La consolidación ligeramente bajista de las bolsas, a la que aludíamos la semana pasada, se ha transformado, como consecuencia del conflicto en Irán, en una corrección en toda regla, que amenaza incluso con caídas mayores si finalmente las cosas se complican en una zona tan sensible como es Oriente Medio.
Las caídas generalizadas de las bolsas esta semana y la fuerte subida semanal del petróleo, más de un 30%, algo no visto desde 1983, han resucitado el fantasma de una gran recesión global acompañada de inflación, un escenario que se agravaría aún más si hay disrupción en el suministro como consecuencia de ataques a infraestructuras petroleras de la zona o de interrupción completa del transporte marítimo.
Se habla ya de un petróleo a 150 o a 200 dólares (el viernes cerró ligeramente por encima de 90 dólares y ha empezado la semana por encima de los 100 dólares) y vuelven los pronósticos de una estanflación al estilo de la de los setenta del pasado siglo, con la inflación disparada y la economía parada o bajando.
Son escenarios posibles, porque en una guerra nunca hay que descartar nada, y porque siempre es posible que las cosas se salgan de control; pero, hoy por hoy, y con los elementos de análisis de los que disponemos, ese escenario catastrofista no debería ser el escenario central.
Uno de esos elementos de análisis es la propia reacción de los mercados financieros, a los que se suele atribuir la capacidad de tener un buen “track record” a la hora de percibir los posibles riesgos. Desde esta óptica, la ya mencionada subida del petróleo no es una buena noticia, pero hay que recordar que, en 2022, tras la invasión de Ucrania, el Brent subió hasta 140 dólares y el crudo ligero americano (WTI) hasta 130 dólares, para caer después, a partir de marzo, a niveles de 100 dólares por barril, a pesar de que los grandes bancos de inversión pronosticaban que llegaría a 200 dólares. El motivo fue que Rusia siguió vendiendo petróleo, que se liberaron masivamente reservas estratégicas y que el propio miedo a la recesión global contrajo la demanda de crudo.
Si miramos a las bolsas, esta semana hemos visto caídas en todas, pero no en todas por igual. Los índices americanos han tenido caídas suaves, sobre todo el tecnológico Nasdaq, cuya caída semanal se ha limitado a un 1,2% mientras que el S&P ha caído un 2% en la semana, el Dow Jones un 3% y el Russell 2000 de pequeñas compañías un 4%. Desde el uno de enero el Dow Jones cae un 1,1%, el S&P un 1,5% y el Nasdaq un 3,7%, mientras que el Russell 2000 mantiene los números verdes desde el uno de enero al subir un 1,75%. Son caídas moderadas, tras subidas muy fuertes en 2023, 2024 y 2025.
Las bolsas europeas y las asiáticas han caído más. El Eurostoxx y el CAC se han dejado un 6,8% en la semana, el Dax un 6,7%, y el Ibex un 7%. En Asia el Nikkei ha bajado un 5,5% y el Kospi coreano un 10,5%, y podía haber sido peor de no haber rebotado el viernes un 10%. Sin embargo, desde el uno de enero, el Kospi sube nada más y nada menos que un 32,5% (en los últimos doce meses el Kospi sube un impresionante 118%), el Nikkei sube un 10,5% desde el inicio del año y el Eurostoxx y el Ibex limitan sus caídas en lo que va de año a poco más del 1%.
Si analizamos de forma global todos los datos anteriores, lo que podríamos ver no es un desplome, sino más bien esa dinámica continua de desplazamiento del dinero de unos valores a otros y de unos sectores a otros, dentro a su vez de la dinámica de autocorrección permanente y selectiva, dos dinámicas a las que hemos venido aludiendo en muchos de nuestros últimos comentarios. Esas dos dinámicas ahora están teniendo lugar dentro de la corrección generalizada que los valores tecnológicos ya habían iniciado antes del ataque a Irán y que ahora se extiende al resto del mercado, afectando más a sectores y bolsas que, como el Kospi coreano o el Ibex español, seguían subiendo o incluso habían acelerado su subida desde el uno de enero.
Decíamos la semana pasada que esa autocorrección permanente y selectiva, y esos desplazamientos del dinero son, a nuestro juicio, la mejor garantía de la continuidad del ciclo alcista a medio plazo, y el mejor antídoto contra colapsos bruscos o generalizados de los mercados, e incluso nos atrevíamos a decir que era deseable para que el mercado alcista de largo plazo pueda seguir, que la corrección fuese llegando a todos los índices y sectores, incluido el Ibex (para cuándo el Ibex, nos preguntábamos), para ir limpiando el mercado de excesos.
La lectura alternativa de lo sucedido la semana pasada sería, por tanto, que la corrección que tenía que venir, y que era bueno que viniese, ha llegado. Y que seguirá su curso al calor de las noticias que vayan llegando de Irán, pero que en algún momento tocará fondo porque los elementos de fondo del mercado alcista, que son la hiperliquidez y la hiperinnovación de la IA, siguen ahí y darán a medio plazo nueva vida al mercado alcista.
Desde esta óptica, la corrección va más allá de lo que pase en Irán y conecta con la evidente desaceleración económica global (global slowdown) anticipada, de nuevo, por la economía norteamericana y anticipada en las bolsas por las grandes tecnológicas, cuya corrección empezó en noviembre. El informe de empleo americano de febrero publicado el pasado viernes, con destrucción en el mes de 92000 puestos de trabajo, que hacen subir el paro al 4,4%, fue un dato bastante demoledor, pero lo es aún más el hecho de que, tras las últimas revisiones, la economía norteamericana solo haya sido capaz de crear 180.000 nuevos empleos en todo el año 2025, es decir, unos quince mil empleos al mes.
Dado todo lo anterior, es bastante notable que las bolsas americanas hayan aguantado tan bien y que, en general, las caídas desde el uno de enero sean moderadas o incluso, como es el caso del Nikkei o del Kospi, haya subidas bastante importantes en lo que va de año.
Esta próxima semana publica sus resultados Oracle y se publican la segunda revisión del PIB del cuarto trimestre, la encuesta de confianza del consumidor de la Universidad de Michigan y los datos de inflación de febrero en EE. UU. Se espera que el IPC general suba al 2,5%, desde el 2,4% de enero, y que la inflación subyacente se mantenga en el 2,4%. Se publica también, en EE. UU., el deflactor de gastos personales (PCE Deflator) de enero.
Pero, obviamente, la atención estará completamente centrada en el conflicto de Irán y la opinión dominante es que va a ir a peor, con caídas adicionales en las bolsas. Pero, como antes decíamos, no hay que descartar nada, ni siquiera el famoso TACO de Trump (Trump Always Chickens Out, Trump siempre se echa atrás), es decir, un cese prematuro de la acción militar, que iría sin duda acompañado del correspondiente ejercicio de marketing, proclamando un éxito sin precedentes en la intervención, lo que sería sin duda muy celebrado por los mercados.