrá que devolver. En algún momento tendrá que comprar acciones en el mercado para devolver las acciones que ha pedido prestadas. El beneficio o pérdida de esta "venta en corto" será la diferencia entre el precio de venta inicial y el precio de compra posterior de las acciones. El riesgo de este tipo de posiciones puede llegar a ser enorme, ya que se puede perder mucho más que el importe inicial recibido al vender las acciones.

Son numerosos los Hedge Funds que siguen estrategias de este tipo, buscando compañías cotizadas cuyo futuro es incierto y cuya cotización estiman que caerá. Lo que ha ocurrido en las últimas semanas en valores como GAMESTOP pone de manifiesto el riesgo, frecuentemente minusvalorado, de este tipo de inversiones.

Vayamos a los datos concretos de GAMESTOP. Es una compañía que espera perder dinero en los dos próximos años. Forma parte del índice S&P 600. Su capital social lo componen 69,7 millones de acciones. El 70% de dichas acciones se considera "capital flotante" (free float), es decir, no pertenece a accionistas que tengan más un 3% del capital. Pues bien, el volumen de acciones prestadas a inversores que "venden en corto" ha llegado a ser durante esta semana de 72 millones de acciones: el 144% del total del free float o más del 100% del total de acciones de la compañía.

Todos los inversores que están "vendidos" (cortos o shorttienen obligatoriamente que recomprar las acciones que han tomado prestadas. Como en cualquier mercado, ante una escasez de la oferta (de acciones), el precio se dispara. En este caso hasta precios hoy inimaginables, a no ser que acabe interviniendo la SEC (CNMV estadounidense).

Al inicio de la sesión del jueves la cotización alcanzó los $480, lo que implica que el valor de TODAS las acciones a recomprar tomando dicho precio como referencia ascendía en ese momento de más de $30.000 millones. Como el 14 de enero las posiciones cortas o vendidas eran de 61 millones de acciones y la cotización inferior a $50 la acción, las pérdidas generadas desde ese día para los "cortos" superaban los $28.000 millones.

 

La subida de la cotización está completamente injustificada desde la perspectiva de la evolución del negocio de la compañía y de sus sombrías expectativas. Todos los medios estadounidenses justifican el detonante de la subida a una conjura de inversores seguidores de un foro de internet Wallstreetbets (Reddit), que el viernes pasado contaba con 2,5 millones de usuarios y durante la semana ha alcanzado los 4,4 millones. Sin embargo, las cifras de los volúmenes de negociación en determinados días previos a esta locura, hacen sospechar que puede existir algún hedge fund que ha apostado contra sus colegas con una gran compra que ha sido seguida por miles y miles de pequeños inversores. El 13 de enero (marcado en el gráfico) se negociaron 144 millones de acciones por un importe superior a $3.600 millones, mientras que los diez días anteriores apenas se habían negociado de media 7 millones de acciones por importe de $134 millones diarios. 

La situación creada no es menor. El importe de acciones vendidas en corto es tan descomunal, que sólo la compañía puede venderles acciones de la propia empresa. Con el agravante de saber que puede marcar el precio de venta. Melvin Capital, un hedge fund, ha tenido que recibir inyecciones de capital de casi $3.000 millones de otros dos hedge fund asociados (Citadel y Point72) para hacer frente a las pérdidas sufridas.

Lo ocurrido con GAMESTOP se está extendiendo a otros valores estadounidenses (AMC, Blackberry...) y en mucha menor medida a empresas europeas (como NOKIA). El propio gobierno Biden ha mencionado que está encima del asunto. En cualquier caso, la situación aquí descrita no puede acabar bien, y es un claro aviso de que algo no funciona correctamente en las normas de funcionamiento de la bolsa estadounidense y de los hedge funds.

Los datos fundamentales de las compañías acabarán prevaleciendo, pero estos movimientos dejarán muchos heridos (y muertos) por el camino. Como decía Keynes "los mercados pueden mantener su irracionalidad más tiempo del que tú puedes mantener tu solvencia".


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