Ideas de inversión

Guerra de Irán y crédito privado: por qué las bolsas no parecen tan pesimistas

El fantasma de una posible recesión globalal que nos referíamos la semana pasadainquieta de forma creciente a los inversores y esa inquietud se alimenta no solo de la subida del precio del petróleo por la situación de conflicto en una zona tan sensible como es Oriente Medio, sino también de los problemas que están aflorando en el crédito privado, problemas que han movido estos días a varios bancos americanos, entre ellos JP Morgan y Morgan Stanley, a rebajar las valoraciones de los préstamos concedidos o a suspender temporalmente reembolsos.

Hay una sensación cada vez más extendida de que, sobre todo en el mercado norteamericano, puede haber problemas de impago en una parte de los créditos que han concedido de forma directa los fondos especializados a las empresas, sin pasar por el balance bancario y sin mediar una emisión de bonos en el mercado. Esos problemas, en principio, parecían limitarse a firmas muy concretas como Tricolor y First Brands, firmas vinculadas al sector del automóvil que suspendieron pagos en septiembre de 2025, pero se han ido extendiendo a otros sectores y han llegado de pleno recientemente a las compañías de software, que han sido grandes receptoras de financiación vía crédito privado, y cuyo modelo de negocio SAS (Software As a Service) se ve ahora cuestionado por la disrupción de la inteligencia artificial.

Obviamente, la combinación de ambos factores (guerra y problemas en el crédito privado) es bastante preocupante, porque una contracción económica inducida por el precio del petróleo agravaría aún más los impagos, alimentando una espiral de retiradas masivas por contagio. Aunque, ciertamente, el crédito privado está diseñado expresamente para limitar las cantidades que los clientes puedan retirar y, además, se limitan los periodos o ventanas de liquidez en los que pueden hacerlo, la realidad es que, si se extiende la desconfianza, esta fuente de financiación de las empresas, que ha sido clave para algunos sectores, entre ellos el tecnológico, se vería seriamente afectada a futuro, aumentando aún más la contracción económica en un bucle muy perjudicial para la economía, sobre todo si hay contagio a bancos y/o compañías de seguros.

Con ese trasfondo, parecería que las bolsas deberían haberse desplomado. Y esa era la sensación con la que empezó la semana, el pasado lunes 16, cuando el petróleo llegó a superar los 110 dólares por barril en la madrugada asiática, provocando caídas superiores al 5% tanto en el Nikkei japonés como en el Kospi coreano. La realidad, sin embargo, es que las bolsas han terminado la semana con caídas bastante moderadas. En la semana, el Eurostoxx y el Ibex han caído un simbólico 0,1%, el Dax un 0,6%, el Mib italiano ha subido un 0,4%, el Nasdaq ha caído un 1,2% el S&P un 1,6% y el Dow Jones un 2%. La caída semanal del Nikkei se ha quedado en un 3,2%, a pesar de que la economía japonesa es una de las más perjudicadas por la subida del petróleo.

La impresión es que, por la razón que sea, los mercados no están viendo las cosas de forma tan negativa como las ven la opinión pública y los analistas. Las caídas de los índices no llegan al 10% desde sus máximos. El Dow Jones pierde un 8% desde los 50.512 puntos que marcó el pasado 10 de febrero, el S&P pierde un 5,3% desde los 7.002 puntos de máximo del pasado 28 de enero y el Nasdaq pierde un 8% desde su máximo del pasado 29 de octubre. En el caso de las bolsas europeas, las pérdidas se sitúan también en el entorno del 8% desde los máximos de enero y febrero y en el caso del Nikkei japonés en el 9%. Es decir, las caídas, en general, no llegan al 10% y, si comparásemos los niveles actuales de los índices con los mínimos que hicieron el 7 de abril del año pasado, veríamos que todas las bolsas están muy por encima de los niveles de entonces. Por citar solo un caso, incluso después de las caídas de estos últimos días, el S&P ha subido un 37% desde los 4.835 puntos del 7 de abril del año pasado hasta los 6.632 puntos a los que cerró el pasado viernes. Lo mismo pasa en algunas grandes tecnológicas, como Microsoft o SAP, que es verdad que recortan un 20% o más desde sus máximos del pasado octubre, pero que realmente vienen de subidas tan extraordinarias que la corrección actual puede quedarse en un diente de sierra dentro de una espectacular tendencia alcista de largo plazo.

Esa disociación entre la opinión mediática y los mercados financieros se aprecia también en el dólar, que ha vuelto a subir esta semana y está ya en 1,14 dólares por euro, pese a que la sensación que tendríamos leyendo los titulares de las noticias es que Trump se ha metido en esta guerra en contra del estado mayor militar y sin haberla preparado debidamente. Se ha llegado a afirmar que Irán va a ser un nuevo Vietnam para Estados Unidos, pero ciertamente la fortaleza del dólar no parece reflejar una gran desconfianza hacia EE. UU. y su economía, más bien todo lo contrario.

En el ámbito del dinero privado digital, el bitcoin se mantiene por encima de los 70.000 dólares y parece estar haciendo suelo tras la fortísima caída que inició a finales de enero, lo que es otra señal más de estabilidad en los mercados financieros. Finalmente, el índice VIX de volatilidad ha subido, pero sin llegar a los niveles de otros momentos de tensión como la quiebra de Lehman o el Covid. El Vix cerró el viernes en 27,2 puntos, un nivel muy alejado de los casi 60 puntos que alcanzó en 2001 tras los atentados de las Torres Gemelas, o de los entornos de 80 puntos a los que llegó en 2008 tras Lehman o en 2020 con el Covid. Lejos también, al menos por el momento, de los 40 puntos que alcanzó en verano de 1998 con la crisis de la deuda rusa o en el 2011 con la crisis del euro. En general, se suele considerar que niveles de VIX por debajo de 20 sugieren estabilidad y niveles por encima de 30 apuntan hacia fuertes incertidumbres.

 

¿A qué nos mueve todo lo anterior?

Esencialmente a la lectura que hacíamos la semana pasada, es decir, a pensar que las bolsas no están viendo un problema sistémico ni en el conflicto de Irán ni en el crédito privado. Eso nos lleva a ver la actual corrección como una corrección que tenía que venir tras las fuertes subidas de las bolsas desde los mínimos de abril del pasado año, una corrección que es buena y que ha llegado por la guerra de Irán, pero podía haber llegado por cualquier otro motivo. Una corrección que tiene su raíz en la sobrevaloración a la que habían llegado en general las bolsas (y muy en particular el sector tecnológico) y que, por tanto, seguirá su curso, pero que no altera los elementos de fondo del mercado.

Aunque ahora preocupa la inflación, la realidad es que el problema de fondo es el crecimiento. Hay muchos elementos deflacionistas que provocan una cierta desaceleración de la economía norteamericana, como se vio el viernes pasado con la segunda lectura del crecimiento del PIB norteamericano del cuarto trimestre, que quedó en el 0,7% con una fuerte bajada sobre la estimación inicial del 1,4%, dejando el crecimiento de 2025 en el 2,1%. El mismo mensaje nos da el deflactor de gastos personales (PCE deflator) de enero que se publicó el jueves y que bajó al 2,8% en el índice general y al 3,1% en el subyacente, e igualmente el índice preliminar de sentimiento de confianza del consumidor de la Universidad de Michigan, publicado el viernes, que bajó ligeramente al 54,6 desde el 56,6 previo.

Seguimos pensando, por tanto, que lo importante es lo que pase con el crecimiento económico global y con los beneficios empresariales, y eso es algo que se irá viendo en los próximos meses pero, salvo sorpresas muy negativas en el conflicto de Irán, cabe ser relativamente positivo.

En situaciones como la actual abundan los análisis y las opiniones vagas e inconcretas, siempre en condicional, en el llamado modo “iffy” (¿… qué podría pasar si...?, ¿... podría venir una recesión si…?). Esos análisis son muy poco operativos y resultan absolutamente inútiles para los inversores. Al final hay que tomar decisiones y hay que dar opiniones que funcionen en el mercado y no solo en una tertulia. Por eso, aun a riesgo de equivocarnos, nuestra opinión es que la actual corrección debe ser aprovechada para incrementar posiciones en las compañías que nos gusten, sabiendo que normalmente no vamos a comprar en el mínimo, pero sí vamos a comprar buenos valores y activos a buenos precios, con la vista puesta en el medio y largo plazo.

Esta semana, Nvidia hace su siempre relevante conferencia GTC 26, en San José (EE. UU.). Además, hay varias reuniones de bancos centrales: la Fed el miércoles, y el BCE, Banco de Inglaterra y Banco de Japón el jueves. No cabe esperar muchas novedades y lo único importante es lo que pase en torno a Irán. Todas las opciones están abiertas, pero vemos más probable un desenlace positivo que evite convertir Irán en un problema sistémico de impacto estructural.