El 20 de agosto de 2011, en plena crisis del euro y con las bolsas globales desplomándose, el inversor y “tecnoligarca” Marc Andreessen publicó un artículo en Wall Street Journal bajo el provocador título “Por qué el software se va a comer el mundo”, en el que, tras analizar cómo el software estaba fagocitando una parte importante de la cadena de valor de muchas industrias, terminaba con una afirmación que sonaba más bien a desafío personal: “El software es -decía Andreessen- la gran oportunidad, y yo sé dónde estoy poniendo mi dinero”. Quince años después no parece que Andreessen estuviese equivocado, ya que figura habitualmente en las listas de las personas más ricas del planeta, gracias a sus apuestas tempranas por algunas de las empresas tecnológicas que luego han cambiado el mundo.
Parecería, sin embargo, si escuchamos el ruido dominante estas dos últimas semanas en Wall Street, que ahora el software, lejos de comerse el mundo, está a punto de ser devorado por ese otro animal que ha entrado con fuerza en la variada fauna tecnológica: la inteligencia artificial (IA). “AI killed software” es, como decíamos la semana pasada, la frase de moda en las bolsas, y la novedad estos últimos días es que la amenaza y el impacto devastador de la IA se proyectan no solo sobre el software, sino sobre casi todos los sectores, desde el transporte hasta la consultoría, los seguros o la salud. La sensación es que ahora es la IA la que, como diría Marc Andreessen, se va a comer el mundo.
El catalizador inicial de esta “sacudida” bursátil fue la presentación por Anthropic de unas nuevas funcionalidades de su plataforma Claude, que permiten pensar que la IA podría convertirse en un sustituto de muchos programas de software, en lugar de reforzarlos. La amenaza para el modelo de licencias y de “software as a service” (SAAS) con el que han venido funcionando los grandes del software parece obvia. Sin embargo, pese al revuelo inicial, la conmoción podría no ser tan grande, al menos en lo que a la industria del software se refiere. Esta semana hemos visto cómo, tras las fuertes caídas de la semana pasada, las grandes empresas de software se han estabilizado. Microsoft ha cerrado casi plana la semana, con un imperceptible avance del 0,04%; la alemana SAP ha subido un 0,3% en la semana; Salesforce ha caído solo un 0,8% y Oracle ha avanzado un impresionante 12,1% en la semana. Parecería, por tanto, que el daño está más o menos controlado en lo respecta al efecto destructivo de la IA sobre el software.
Pero, como decíamos, el golpe ha ido más allá de la industria del software y va camino de convertirse en transversal, afectando a todos los sectores. El pasado jueves el sector de transporte de mercancías y logístico se desplomaba por el anuncio de una compañía de IA, Algorhythm Holdings, de una nueva herramienta que aparentemente podía ser disruptiva para el sector. Las acciones de Algorhythm Holdings, que antes se llamaba The Singing Machine y era proveedor de sistemas de karaoke, subieron un 30% en la sesión, pero las compañías de transporte cayeron con fuerza. Lo curioso es que más bien parece que la solución de Algorhythm Holdings debería haber impulsado al alza a las compañías de transporte por carretera al mejorar su productividad, pero la lectura del mercado fue justo la contraria y, por dar solo un dato, el gigante del transporte por carretera CH Robinson ha caído esta semana un 13,3%, y eso que en la sesión del viernes subió un 10%.
La onda expansiva, o más bien destructiva, de la IA no terminó ahí. También el sector de gestión patrimonial (“wealth management”) se ha visto impactado y a principios de la semana veíamos cómo Charles Schwab perdía en dos sesiones más de un 10% y cómo la inglesa St James Place, que es el gestor patrimonial más grande del Reino Unido, caía un 13% el martes, después de que Altruist, que es una “fintech” norteamericana, anunciase que iba a lanzar una herramienta para ayudar a los inversores a personalizar sus estrategias de inversión. En el sector del “brokerage” Robin Hood ha caído un 8,3% en la semana por una mezcla de decepción con sus resultados -especialmente en la parte de criptomonedas- y de amenazas de la IA para su modelo de negocio. Por terminar con la relación de “víctimas” de la IA, la inmobiliaria CBRE ha caído un 16% en la semana y la correduría de seguros Gallagher un 13,7%.
Pero ¿realmente es para tanto el ciclón de la IA? No es posible responder a esa pregunta con total certeza, pero todo indica que estamos, una vez más, ante una exageración de los mercados, que han entrado en una especie de caza de brujas para ver qué empresas o sectores podrían verse “disrumpidos” por la IA.
En cualquier caso, y al margen de la IA, lo cierto es que el sector tecnológico en su conjunto sigue transmitiendo señales de fatiga. El Nasdaq ha caído un 2,1% en la semana, frente a una caída del 1,2% en el Dow Jones, del 0,9% en el Russell 2000 y del 1,4% en el S&P. Desde el uno de enero el Nasdaq pierde un 3%, mientras que el más tradicional Dow Jones gana un 3%. Si miramos a las bolsas europeas, la comparativa es aún más desfavorable para el Nasdaq. El Dax ha subido un 0,8% en la semana, el Cac, ayudado por algunas firmas de lujo, un 0,5%, y el Eurostoxx ha bajado tan solo un 0,2%. Incluso el Ibex, muy afectado por los recortes en los bancos, ha caído un 1,5% en la semana, es decir, menos que el Nasdaq. En el caso del Nikkei, la subida semanal ha sido del 5%, pero en este caso hay factores muy particulares, sobre todo la aplastante victoria de Sanae Takaichi en las elecciones del pasado domingo.
Podríamos decir, por tanto, que las bolsas en su conjunto han perdido “momentum”, salvo en algún caso muy particular como es el de Japón. La caída, por segunda semana consecutiva, del S&P y del Nasdaq muestra cómo el mercado en general no está tan alegre como lo estaba hace unos meses, cuando subía todas las semanas. Entre las tecnológicas, más de la mitad de las empresas del Nasdaq cotizan un 20% por debajo de sus máximos de los últimos doce meses.
No obstante, y a pesar de lo anterior, las bolsas están más tranquilas de lo que podría sugerir el ambiente general de preocupación que sigue dominando en el mundo. Y eso es así porque los datos macro y los resultados empresariales, aun no siendo tan buenos como hace unos meses, siguen dando soporte a las bolsas. En lo que a la macro se refiere, el informe de empleo de enero en Estados Unidos arrojó 130 mil empleos nuevos, por encima del consenso de 65 mil. Las ventas minoristas de enero, que se conocieron el pasado jueves, también fueron más o menos buenas. Por último, la inflación se ha quedado en enero en el 2,4% la general y en el 2,5% la subyacente.
En cuanto a los resultados, están siendo mixtos. Esta semana hemos visto, por ejemplo, cómo no han gustado ni los de Louis Vuitton (LVMH) ni los de L'Oreal, pero cómo Kering ha volado tras publicar los suyos, que tampoco eran nada buenos. Pero podemos decir que, en general, los resultados no están siendo malos, aunque a veces el mercado los reciba mal, como está pasando con los bancos europeos.
Nuestra idea de fondo es que podemos ir hacia un aplanamiento de los índices, con mucha disparidad entre unas acciones y otras, como se ha visto en el lujo con Kering y LVMH, por ejemplo, y con mucha “microvolatilidad”. Tras el fogonazo que vimos entre abril y fin de año, parece que ahora toca consolidación, fijar ideas y fijar bien los cimientos.
Esta semana en el plano macro se publican el viernes el PIB preliminar del cuarto trimestre en Estados Unidos y el índice de sentimiento del consumidor norteamericano de la Universidad de Michigan. Publican resultados empresariales Walmart, Palo Alto, Nestlé o Airbus, entre otras muchas compañías, siendo especialmente relevantes los de Walmart por la información que nos puedan dar de la situación del consumo americano.
Con permiso de los resultados, de la geopolítica y del bitcoin, que se mantiene cerca de los setenta mil dólares y que, por cierto, es una de las inversiones preferidas de Marc Andreessen en la actualidad, pensaríamos en una nueva semana tranquila en las bolsas, sin descartar un suave deslizamiento a la baja.