Whatever it takes 2.0

por Jesús Sánchez Quiñones
20 marzo 2020

En apenas una semana ha quedado claro que el proceso por el que ha atravesado China durante algo más de dos meses, es el que inevitablemente van a atravesar uno tras otro la inmensa mayoría de los países, entre ellos España. La paralización de gran parte de la actividad económica global se está produciendo de forma escalonada, país tras país. La duración de la cuarentena y, por tanto, del parón económico todavía es una incógnita. Aunque sólo fuera de uno o dos meses, las pérdidas generadas en empresas, profesionales y trabajadores serán cuantiosas. Se produce un frenazo tanto en la oferta de productos y servicios, como en la demanda de los mismos.

En apenas una semana, las medidas adoptadas por los bancos centrales se han sucedido sin interrupción, siendo cada vez de mayor calado. La Reserva Federal marca el camino al BCE, que acaba adoptando medidas similares con escasos días de diferencia. Por primera vez en su historia el BCE adopta medidas que se comunican pasada la medianoche. El anuncio de un plan de compra de bonos soberanos y bonos de empresas con grado de inversión por al menos 750.000 millones de euros ampliable supone la renovación del mensaje de Draghi de 2012: "El BCE hará todo lo que sea necesario para proteger el EURO" (Whatever it takes 2.0). No será la última medida que se verá obligado a tomar. 

Las medidas adoptadas por los bancos centrales intentan evitar que la crisis actual se convierta en una crisis financiera del estilo de 2008, pero no resuelven la delicada situación a la que se enfrenten millones de empresas y profesionales que difícilmente podrán mantener a sus plantillas y sobrevivir sin medidas y ayudas extraordinarias. 

En Estados Unidos, además del megaplan de estímulo fiscal y las contundentes medidas de la Reserva Federal, el Gobierno está dispuesto a tomar participación en el capital de empresas que necesiten ayudas por la crisis del COVID-19. Nada nuevo, tras la quiebra de Lehman la Administración norteamericana ya tomó parte del accionariado de bancos y automovilísticas (por cierto, de forma muy rentable). Adicionalmente, también se plantea enviar a cada americano mayor de edad un talón con al menos $1.000

Cuanto más dure la cuarentena, mayor será el número de familias y empresas que consuman sus reservas de liquidez. Sin ayudas públicas tanto la demanda por parte de consumidores y empresas, como la propia oferta de productos y servicios podrían verse fuertemente penalizadas. Cuantas más empresas corran el riesgo de cerrar, mayor será el aumento del paro y, por tanto, mayor la caída del consumo.

En definitiva, en EE.UU. las medidas adoptadas por el Gobierno de mayor gasto fiscal, incluso de helicóptero monetario entregando directamente dinero a los ciudadanos supondrá un incremento muy significativo del déficit que lo financiará el Tesoro estadounidense con mayor emisión de deuda. Pretende emitir incluso bonos a 25 y 50 años. A falta de inversores interesados lo acabará comprando la Reserva Federal.

En la Eurozona, incluso con niveles de deuda sobre el PIB similar al estadounidense, es mucho más complicado aplicar medidas similares sin la existencia de un TesoroAlemania lleva años con superávit presupuestario y reduciendo su nivel de deuda pública hasta cerca del 60% del PIB desde niveles superiores al 80% hace menos de diez años. Mientras tanto, países como Italia o España han mantenido déficits públicos permanentes manteniendo muy elevados niveles de deuda pública sobre el PIB (superiores al 130% en el caso de Italia, y cercanos al 100% en el caso de España). Los países del sur no podrán acometer planes contundentes de apoyo a empresas, familias y empleados con medidas fiscales si no siguen contando con el respaldo del BCE para financiar los mismos. El "whatever it takes 2.0" del BCE es una buena noticia para evitar una nueva crisis financiera. Es una condición necesaria para mitigar el inevitable impacto económico de la crisis actual, pero no es suficiente


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