Que el S&P haya cerrado por primera vez en su historia por encima de los 7.500 puntos el pasado jueves, que el Nasdaq haya cerrado junto con el S&P ocho semanas consecutivas al alza o que el Dow Jones cerrase el viernes en un nuevo récord histórico por encima de los cincuenta mil puntos (exactamente en 50.579,7 puntos) no son, en sí mismas, pruebas inequívocas de que hay una burbuja en la Bolsa, pero lo que sí se aproxima más a lo que normalmente llamamos burbuja es lo que está pasando en torno a la inteligencia artificial (IA).
La subida esta última semana de un 5,67% del ETF que refleja al conjunto de compañías del sector de semiconductores (el iShares Semiconductor SOXX) es la última de una serie de alzas que han llevado al SOXX a acumular una ganancia del 78,4% desde el 1 de enero y del 165,3% en los últimos doce meses. De nuevo, estas subidas, por muy parabólicas que sean, no se pueden calificar automáticamente de burbuja. Pero si unimos los datos anteriores al espectáculo desatado en torno a la salida a Bolsa de SpaceX, OpenAI y Anthropic, tres empresas que van a colocar con absoluta facilidad casi dos billones de dólares (trillions americanos), porque los inversores de todo el mundo se pelean para conseguir aunque sea una pequeña fracción de esos dos billones, dando por sentado que las proyecciones de crecimiento soportan cualquier valoración por alta que sea, la idea de una burbuja es mucho más obvia.
Y es también bastante obvio que los inversores no quieren bajarse del tren en marcha o, dicho de otra forma, no quieren quedarse fuera, haya o no burbuja, porque creen que la fiesta seguirá y, como dijo en 2007 el entonces CEO de Citigroup, Chuck Prince, mientras suena la música hay que seguir en la pista de baile (“while the music is on, you have to get up and dance”). Porque, además, por mucho que el legendario inversor Michael Burry lo haya argumentado con números muy bien analizados, nunca es obvio que haya una burbuja. Y menos ahora, cuando nadie sabe cuánto va a dar de sí la IA.
Por todo lo anterior, la IA no solo es el sector que va en cabeza, muy por delante de los demás, sino que además su onda expansiva se traslada de forma amplia, en parte por la relación “circular” y las interconexiones que hay entre las grandes compañías de inteligencia artificial y, en parte, por el efecto contagio de las subidas, ya que una parte del dinero que sale de los valores que han subido mucho se invierte en los rezagados. Así, la semana pasada hemos visto al Nikkei subir un 3,1% ayudado por SoftBank, que ha subido un 17,6% al tener una fuerte posición en OpenAI. Más llamativo aún es el caso del Kospi coreano, que ha subido un 4,7% esta última semana y acumula ya un alza del 202% en el último año, en este caso muy ayudado por Samsung, que es uno de los grandes fabricantes de chips en el mundo. Las bolsas europeas también suben: el Eurostoxx un 3,3% en la semana, el Dax un 3,9%, el Cac y nuestro Ibex un 2,1%.
Pero la atención sigue estando, sobre todo, en la inteligencia artificial, en los semiconductores y en las compañías de almacenamiento de memoria. Y dada la mencionada “circularidad” e interdependencia entre las empresas que forman parte de ese ecosistema, es importante ver lo que ha pasado con Nvidia, que presentó sus resultados del primer trimestre el pasado miércoles al cierre del mercado. Los números fueron, como se esperaba, espectaculares, con los ingresos subiendo un 85% y el beneficio interanual subiendo un 211%. Pero la recepción bursátil a esos números fue fría y la cotización de Nvidia ha bajado un 4,4% en la semana, pese a que la compañía anunció un importante aumento del dividendo y de los programas de recompra de acciones. Como ya hemos dicho muchas veces, cuando todo lo mejor está descontado hacen falta noticias realmente extraordinarias para que suba la acción. Es lo mismo que pasó en Palantir hace dos semanas tras presentar resultados.
Lo interesante de esta fría reacción de las bolsas a los números de Nvidia es que podría estar señalizando el inicio de una corrección en el sector, que tendría impacto sobre los índices dado el enorme peso que estas compañías tienen en la capitalización. Esa posible corrección la estaría señalizando también Alphabet, que ha recortado un 3,5% en la semana, y Meta, que ha caído un 0,6%. Tal vez estas caídas van unidas a las salidas a Bolsa de SpaceX, OpenAI y Anthropic, que exigirán a muchos inversores vender sus acciones de las compañías ya cotizadas, como Nvidia, AMD, Micron o Broadcom, por citar solo algunas. En todo caso, hay que esperar para ver si el movimiento correctivo se extiende porque hemos visto a Amazon subiendo un 0,8% en la semana y a Apple subiendo un 2,8%. Por tanto, la corrección por ahora no es generalizada.
La otra gran compañía que ha presentado sus cifras esta semana ha sido Walmart, lo que nos da pie a hablar de la economía de la calle, la llamada “Main Street”. Los resultados de Walmart fueron peores de lo esperado. La culpa es, según la compañía, de la presión que los consumidores empiezan a notar por la subida del gas y la gasolina, una presión que podría continuar o incluso elevarse aún más en el segundo trimestre. Walmart fue bastante clara al expresar sus dudas sobre la fortaleza de los consumidores americanos, sobre todo si los precios de la energía siguen subiendo. Walmart ha caído un 8,5% en la semana y ha sido el peor valor del Dow Jones pero, a pesar de ello, el Dow ha conseguido subir con fuerza por IBM, que se ha anotado un 15,75% en la semana y, además, pesa más del doble que Walmart en el índice, dado el peculiar sistema de ponderación por precios que se utiliza para calcular las variaciones del Dow Jones (la cotización de IBM es 253,8 dólares y la de Walmart es 120).
El tercer tema de la semana, junto a Nvidia y a Walmart, ha sido la Reserva Federal. Kevin Warsh tomó posesión el viernes y reiteró ante un Donald Trump, que curiosamente le pidió independencia (“do your own thing”), la idea ya anticipada en su audiencia en el Senado de un “cambio de régimen” en la Fed. De momento, las actas de la última reunión, que se publicaron el pasado miércoles, reflejan una notable preocupación por la inflación, lo que puede complicar a Warsh su plan de bajar tipos y también tiene complicado reducir el balance de la Fed mientras el déficit público siga desbocado. Con los tipos del bono del Tesoro a diez años en el 4,56% y los del bono a 30 años en el 5,06% Warsh tiene una labor complicada, que lo puede ser aún más si la inflación sigue al alza.
En resumen, vemos indicios todavía muy preliminares de un posible “cansancio” en el sector de la inteligencia artificial y semiconductores, vemos amenazas sobre el consumo y, por tanto, sobre el crecimiento. Y vemos una complicada situación del Tesoro estadounidense, que sería incluso más complicada si mirásemos a los Tesoros europeos donde, además, el mercado descuenta ya tres subidas de tipos de aquí a fin de año.
Esta semana se abre con la expectativa de un acuerdo en Irán que, según las declaraciones oficiales, parece estar cerca y que, de producirse, podría dar un impulso adicional a las bolsas. De momento, el petróleo abre la semana bajando por debajo de los cien dólares, tanto en el crudo ligero (WTI) como en el Brent.
Además, hay datos importantes de inflación en Estados Unidos con la publicación del deflactor de gastos personales (PCE deflator) de abril el jueves. Se publican también la confianza del consumidor de la Conference Board el martes y la segunda lectura del PIB norteamericano del primer trimestre el viernes. Quedan todavía algunos resultados interesantes como Salesforce o Costco. En Europa, se publican también datos preliminares de inflación y de confianza del consumidor.
Los inversores tendrán que elegir entre evitar el riesgo de la burbuja, si la hubiese, o quedarse dentro, asumiéndolo, junto con la posible subida de tipos que el mercado da como segura. Cuando la subida es vertical nadie quiere moverse, pero si empieza a haber dudas, como las que ha habido con Nvidia y con Walmart, las tentaciones de abandonar por un rato la pista de baile pueden ser grandes.