Ideas de inversión

Efecto enero y nuevos récords, con ruido de fondo, según algunos, de 'guerra civil global'

Si, como decíamos la semana pasada, recordando el viejo dicho de Wall Street, enero es un anticipo del año en lo que al comportamiento bursátil se refiere (“as goes January so goes the year”) la realidad es que, por ahora, enero va bastante bien, lo que podría significar que, en su conjunto, es decir de enero a diciembre, el año 2026 irá bien.

De momento esta primera semana de enero hemos visto subidas en todas las bolsas. En Europa, el Eurostoxx ha subido un 2,5% en la semana y por países esta vez el mejor ha sido el Dax alemán, con un alza del 2,9%, muy impulsado de nuevo por Rheinmetall, seguida por el Cac, que ha ganado un 2% en la semana, y a continuación por nuestro Ibex, que ha debido conformarse con un 0,9%, y por el Mib italiano, que ha subido un 0,8%. Parecería que el Dax ha tomado el relevo al Ibex como líder, en una rotación a la europea, pero es aún pronto para dar por sentado ese relevo.

En Estados Unidos, el S&P, el Dow Jones y el Russell 2000 cerraron el viernes en récord histórico de todos a los tiempos, tras subir respectivamente en la semana un 1,6%, un 2,3% y un 4,6%. El único que no rompió al alza sus máximos históricos fue el Nasdaq, pero tampoco lo hizo mal, ya que subió un 1,9% en la semana. Ha seguido también la rotación desde las “big tech” hacia las empresas de menor capitalización y hacia sectores más tradicionales y, como consecuencia, el mejor índice ha sido el Russell 2000 de compañías de pequeña capitalización, con una subida semanal del 4,6%. Entre los grandes, el mejor ha sido el Dow Jones con un +2,3% en la semana, seguido del Nasdaq con un +1,9%. El S&P es el tercero, con un alza del +1,6% que le ha servido para batir el viernes un nuevo máximo histórico de todos los tiempos y que ha llevado a los futuros del S&P a cerrar el pasado viernes por encima de 7.000 puntos por primera vez en su historia.

Por su lado, en Asia el Nikkei ha subido un 3,2% semanal, pero la verdadera estrella ha sido el Kospi coreano, que ha batido un nuevo récord histórico, tras avanzar un espectacular 6,4% en la semana gracias a Samsung y a varias empresas aeroespaciales, automovilísticas y de defensa.

Junto a las subidas, seguimos viendo una rotación gradual de dinero, desde las “big tech” hacia otras empresas y sectores más tradicionales, como mineras y materiales básicos, y hacia empresas de menor capitalización (small caps), como lo acredita el hecho de que el Russell 2000 sea el índice americano que más ha subido en la semana. A nosotros nos gusta interpretar esa rotación más como una ampliación o ensanchamiento del mercado alcista (un ensanchamiento que permite relevo transitorio al frente del pelotón) que como un cambio de fondo. Es un descanso que permite tomar aire a las “big tech” y no un cambio estructural en el liderazgo de fondo del mercado, que seguirá estando, a nuestro juicio, en las tecnológicas, que son las que mayor valor generan con la innovación disruptiva permanente.

Pero no solo las bolsas han subido, también lo han hecho otros activos como las materias primas. El oro ha superado los 4.500 dólares la onza, la plata ha ganado más de un 13% en la semana y el cobre ha superado su récord histórico de todos los tiempos.  Incluso el petróleo, que había iniciado la semana bajando tras la toma de control del crudo venezolano por parte de Estados Unidos, ha terminado subiendo, tal vez impulsado por los acontecimientos en Irán, que generan incertidumbre y el temor a posibles cortes de suministro. Esas subidas de las materias primas se han producido a pesar de que el dólar está fuerte, para sorpresa de quienes vaticinaban el desplome del dólar y que, de momento, siguen esperándolo. El dólar cerró el pasado viernes en 1,163 dólares por euro, lejos de los niveles cercanos a 1,20 a los que llegó el pasado año. Es decir, la fortaleza de las materias primas no se debe, como en otras ocasiones, a la debilidad del dólar, sino a otros factores.

Para completar el cuadro, el bitcoin se mantiene por encima de los 90.000 dólares y el ether por encima de los 3.000 dólares.

Puede parecer extraño, y lo es, tanta complacencia con el riesgo en una semana que empezó con la situación de Venezuela, continuó con sugerencias de posible apropiación militar de Groenlandia y ha terminado con las revueltas de Irán, pasando por varias capturas de petroleros rusos por parte de Estados Unidos. En ese contexto, que ciertos medios califican como de “imperialismo desbocado” por parte de Trump, se estaría incubando, según algunos, una especie de “guerra civil global” entre Estados Unidos y China, siendo inciertos, en esa posible guerra, los aliados de EE. UU. (Japón con seguridad, Europa con dudas), pero muy seguros los aliados de China, que formaría bloque con Rusia, Irán, Corea del Norte y con el llamado “sur global” , un espacio en el que habitan países y realidades tan diversas como Brasil o India.

Obviamente los mercados financieros no están haciendo esa lectura tan inquietante de la situación, sino más bien lo contrario. Lejos de ver un escenario “prebélico”, lo que parecen estar descontando es un movimiento de péndulo, que lleva a un cambio de régimen global, en línea con lo que comentábamos la semana pasada (“2026, año dos del cambio de régimen”), un cambio de régimen que era necesario, al estar ya completamente agotado el régimen anterior. El modelo de las últimas cuatro décadas, que tan bien ha funcionado, estaría haciendo aguas y necesitando urgentemente una sustitución, que es la que estaría ensayando, con mejor o peor fortuna, el “trumpismo”, de momento con paso firme y desde luego con formas discutibles. Trump es el ruido, un ruido que no gusta en Europa, pero la señal de fondo la emitió el pueblo americano el 4 de noviembre de 2024 y la están emitiendo los ciudadanos europeos en las sucesivas elecciones al penalizar a los partidos del “establishment”. No estamos, por tanto, ante una guerra convencional, sino ante un largo pulso por el poder, que está en sus inicios y en el que la ventaja tecnológica y la narrativa cultural son claves.

Bajando más a tierra, esta semana pasada ha habido algunos datos económicos en Estados Unidos cuya lectura no es extremadamente positiva pero tampoco negativa. El informe de empleo de diciembre mostró una pobre creación de puestos de trabajo, solo cincuenta mil, por debajo de lo esperado, revisándose también a la baja la cifra de noviembre. No obstante, la tasa de paro bajó al 4,4%, dando soporte a la idea de que la Fed no bajará los tipos en su reunión del próximo 27 de enero. El otro dato fue el de confianza del consumidor de la Universidad de Michigan, publicado el pasado viernes, que no fue malo, mostrando una ligera mejora del sentimiento del consumidor norteamericano.

La impresión, por tanto, es que sigue y va a seguir el modelo de expansión fiscal más expansión monetaria con el que se pretende que, como dicen los anglosajones, “one plus one equal three”. Por tanto, como decíamos en verano, dinero, mucho dinero, para ganar la guerra global que tiene en la tecnología su punto clave y en la energía su condición necesaria.

Esta semana se empiezan a publicar los resultados empresariales del cuarto trimestre, con nombres como JP Morgan, Bank of America, Citigroup, Wells Fargo, Goldman Sachs, Morgan Stanley y BlackRock, entre otros. Lo que se espera es que los resultados sean buenos y den soporte al rally bursátil con el que acabó 2025 y con el UE ha empezado 2026. Pero tendrán especial interés también las guías que den las empresas para 2026 y la capacidad de las compañías para sostener unas valoraciones exigentes, especialmente en los sectores de crecimiento y tecnología.

A la espera de la reunión de la Fed el próximo 27, pensaríamos en una semana tranquila, apoyada por los resultados y por el nuevo régimen que el “trumpismo” propone.