Europa ha dejado de ser una prioridad para Estados Unidos. Así se refleja en la Estrategia de Seguridad Nacional 2025 (NSS 2025). La prioridad absoluta de la actual administración Trump es el hemisferio occidental. En otras palabras: el continente americano, incluyendo Groenlandia.
Respecto a Europa, el mencionado documento plasma algunos hechos sobre el viejo continente que son verdades incómodas. Se menciona que Europa continental ha pasado de representar el 25% del PIB mundial en 1990 a apenas un 14% en la actualidad. La pérdida de peso relativa en la economía mundial es un hecho.
Adicionalmente, se hace mención a las preocupantes tendencias poblacionales del continente europeo. Teniendo en cuenta la bajísima tasa de natalidad en Europa y las políticas migratorias extraordinariamente laxas, la población europea de algunos países será irreconocible en un periodo de menos de veinte años.
Desde el año 2012, la Unión Europea registra más defunciones que nacimientos. La tasa de fecundidad en la Unión Europea en 2023 fue de 1,38 nacidos vivos por mujer. Para conseguir el reemplazo generacional de la población es necesaria una tasa de fecundidad de 2,1 hijos por mujer. Esto sin contar el elevado porcentaje de nacimientos procedentes de mujeres inmigrantes.
Dado lo anterior, y teniendo en cuenta el cambio poblacional que ya está teniendo lugar, la administración estadounidense duda de que algunos de los principales países europeos vayan a seguir siendo socios fiables en un periodo relativamente corto de tiempo. Aunque no menciona ningún país en concreto, previsiblemente se está refiriendo al Reino Unido y a Francia, entre otros. Recordemos las palabras del ahora vicepresidente JD Vance en la conferencia de seguridad de Múnich en febrero de 2024: «¿Qué pasa si en 15 años el Reino Unido es, Dios no lo quiera, el llamado “primer país islámico” que tiene una bomba nuclear?».
A partir de ahora, el coste de la defensa de Europa debe recaer en los europeos. Estados Unidos proporcionará ayuda militar crítica, pero limitada. Una de las prioridades establecidas en la NSS 2025 es dejar de asumir gran parte del coste de la defensa de los aliados de Estados Unidos.
En este sentido, el año pasado se llegó al acuerdo en la cumbre de la OTAN en La Haya de aumentar el gasto en defensa hasta el 5% en 2035. De este porcentaje, el 3,5% se destinará directamente a gastos en defensa, como ejército y armamento, y el 1,5% a gastos como ciberseguridad, inteligencia o comunicaciones estratégicas.
En cualquier caso, estos compromisos reafirman el fin del “dividendo de la paz” del que ha disfrutado Europa desde el fin de la Guerra Fría, tras la caída del Muro de Berlín en 1989. Los gastos en defensa pasaron del 4,2% del PIB global al inicio de los años 90, al 2,3% en 2023. Durante todos estos años, al invertir menos en defensa, los países europeos pudieron dedicar dichos recursos a la economía productiva y a mantener y mejorar el estado de bienestar.
Ahora las tornas han cambiado. El gasto en defensa necesariamente tiene que incrementarse. Los recursos son finitos. Lo que se dedique a defensa no se podrá dedicar a otro gasto o inversión. Esta obligación de incremento de gasto en defensa llevará, previsiblemente, a un incremento de los déficits públicos y, por tanto, a un aumento de la deuda pública, que habrá que financiar.
Conviene recordar unas declaraciones del actual secretario general de la OTAN en diciembre de 2024: "De media, los países europeos fácilmente gastan hasta un cuarto de sus ingresos nacionales en pensiones, sanidad y sistemas de seguridad social. Necesitamos que una pequeña fracción de dicho dinero se dedique a tener una defensa mucho más fuerte y a preservar nuestro modo de vida. La libertad no es gratis".
Las normas fiscales de la UE serán flexibles a la hora de abrir un “procedimiento de déficit excesivo” si el saldo negativo de las cuentas públicas de un país supera el 3%. La realidad es que para financiar el déficit hay que emitir más deuda. Cuanto mayor sea la deuda de un país, menos atractiva es la deuda de dicho país para los inversores y mayor tipo de interés solicitarán.
El aumento del gasto en defensa en Europa lleva aparejado el fin del dividendo de la paz, la redistribución del gasto público tendrá un efecto en el estado del bienestar y mantendrá los impuestos en niveles elevados. Es triste, pero es una realidad que no se debe ignorar.