Aunque Estados Unidos se ha convertido en el mayor productor mundial de petróleo y sus importaciones de crudo desde Arabia Saudí apenas son una fracción de lo que fueron en las dos décadas anteriores, la relevancia de este país y de los demás países productores de petróleo de Oriente Medio sigue siendo capital para la hegemonía del dólar como moneda de reserva mundial.
Sin la historia no se entiende esta importancia. En 1971, Estados Unidos desvinculó el dólar del patrón oro, supuestamente de forma transitoria. En 1973, se produjo la gran crisis del petróleo, multiplicándose los precios del barril de petróleo por cuatro (de 2,9 a casi 12 dólares). En 1974, Estados Unidos y Arabia Saudí llegaron a un acuerdo por el que Arabia Saudí vendería su petróleo exclusivamente en dólares estadounidenses, reinvirtiendo parte de sus beneficios en la compra de bonos del Tesoro de Estados Unidos. Así nació el concepto de “petrodólares”, cuando se acordó que el petróleo cotizaría exclusivamente en dólares, independientemente de quién fuera el país comprador.
Como contraprestación, Estados Unidos garantizaba a Arabia Saudí su apoyo militar, la venta de armamento de última generación y la protección de los campos petrolíferos.
Al ser Arabia Saudí el principal y más influyente productor de la OPEP, arrastró al resto de países miembros de la OPEP a realizar la venta del petróleo en dólares. Tras la primera guerra del Golfo de 1990, Estados Unidos firmó acuerdos para la protección militar de Emiratos Árabes Unidos, Catar y Kuwait. Todos estos países, al igual que Arabia Saudí, han estado invirtiendo una parte de sus excedentes procedentes de las ventas de petróleo en bonos del Tesoro de Estados Unidos.
Al realizarse todas las transacciones de petróleo en dólares, se creó una demanda global de dólares, aunque no se fuera a comprar ningún producto estadounidense. Lógicamente, esta dinámica también creó demanda para activos financieros en dólares, principalmente para bonos del Tesoro de Estados Unidos.
Una parte esencial del pacto inicial que dio lugar a los petrodólares era la protección militar de Estados Unidos a Arabia Saudí, posteriormente extendida al resto de países del Consejo de Cooperación del Golfo (o GCC por sus siglas en inglés). Es evidente que, tras lo vivido en la actual guerra con Irán y tras los últimos ataques de los rebeldes hutíes a suelo saudí, dicho paraguas de seguridad no está funcionando según lo previsto.
Es relevante la puesta en marcha en agosto pasado del llamado “Pacto de la Meca”, por el que Turquía, Paquistán y Arabia Saudita se comprometen a un pacto de defensa mutua, considerando que un ataque a uno de ellos será considerado como un ataque contra todos.
Adicionalmente, China es, de lejos, el principal comprador del crudo saudí. Sabiendo que ni Arabia Saudí ni el resto de los países productores del golfo desean acumular yuanes procedentes de sus superávits comerciales con China, el gigante asiático ha realizado varios movimientos: por un lado, en 2018 su mercado de energía de Shanghái creó un futuro de petróleo denominado en yuanes, en lugar de en dólares; adicionalmente, China facilita a estos países con superávit comercial frente a él, el convertir dichos yuanes excedentes en oro físico. Así se ha creado el “petroyuán convertible en oro”.
Hasta ahora, los países productores de petróleo han intercambiado un recurso natural finito, como el petróleo, por una promesa de pago futuro emitida por el Tesoro estadounidense, sujeta a vaivenes políticos e incluso susceptible de ser congelada, o incluso confiscada.
China ofrece una alternativa a los países del golfo para reducir su dependencia del dólar, sin que se vean obligados a tener exposición al yuan, al recibir, en última instancia, un activo, el oro físico, que no tiene riesgo de contrapartida.
Hace apenas siete años, los inversores extranjeros controlaban el 41% del total de la deuda emitida por el Tesoro estadounidense. Hoy dicho porcentaje se ha reducido al 29%, no porque los extranjeros hayan reducido su posición en términos absolutos, sino porque la deuda se ha incrementado mucho más que las nuevas compras de los extranjeros.
Mantener una fuerte demanda global de dólares es fundamental para la sostenibilidad de las finanzas estadounidenses. Una parte relevante de la hegemonía de Estados Unidos se basa en la permanencia del dólar como moneda de referencia en el comercio mundial, empezando por los mercados energéticos.
Visto lo anterior, se entienden las amenazas lanzadas por Estados Unidos contra aquellos países que dejen de utilizar el dólar en sus transacciones comerciales internacionales. Han sido reiteradas las amenazas de aranceles del 100% a los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica y seis países más) si creaban su propia moneda o sustituían al dólar por otra divisa de intercambio. La efectividad de estas amenazas a largo plazo es muy dudosa o, incluso, contraproducente.
El actual conflicto del Golfo Pérsico, además de ser una tragedia por la pérdida de vidas humanas, tiene numerosas derivadas económicas que pueden erosionar el papel del dólar. Por eso es tan vital la defensa de Oriente Medio para Estados Unidos.