Ideas de inversión

La IA no es gratis, aunque lo parezca

 

Existe un error muy generalizado en asimilar el desarrollo que tendrá la IA, con el desarrollo que ha tenido internet desde su explosión a finales de los noventa hasta nuestros días.

Estamos acostumbrados a un internet prácticamente gratis o basado en económicas tarifas planas con las que el uso de internet es prácticamente ilimitado. Los correos electrónicos o los mensajes de WhatsApp o de cualquier otra red social pueden ser tan numerosos como se desee, sin que supongan ningún coste adicional para el usuario. Existe la ilusión de que los servicios en internet son ilimitados y gratuitos.

Para el proveedor del servicio de internet, el coste marginal de enviar un email o un mensaje en una red social es prácticamente cero. El servidor procesa el texto, lo almacena y lo reenvía con un consumo mínimo.

Son numerosos los proveedores, como Google con Gmail, Microsoft con Outlook y Hotmail, o Apple con iCloud Mail, que ofrecen cuentas de correo electrónico sin un pago explícito por parte del usuario. Parece un servicio gratuito.

Esta sensación de “servicios gratuitos de internet” es posible porque el coste para el proveedor de los servicios de cada interacción de los usuarios es marginal, además de existir un negocio basado en el procesamiento de los datos de los usuarios que le permite segmentar audiencias y vender espacios publicitarios de más valor. En otras palabras, el usuario paga con sus datos. El producto es el usuario.  

El desarrollo de la IA no puede tener una evolución similar a la de internet, porque el coste de cada consulta a la IA es elevado. Se estima que una sencilla consulta a la IA consume, al menos, entre 5 y 10 veces más energía que una consulta a un buscador tradicional como Google. Las consultas a los modelos de razonamiento avanzados de IA implican que hardware y chips especializados y costosos consuman energía real para generar la respuesta a dicha consulta.

El coste de un email es de una fracción de un céntimo de euro en infraestructura, mientras que una consulta compleja a la IA puede costar decenas de céntimos en infraestructura y consumo energético.

Hasta ahora, los grandes proveedores de modelos de IA, ChatGPT, Claude y Gemini, han estado subvencionando los servicios de IA para captar suficiente cuota de mercado, a la vez que realizan compromisos de inversiones mil millonarias en nuevos centros de datos para poder incrementar sus servicios. Todavía hoy, la mayoría de las tarifas planas aplicadas a los servicios de IA no cubren costes, y solo buscan obtener una masa crítica de usuarios. El razonamiento es el siguiente: subvencionar la demanda para ganar cuota de mercado, fidelizar a los usuarios, para posteriormente monetizar.

Las tarifas planas, como existen en internet, no son sostenibles en los servicios de la IA. Se acabará imponiendo el pago por consumo: bien a través del cobro por tokens consumidos, bien por el número de tareas ejecutadas, o bien por el tiempo de inferencia, o de “pensamiento” del sistema.

Los grandes proveedores de IA ya están virando hacia modelos de pago por uso. OpenAI, Anthropic, Microsoft y Google han comenzado a aplicar cambios en sus políticas de precios hacia modelos basados en el uso o en el consumo de tokens.

Ya existen numerosas grandes empresas, principalmente en Estados Unidos, que empiezan a limitar y racionalizar el uso indiscriminado de la IA en sus organizaciones. Algunos ejemplos recientes: Amazon pide a sus empleados que no utilicen la IA solo por usar la IA, tras pagar facturas desorbitadas; Uber consume en cuatro meses todo el presupuesto anual de IA, y su director de operaciones se cuestiona si realmente merece la pena; Microsoft ha cancelado las licencias de Claude Code distribuidas a sus ingenieros por considerar que son muy caras, redirigiéndoles al uso de Copilot de la propia Microsoft.

Que una de las empresas que más ha invertido en el mundo en IA, como Microsoft, que además es accionista de OpenAI, restrinja el uso de la IA entre sus propios empleados por el coste que supone, es una prueba de que el modelo de costes cero para el usuario, como el email o el WhatsApp, o permanentemente subvencionado, no es viable en el desarrollo de la IA. 

Dicho todo lo anterior, la economía del futuro, también del futuro inmediato, estará marcada por el desarrollo de la IA. Ninguna empresa que quiera sobrevivir a la competencia puede permitirse no utilizar la IA introduciéndola en sus procesos.

Aun así, la IA no es gratis y, según se vayan implementando las tarifas de pago por uso, será fundamental analizar el coste-beneficio de los distintos usos que cada empresa dé a la IA.  

Al margen de lo comentado, dos de las principales empresas proveedoras de servicios de IA, OpenAI y Anthropic, se preparan para cotizar en la bolsa estadounidense con valoraciones cercanas al billón (con doce ceros) de dólares. Para que salgan las cuentas a ambas empresas, la monetización de las inversiones realizadas y programadas es una necesidad. La percepción de gratuidad de internet no es aplicable a la IA.