Ideas de inversión

El peligro de una falsa paz

Desde que comenzó la actual guerra, los mercados financieros se mueven a golpe de posts, (mensajes publicados en las redes sociales), especialmente si los publica el presidente Trump. En menos de 24 horas se pasa de un post con una amenaza que, de cumplirse, podría provocar una situación potencialmente catastrófica, a otro mensaje con esperanzas de llegar a un acuerdo que ponga fin al conflicto bélico. Las oscilaciones del mercado parecen ciclotímicas, pasando de caídas intensas a fuertes subidas solo como resultado de un mensaje en redes, sin un análisis en profundidad de la situación.

Incluso en el mejor de los escenarios, en el que se acuerde un alto el fuego o se dé el cese de las hostilidades entre Estados Unidos - Israel e Irán, hay que ser muy conscientes de que no se volverá a la situación previa al inicio de esta guerra. A diferencia del conflicto bélico de los doce días del verano de 2025, Estados Unidos no va a poder anunciar una victoria a su antojo ni la consecución de los objetivos mencionados al inicio del conflicto, especialmente el cambio de régimen en Irán.

Por otro lado, ha quedado patente la posibilidad real de controlar el tráfico en el Estrecho de Ormuz por parte de Irán, decidiendo qué embarcaciones lo cruzan y cuáles no. De hecho, este último fin de semana ha habido noticias, no confirmadas, de acuerdos entre Irán y diez países, entre ellos China, Pakistán, India y Turquía, por los que Irán dejaría atravesar el Estrecho de Ormuz a los petroleros con destino a dichos países siempre que el pago de la carga se realizara en yuanes.

Es previsible que Irán no dé por finalizadas las hostilidades hasta que no tenga garantías de que no volverá a ser atacado. De hecho, ni siquiera tiene que cerrar formalmente el Estrecho de Ormuz. Basta con que ocasionalmente ataque embarcaciones en la zona para que el coste de los seguros haga prohibitiva la navegación para las embarcaciones con seguros occidentales.

Los daños ya infligidos a las instalaciones productoras de gas en Oriente Medio han provocado que el precio del gas en Europa se haya incrementado un 90% desde el inicio del conflicto y los futuros sobre el gas indican que el precio actual se podría mantener durante al menos un año. Adicionalmente, dada la escasez de producción de gas actual, Asia pujará por el gas que actualmente llega a Europa, manteniendo la presión sobre los precios.

A lo anterior hay que sumar que el gobierno estadounidense amenaza con dejar de considerar a Europa como destino preferente de sus exportaciones de gas si la Unión Europea no firma el acuerdo comercial esta misma semana.

El pasado 9 de marzo, Ursula von der Leyen afirmó que “estamos viviendo en una era prebélica”. Ello obliga a un cambio de paradigma en materia de seguridad y defensa. Ya no se puede dar la paz y la seguridad por sentadas. Su mensaje principal es que Europa debe despertar ante la nueva realidad geopolítica, pasando de un “modo de tiempo de paz” a un “modo operativo” para poder garantizar la propia seguridad del continente.

Inevitablemente nos encaminamos a una economía industrial de guerra, donde el sector de defensa se convierte en la piedra angular de la industria europea, con especial relevancia de los desarrollos tecnológicos. Para este fin se ha aprobado la Nueva Estrategia Industrial de Defensa Europea (EDIS), que pretende fortalecer la industria de defensa europea para reducir la dependencia de terceros países, especialmente de Estados Unidos.

Aunque, afortunadamente, no se ha visto involucrada en el actual conflicto de Oriente Medio, Europa está decidida a invertir de forma acelerada en su propia defensa. Después de décadas de gozar de los “dividendos de la paz”, al reducir la inversión y el gasto en defensa, dedicando dichos recursos a otras áreas de la economía y a fortalecer el estado del bienestar, llega una larga época en la que la inversión en defensa será una prioridad.

El desarrollo tecnológico y de ciberseguridad es un campo que se incluye dentro de estas inversiones en defensa. Previsiblemente, como ya ha ocurrido en el pasado, se obtengan nuevos desarrollos y tecnologías que puedan tener un uso dual: siendo útiles tanto en el ámbito militar como en el ámbito civil.

A modo de curiosidad, valga recordar que el precursor del actual internet fue un desarrollo en el ámbito militar, donde el Departamento de Defensa de Estados Unidos buscaba crear un sistema de comunicaciones que pudiera resistir un ataque nuclear. Este desarrollo sirvió de base para el posterior nacimiento de internet como lo conocemos hoy.