Las dos sesiones iniciales del semestre han hecho honor a la merecida fama que tiene julio, sobre todo en su primera mitad, de ser un mes alcista para las bolsas, y ello a pesar de las correcciones que seguimos viendo en algunas compañías tecnológicas vinculadas a la inteligencia artificial. Las bolsas inician, por tanto, el verano con buen tono, tras un primer semestre que ha sido histórico para los mercados por muchos motivos y que ha culminado con la espectacular salida a bolsa de SpaceX.
En concreto, en esta semana a caballo entre junio y julio, el Dow Jones ha subido un 2%, cerrando la semana en 52.900 puntos, un nuevo máximo histórico. El S&P 500 ha avanzado un 1,7% y el Nasdaq Composite, un 2,1%. En las bolsas europeas, las subidas han sido incluso mayores: el Eurostoxx 50 alcanzó su máximo histórico el pasado viernes, tras subir un 3,1%; el Dax avanzó un 4,5%; el Ibex, un 2,2%; el Mib, un 3%; y el Cac, un 1,5%. En Asia, el Nikkei ha subido un 0,5% y está ya a las puertas de los setenta mil puntos, mientras que el Kospi coreano ha sufrido una caída semanal del 3,8%, sobre todo por SK Hynix y Samsung, a pesar de que en la sesión de cierre semanal del viernes intentó borrar esas pérdidas y subió un 5,7%.
La corrección del Kospi coreano va muy unida a la ya mencionada caída que están experimentando las empresas vinculadas a la inteligencia artificial (IA). Y es precisamente esa corrección, y la forma en que se está produciendo, la que nos da, a nuestro juicio, las claves para entender lo que ha pasado en los mercados estos últimos meses y también por qué no acaba de llegar el, por algunos tan esperado, desplome de las bolsas.
Los argumentos para esperar el desplome bursátil no son despreciables. El entorno geopolítico, a cuya complejidad natural se une la dificultad adicional creada por ese personaje singular llamado Trump; la amenaza de que la inflación se dispare por la subida de las materias primas; la amenaza alternativa y un poco contradictoria de una desaceleración económica por la caída del consumo, y los claros síntomas de burbuja en algunos segmentos de la inteligencia artificial son factores que podrían desencadenar una súbita caída de las bolsas. De hecho, en algunas sesiones de la segunda mitad de junio hemos visto caídas repentinas en algunas compañías (Micron, Broadcom, SoftBank, SK Hynix, Oracle, Nvidia…) y en algunos mercados (Kospi, Nikkei, Nasdaq…) que han llevado a muchos a pensar que se acaba el ciclo alcista y comienza el bajista.
Tal vez el error sea interpretar lo que está pasando en las bolsas desde el ángulo del ciclo, del clásico “boom and bust”, en lugar de hacerlo desde el ángulo de la profunda transformación que está experimentando el mundo y seguirá experimentando. Desde hace años, las bolsas vienen tratando de acertar la dirección de fondo de esa profunda transformación y, de forma sucesiva y a la vez dubitativa, porque el futuro nunca es del todo previsible, van colocando sus apuestas en distintos valores y sectores.
Primero lo hicieron apostando de forma muy clara por las llamadas “cinco magníficas”, que luego pasaron a ser siete (7 MAG), para fijarse después, de forma un tanto obsesiva y tal vez exagerada, en las compañías de almacenamiento de memoria y de semiconductores, como Nvidia, Broadcom, Marvell, AMD, Arm y Micron, entre otras.
Como ya sucedió a finales del siglo pasado con las llamadas “puntocom”, y como siempre ha ocurrido en las bolsas a lo largo de su historia, esas apuestas por ciertas compañías o sectores que se consideran “transformadores” y altamente innovadores tienen una primera fase de fascinación, en la que se generan excesos. Después llega una fase de mayor sosiego y digestión, en la que esos excesos se corrigen, entrando luego las compañías que sobreviven y logran ser ganadoras en una larga etapa de creación de valor. Amazon es un buen ejemplo de esas tres fases.
Ahora estaríamos entrando en la fase de “digestión” de las fuertes subidas y de los excesos que hemos visto en las empresas de la IA. Y por eso vemos cómo, por ejemplo, la semana pasada Micron ha bajado un 13,8%, Broadcom ha cedido un 1,2% y AMD ha retrocedido un 0,7%. Sin embargo, y esto es lo interesante, el Nasdaq ha subido un 2,1% en la semana, porque han tomado el relevo alcista otras compañías, entre ellas algunas de las originales “cinco magníficas”. Apple ha subido un 8,7%, Meta Platforms casi un 6%, Alphabet un 6,6%, Microsoft un 4,7% y Amazon un 4,3%. Ha habido relevo.
Lo mismo ha pasado y puede seguir pasando en otros índices. Si tomamos, por ejemplo, el Eurostoxx, es fácil pensar que valores que han caído mucho en lo que va de año, como SAP, Volkswagen, BMW, Mercedes-Benz, Rheinmetall, LVMH o Hermès, podrían tomar el relevo si los que han subido muchísimo, como ASML, AB InBev, Bayer, Iberdrola, TotalEnergies o Santander, empezasen a corregir o consolidar. O, en el Ibex, valores como Amadeus, Rovi, Grifols o Fluidra podrían tomar el relevo si otros como ArcelorMittal, ACS, Acciona, Repsol o Merlin Properties entrasen en fase lateral o bajista.
Ese escenario de corrección y rotación ordenada es una alternativa al “crash” y tiene sentido si vemos las bolsas desde la óptica de la transformación. Tal vez sea el escenario del verano.
Esta reflexión viene muy a cuento tras ver cómo el mercado ha pasado de descontar una subida de tipos en Estados Unidos a recibir con alivio la publicación, el pasado jueves, del débil dato de empleo estadounidense de junio, precisamente porque aleja ese temor. El nuevo presidente de la Fed, Kevin Warsh, en su primera aparición pública fuera de EE. UU. desde que asumió la presidencia a mediados de mayo, dijo en la reunión de banqueros centrales de Sintra que los riesgos de inflación han bajado en las últimas semanas y cambió el tono restrictivo de la Fed en la reunión del pasado 17 de junio, adoptando un tono ligeramente “dovish”.
A la espera de la publicación de los resultados empresariales del segundo trimestre, cuya temporada arranca de lleno la semana próxima, lo más relevante será la publicación de las actas de la última reunión de la Fed. Apostaríamos, aún a riesgo de equivocarnos, por una semana tranquila.