Cien días después del inicio de la guerra de Irán, la economía global no está tan mal como algunos habían pronosticado. Es verdad que el crecimiento económico da señales de ralentización, con el PIB de la zona euro cayendo un 0,2% en el primer trimestre del año y el PIB de Estados Unidos creciendo un 1,6%, por debajo de las previsiones. Y es verdad también que la inflación ha subido en Estados Unidos al 3,8%, según el último dato conocido, correspondiente a abril, y ha subido también en la zona euro al 3,2%, según la lectura preliminar de mayo, que conocimos el pasado martes.
Pero esos datos están lejos de sumir al mundo en una recesión o en una estanflación. Y el petróleo se mantiene por debajo de los 100 dólares tres meses después del cierre del estrecho de Ormuz, un cierre que, según algunos, iba a llevar el precio del barril por encima de los 200 dólares. El crudo ligero americano cerró el pasado viernes en 90 dólares y el Brent en 93 dólares, sin que haya por el momento señales de esa gran crisis energética que, según la Agencia Internacional de la Energía, iba a ser nada más y nada menos que la mayor de la historia.
Si miramos el impacto de la guerra de Irán en las bolsas, los índices bursátiles asiáticos y norteamericanos están, en general, bastante por encima del 28 de febrero, día del ataque, aunque los europeos y algunos emergentes están por debajo. Por dar solo algunos datos, el S&P está un 9% por encima, el Nasdaq y el Nikkei, más de un 15%, y el Kospi coreano, un 35%. En Europa, el Stoxx 600 pierde un 2% desde la guerra; el Dax alemán, un 1,6%, y el Cac francés, un 4,3%. Son caídas poco relevantes, sobre todo si consideramos que Europa es la gran perjudicada por la guerra, dada su dependencia energética.
En medio de esa apacible calma, las bolsas iniciaron la primera semana de junio con el mismo guion, a saber, alzas lideradas por las compañías tecnológicas, sobre todo las vinculadas a semiconductores y a almacenamiento y gestión de memoria, que suben sin parar, lo que ha llevado a dos nuevas compañías, la norteamericana Micron y la surcoreana SK Hynix, a superar la valoración bursátil de un billón (millones de millones o trillones americanos) de dólares, incorporándose al club de compañías “trillonarias”. Un club que, según el fundador y CEO de Nvidia, el todopoderoso Jensen Huang, debería ampliarse pronto con nuevas empresas. Huang afirmó el pasado martes, en la conferencia Computex celebrada en Taipéi bajo el lema “All together”, que Marvell será la próxima empresa en valer un billón de dólares, porque, según Huang, la tecnología de conectividad y redes de Marvell es indispensable para el desarrollo a gran escala de la IA. Ese comentario hizo subir de inmediato la cotización de Marvell más de un 30%.
Sin embargo, el viernes, en una sesión que empezó con el Dow Jones marcando un nuevo máximo histórico intradiario en 51.660 puntos, llegó inesperada y bruscamente la corrección de las grandes tecnológicas, que arrastró al resto del mercado. La caída de las grandes tecnológicas se fue acelerando a lo largo de la sesión y, al final, el Nasdaq 100 cayó un 4,8%; el Nasdaq Composite, un 4,2%; el S&P, un 2,5%, y el Dow Jones, un 1,3%. Pero sobre todo cayeron las grandes compañías tecnológicas de IA y de software. La que más cayó en la sesión fue precisamente la ya mencionada aspirante a “trillion dollar company”, Marvell, que se dejó nada más y nada menos que un 16,7%. Si bien hay que decir que, a pesar de ello, ha logrado subir un 28,5% en la semana y sigue acumulando una impresionante ganancia en lo que va de año de un 210%.
Si en nuestro anterior comentario decíamos que el viernes 29 de mayo hubo varias grandes tecnológicas que subieron más de un 10% en la sesión, tan solo una semana después lo que ha sucedido en la sesión del viernes 5 de junio es justo lo contrario, ya que un buen número de compañías tecnológicas perdieron el 10% o más en la sesión y otras, sin llegar a los dos dígitos, sufrieron también pérdidas considerables. Micron bajó un 13,2%; Intel, un 11,3%; Advanced Micro Devices (AMD), un 10,9%; Oracle, un 9,6%; Taiwan Semiconductor, un 6,7%; Hewlett Packard, un 8,4%; Dell, un 6,5%; Nvidia, un 6,2%, y Broadcom, un 7,9%. El índice de semiconductores SOX llegó a caer más de un 10%, en su peor sesión desde 2020.
¿Cuál fue la causa de la caída de las grandes tecnológicas el viernes?
En realidad, no hubo una sola causa, sino varias. La primera, los resultados y la guía de negocio (guidance) de la ya mencionada Broadcom, que, con su capitalización cercana a dos billones de dólares (trillions americanos), es una de las grandes referencias de la inteligencia artificial. Los números de Broadcom y las previsiones a futuro que dio no fueron malos, pero en una compañía que capitaliza casi dos billones de dólares, que cotiza con un multiplicador de beneficios (PER) de 64 veces y que desde el pasado 30 de marzo ha subido más de un 30%, el mercado exige mucho y los números tienen que ser no solo buenos, sino muy buenos. Broadcom cayó un 15% el jueves y, como ya hemos dicho, otro 7,5% el viernes, contagiando al sector de semiconductores. El Kospi surcoreano, muy apoyado en Samsung y en otras empresas de semiconductores, cayó más de un 5% en la madrugada del viernes, anticipando la fuerte caída del Nasdaq unas horas después.
La segunda causa fue el informe de empleo americano de mayo, publicado al inicio de la sesión, que arrojó una creación de 172.000 nuevos empleos, el doble de lo esperado, confirmando así el buen “momentum” del mercado laboral en Estados Unidos, que ya había sido anticipado por la encuesta privada ADP.
La tercera causa va unida a la anterior, y es que los inversores pensaron que la Reserva Federal podría mantener los tipos altos durante más tiempo o incluso volver a subirlos, y eso provocó una subida de las rentabilidades de los bonos, con el tipo del T bond (bono del Tesoro americano a diez años) superando el 4,5%.
Cuando los tipos suben, las compañías tecnológicas suelen sufrir más porque gran parte de su valoración depende de beneficios futuros a largo plazo, que se descuentan a tipos más altos.
Tras la brusca caída del viernes, la pregunta que flota en el ambiente es si estamos viendo el inicio del pinchazo de la presunta burbuja de la IA y el fin del ciclo alcista de las tecnológicas, o si se trata tan solo de una corrección de los excesos, de un alto en el camino necesario y saludable, dentro de un superciclo largo de las tecnológicas que todavía tiene recorrido. Aun a riesgo de equivocarnos, optaríamos por esta última idea, la de la corrección que no pone fin al ciclo alcista de largo plazo. Ahora bien, esa corrección normalmente no debería quedarse en las caídas del viernes: se requiere una mayor profundidad y amplitud en la eliminación de los excesos. Si comparamos los recortes de la semana pasada con las subidas de las semanas previas, vemos que la limpieza ha sido muy limitada. Lo cual no significa que tenga que haber un “crash”; el “crash” no es la única forma de corregir los excesos.
Lo que significa la caída del viernes, a nuestro juicio, es que, en lo que a las tecnológicas se refiere, la etapa de la locura alcista y de los saltos exponenciales de valor en pocas horas puede haber finalizado, dando paso a una etapa más sosegada y lateral en las tecnológicas, y a una rotación del dinero hacia valores más tradicionales, valores de calidad que han quedado olvidados por un dinero que solo ha tenido ojos para la IA. No vemos, por el momento, insistimos, que aun a riesgo de equivocarnos, escenarios tipo “crash”, al estilo de lo que pasó en el 2000 con las empresas “puntocom”.
Una posible señal de que el ciclo de alzas explosivas va terminando y de que se puede estar avecinando un nuevo escenario más tranquilo de consolidación lateral es que Alphabet decidiese la semana pasada emitir nada más y nada menos que ochenta mil millones de dólares en nuevas acciones para financiar inversiones en IA. El movimiento de Alphabet, al que, según algunos “insiders”, podría seguir el de otras grandes tecnológicas, nos confirma, por un lado, que la IA es ya imparable, pero también, por otro lado, que los grandes gigantes de la tecnología quieren aprovechar el “momentum” para captar más capital y no quieren arriesgarse a que baje el interés inversor hacia el sector.
A más corto plazo, es también difícil responder a la pregunta de si la corrección de casi el 5% de la semana pasada en el Nasdaq 100 va a tener otra pata de caída adicional, hasta el 10%. Aunque a medio plazo sí pensamos que la corrección debería continuar, a corto nos inclinamos a pensar que van a aparecer compradores con la idea de aprovechar la caída. Más aún cuando esta semana en Estados Unidos sale a bolsa SpaceX, una salida que el sector no puede permitir que fracase, y cuando hay cierta sensación de que puede haber avances definitivos hacia una solución, aunque sea provisional, en la guerra de Irán, lo que implicaría la apertura del estrecho de Ormuz. Si esto se produce, podríamos ver un giro al alza en las bolsas.
En Europa, lo más relevante es que se reúne el BCE y que se da por sentado que subirá los tipos, aunque algunos (entre los cuales nos incluimos) piensen que es un error similar al que cometió el BCE de Trichet en 2008 y luego en 2011, cuando subió tipos para combatir la inflación, viéndose obligado a bajarlos casi a continuación en ambos casos, tras fuertes convulsiones en los mercados.
En definitiva, el camino del S&P hacia los 8.000 puntos se ha parado en seco, por el momento, el viernes, pero tarde o temprano volverá. Ahora lo que toca es ver hasta dónde puede llegar la corrección de las “trillion dollar companies”.