Ideas de inversión

Trump revierte el 'sell America' pero su Dow 100.000 parece más bien una fantasía

 

 

La corrección de los índices bursátiles que esperábamos al finalizar nuestro anterior comentario se ha producido esta semana, en la que los principales índices han acabado bajando, algo más los europeos que los americanos, tras unas jornadas bastante movidas. El Eurostoxx ha recortado un 1,3% en la semana, el Ibex un 0,9%, el Dax un 1,6% y el Cac un 1,4%, mientras que en las plazas americanas, como decíamos, los descensos han sido algo más suaves, con el Dow Jones cayendo un 0,5%, el Nasdaq un ligerísimo 0,06% y el S&P un 0,35%. Incluso el Russell 2000 de empresas americanas de pequeña capitalización, que desde el uno de enero está siendo el índice estrella, acumulando un 7,5% de subida, ha bajado un 0,3% esta semana, mientras que en Japón el Nikkei ha caído un 0,17%.

Caídas, por tanto, generalizadas, que podrían haber sido mayores de no haber dado Trump un nuevo giro en su esperado discurso de Davos el pasado miércoles. En Davos, Trump dio marcha atrás a sus planes de anexionarse por la fuerza a Groenlandia y de imponer sanciones económicas a ocho estrechos aliados de Estados Unidos que se oponían a dichos planes. Además, Trump anunció un presunto acuerdo sobre Groenlandia con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, y tranquilizó a los mercados al apuntar hacia un “marco futuro de acuerdo”, un lenguaje muy alejado del escenario de intervención militar. Esas palabras tuvieron un efecto inmediato muy positivo sobre los mercados, tras un “martes negro” en el que habían caído al unísono no solo las bolsas, sino también los bonos, el oro y el bitcoin. Una escena de pérdidas sincronizadas que recordó, inevitablemente, a lo sucedido a principios de abril tras el famoso Día de la Liberación. 

Más allá de ese impacto inmediato, hay varias lecturas interesantes del discurso de Trump en Davos desde el ángulo de los mercados financieros. La primera es que, en contra de lo que decía el pasado abril, a Trump sí le importa, y mucho, lo que pase en las bolsas. Tras el desplome de las bolsas en abril, el Secretario del Tesoro americano, Scott Bessent, afirmó en un programa televisivo el 7 de abril que el gobierno americano no se fijaba en las bolsas porque el 88% de la bolsa estaba en manos de solo el 10% de la población, mientras que el 50% de la gente lo que tenía era deudas y no acciones en bolsa.

La realidad es que, pese a esas palabras de Bessent, a Trump sí le preocupó, y mucho, en abril, la reacción de los mercados financieros a su anuncio de muy elevados aranceles para todo el mundo, y por ello dio marcha atrás el 9 de abril ante el desplome de los bonos y las bolsas. Todo indica que esta vez ha pasado lo mismo, es decir, ante la mala reacción de los mercados Trump ha desistido de la línea “dura”. La diferencia es que, en esta ocasión, Trump no ha dejado que las cosas se pongan tan feas como se pusieron en abril y ha decidido cortar por lo sano sin esperar ni un segundo más.

Esa urgencia de Trump en calmar a los mercados conecta con la segunda lectura interesante a la que nos lleva su discurso en Davos, y es que Trump quiere que las bolsas suban, que suban mucho y que suban ya, en el corto plazo. Trump encara el próximo noviembre las elecciones de mitad de mandato (mid term) y considera, como ya lo hizo en su primer mandato, que la subida de Wall Street es el mejor indicador del respaldo a sus políticas. Por eso se atrevió a pronosticar en Davos que el Dow Jones alcanzará los 50.000 puntos de forma inmediata y que, a partir de ahí, doblará muy pronto para llegar a los 100.000 puntos en un corto período de tiempo (“a relatively short period of time”). Es inevitable recordar que el pasado abril, pocas horas antes de anunciar que retiraba los aranceles anunciados el Día de la Liberación, Trump dijo que era el momento de invertir en bolsa, porque la bolsa iba a subir mucho. Es obvio que Trump desea repetir la jugada porque sería dramático para él perder en noviembre la mayoría en la Cámara de Representantes y/o en el Senado.

Sin embargo, no es obvio que esta vez Trump vaya a estar tan acertado en sus pronósticos bursátiles como lo estuvo en el mes de abril. En parte porque la situación no es la misma, y en parte porque sus decisiones, y el impacto de sus decisiones en los mercados, no son ahora tan fáciles de revertir.

Empezando por lo primero, la situación no es la misma, ni en los mercados financieros ni en la economía. Las bolsas han subido mucho desde abril, sobre todo las bolsas americanas y, sobre todo, las empresas tecnológicas vinculadas a la IA, y las valoraciones son ahora mucho más exigentes. Por dar solo algunos datos, el índice tecnológico Nasdaq sube casi un 55% desde sus mínimos de abril hasta hoy, y muchas empresas tecnológicas más que doblen esa subida, mientras que otros activos, como el oro y la plata, acumulan subidas de más del 60% desde abril. Ese “mal de altura” explica que hayamos visto, por ejemplo, la semana pasada caídas de un 6% en Netflix tras unos resultados buenos, debido al “guidance” no muy positivo, y que hayamos visto igualmente una caída del 17% en Intel el pasado viernes tras sus resultados.

Tampoco es la misma la situación en la economía. Hay un cierto deterioro de las expectativas, aunque sea suave. Aunque la inflación sigue básicamente contenida (el pasado jueves se publicó con retraso el índice deflactor de gastos personales en Estados Unidos de noviembre, que se mantuvo en el 2,8%) y aunque el crecimiento también se mantiene, la sensación es que el empleo y, por tanto, el consumo sufrirán un cierto deterioro, una sensación que ha llevado a Trump a poner límites a los intereses bancarios de las tarjetas de crédito, a intervenir el mercado inmobiliario residencial y a anunciar un llamado “dividendo de los aranceles” (tariff dividend) por dos mil dólares para cada ciudadano americano. En otras economías se nota el impacto de los aranceles, aunque Trump los rebajase desde los estratosféricos niveles anunciados en abril. Europa no acaba de ganar realmente dinamismo y China anunció el pasado lunes que ha crecido al 5% en 2025, pero es obvio que sigue digiriendo la burbuja de inversión y que eso lastra su crecimiento doméstico.

En ese contexto, no va a ser fácil para Trump revertir el impacto negativo en los mercados de sus recientes actuaciones sobre Groenlandia. Es cierto que hay, como decíamos la semana pasada, aunque pueda resultar sorprendente para muchos, una creciente aceptación por parte de los inversores y de los mercados de lo que podríamos llamar el “modelo económico de Trump” y es cierto que muchos inversores piensan que el “trumpismo” puede llevar a un nuevo ciclo global de crecimiento, pero a los mercados no les gusta la incertidumbre, ni el ruido, ni la imprevisibilidad que Trump genera. El estilo “bully” de Trump en el tema de Groenlandia ha sido probablemente un error, al ahondar en su imagen de líder no fiable.

Nuestra visión es relativamente simple. No vemos catástrofes ni recesiones a la vista, y estamos muy alejados de esa idea según la cual Trump es una especie de “loco” sin ningún plan que va a hundir a Estados Unidos, y por derivación al mundo. Pero tampoco vemos una explosión alcista de la economía a corto plazo. Trump tiene fácil revertir el “sell America” porque el mundo sigue queriendo invertir en Estados Unidos y en sus magníficas e innovadoras empresas, pero no es fácil, sin embargo, que se cumpla su objetivo de que las bolsas se disparen al alza de inmediato, porque los cambios que el mundo necesita para pensar en un nuevo ciclo de crecimiento global son delicados y el camino va a estar lleno de baches, más aún con un personaje como Trump añadiendo ruido al sistema.

Somos positivos respecto a ese nuevo ciclo de crecimiento global a medio plazo y somos también positivos para el año 2026 pero, tras las fuertes subidas bursátiles de los últimos tres años, no pensaríamos en grandes alzas adicionales para los índices (otra cosa son empresas concretas) sino en avances más moderados, de un dígito simple. Y, además, con momentos de inestabilidad y caídas por el camino, que pueden llevar puntualmente a momentos complicados como el del pasado abril. Pensar en ese contexto en el Dow 100.000 parece más un “wishful thinking” forzado que una expectativa razonable para este año.

Esta semana tendremos ocasión de ver si esa reversión del “sell America” y esa calma que trajo a las bolsas el discurso de Trump se confirman o no. Hay resultados de cuatro de las “siete magníficas” (MAG7), en concreto Apple, Microsoft, Meta y Tesla y, además, se reúne la Reserva Federal, en plena lucha de su presidente Powell con Trump. En Europa también presentan cifras muchísimas compañías, entre ellas el conglomerado de lujo LVMH y bancos como ING.

Apostaríamos por una nueva semana de consolidación con riesgos de corrección mayor si los resultados de las cuatro grandes tecnológicas no ayudan.