Ideas de inversión

Nuevo activo financiero: hipotecas sobre los chips de Nvidia

 

La financiación de la inteligencia artificial no podría entenderse sin el papel de Nvidia como impulsor de todo el ecosistema que le rodea. Su holgada posición de caja le ha ayudado, hasta ahora, a financiar tanto a sus clientes como a sus proveedores, acelerando el despliegue de las inversiones en la inteligencia artificial.

Nvidia utiliza una parte del dinero que obtiene vendiendo sus chips para realizar inversiones en el capital de algunos de sus clientes, especialmente los llamados neoclouds, o startups de la nube de inteligencia artificial. Algunas empresas de este tipo son CoreWeave, Lambda Labs o Nebius Group. Estas empresas, al contar con el respaldo de tener a Nvidia en su capital, lo tienen más fácil para acudir a las grandes entidades de Estados Unidos, como Blackstone, Magnetar o Apollo, para conseguir miles de millones de dólares en deuda privada utilizando los chips de Nvidia como garantía de los préstamos. Con esta nueva financiación, los clientes de Nvidia le compran más chips a Nvidia, quien puede repetir el ciclo.

Nvidia también financia a sus propios proveedores, como TSMC y SK Hynix, para asegurarse capacidad de producción en un mercado como el de obleas de silicio y empaquetamiento avanzado, marcado por la escasez.

Hasta ahora, Nvidia ha actuado de forma simultánea como proveedor, inversor, acreedor y avalista de sus propios clientes. Evidentemente, esta “financiación circular” ha facilitado el crecimiento de Nvidia. El principal riesgo que se atisba en los préstamos obtenidos por compañías como los neoclouds es la eventual depreciación tecnológica de los chips aportados como garantía frente a la mayor duración temporal de los préstamos. Así, en el caso de los préstamos multimillonarios, como los concedidos a CoreWeave u otros neoclouds, el plazo de los préstamos oscila entre cinco y diez años. El riesgo de que los chips de Nvidia aportados como garantía estén obsoletos antes de dicho plazo no es despreciable.

Si el deudor no puede hacer frente a los préstamos, los acreedores se quedarán con los chips que actuaban como garantía. Si estos no cubren la totalidad de la deuda pendiente, Nvidia actuaría como avalista de última instancia, ofreciendo una garantía de recompra de sus propios chips.

Ante las críticas sobre esta posible financiación circular, y tras el inicio de una investigación del Departamento de Justicia de Estados Unidos por sus prácticas comerciales, Nvidia anunció en agosto pasado un macroacuerdo de intenciones con seis grandes entidades financieras de Estados Unidos (Apollo, Blackstone, BlackRock, Brookfield, Goldman Sachs y KKR) para crear una plataforma que financie hasta 500.000 millones de dólares a empresas relacionadas con la inteligencia artificial.

La esencia del acuerdo es facilitar que los clientes de Nvidia puedan pedir préstamos utilizando los chips de Nvidia como garantía. Sería el equivalente a una hipoteca en la que, en lugar de un inmueble, la garantía recae sobre los chips de Nvidia.

Con este esquema, Nvidia no aporta los 500.000 millones de dólares del acuerdo, ni asume más deuda en su balance. Aun así, es clave el papel de Nvidia como avalista y garante de último recurso al comprometerse a cubrir hasta el 25% del riesgo crediticio de los proyectos aprobados por la plataforma. La exposición máxima teórica de Nvidia sería de 125.000 millones de dólares. Si la empresa receptora del préstamo no hiciera frente a los compromisos del préstamo, el prestamista se quedaría con los chips de Nvidia. Si estos se han depreciado por encima del límite pactado con el prestamista, Nvidia tendría que compensar económicamente a los bonistas por la diferencia.

Con este esquema, Nvidia y sus seis socios financieros de la “plataforma” creen haber convertido a los chips de Nvidia en un nuevo activo financiero.

Nvidia tiene el control sobre la plataforma donde se programa la práctica totalidad de la IA del mundo, llamada CUDA (Compute Unified Device Architecture). Controla entre el 85% y el 95% del mercado mundial de chips GPU (Graphics Processing Units) destinados a centros de datos y servidores de inteligencia artificial. Ello le permite garantizar que, incluso con actualizaciones de su software, sus chips GPU más antiguos seguirán siendo compatibles, aunque no sean tan rápidos como la última generación. Nvidia considera que sus chips son transferibles porque todo el mundo de la inteligencia artificial utiliza el lenguaje de CUDA, por lo que sus chips se convierten en transferibles y líquidos.

Dicho lo anterior, empresas como Google desarrollan parte de su inteligencia artificial sobre sus propios chips TPU (Tensor Processing Units) en parte de los procesos para ahorrar costes. De igual forma, Amazon Web Services utiliza sus chips Trainium y Microsoft sus chips Maia, aunque todos ellos siguen siendo dependientes de Nvidia.

Está por ver que los inversores realmente acepten los chips de Nvidia como un nuevo activo financiero. Con el apoyo de las grandes entidades financieras unidas al proyecto, es factible que se consigan levantar los 500.000 millones de dólares mencionados para seguir financiando la inteligencia artificial.

Mientras tanto, las noticias sobre los eventuales problemas de una neocloud como CoreWeave, con una fuerte caída de sus acciones y la cotización de sus bonos por debajo del 80% del nominal, así como el contagio a las cotizaciones de otras neoclouds, son una prueba de fuego para la sostenibilidad del esquema de financiación reinante hasta ahora. Nvidia se encuentra ante un dilema: si CoreWeave quiebra, sus ventas se resentirán; por el contrario, si Nvidia rescata a CoreWeave con una fuerte inyección de capital, confirmará el peligro de financiación circular. Actualmente, Nvidia controla algo más del 10% del capital de CoreWeave.