Ideas de inversión

La inminente revolución en la Fed

 

El nuevo presidente de la Fed, elegido por Trump, pretende llevar a cabo una verdadera revolución dentro de la Reserva Federal. Los cambios que pretende implementar suponen una ruptura con las políticas aplicadas por la autoridad monetaria de Estados Unidos durante los últimos veinte años.

Aun asumiendo el doble mandato de la Fed, estabilidad de precios y maximización del empleo, la forma de aplicar las medidas de política monetaria variará significativamente respecto a las políticas seguidas en las dos últimas décadas.

Lo primero que ha hecho ha sido crear cinco grupos de trabajo, incluyendo en cada uno de ellos a figuras internacionales de indudable prestigio externas a la Fed, como Mervyn King, exgobernador del Banco de Inglaterra, algún premio Nobel, numerosos catedráticos de universidades, además de ejecutivos de grandes empresas.

Las conclusiones de estos grupos de trabajo se conocerán antes de final de año y, previsiblemente, marcarán la línea de actuación de la Fed en cada uno de los campos analizados. Es fácil intuir cuáles serán las conclusiones de algunos de estos grupos con base en declaraciones ya realizadas por el propio Warsh.

El primer grupo es el de “Comunicación”. La intención clara es dejar de dirigir al mercado con preavisos de hacia dónde se dirige la política monetaria de la Fed. De momento, Warsh ya ha suprimido la orientación sobre la trayectoria de los tipos o forward guidance. “Nada de orientación futura sobre la política de tipos de la Fed”, de acuerdo con las propias palabras de Warsh. También podría desaparecer el “mapa de puntos” o dot plot, en donde se recoge la opinión de cada miembro con derecho a voto de la Fed respecto de dónde se situarán los tipos de interés a corto, medio y largo plazo. Este mapa de puntos fue introducido en 2012 por Bernanke y su fin podría estar cerca.

El segundo grupo de trabajo se refiere a la “Política de Balance de la Fed”. Analiza los beneficios y riesgos de la composición de este balance. Uno de los objetivos declarados por Warsh es reducirlo de forma significativa. Ya en marzo de este mismo año la Fed realizó un informe sobre cómo reducir el balance y sus consecuencias. Esta es una de las piezas clave de la previsible nueva política de la Reserva Federal.

El informe mencionado estima que la Fed podría reducir su balance entre 1,2 y 2,1 billones de dólares, aunque llevaría al menos un año poner en marcha dicha política. Además, se señala que se debería realizar de forma lenta para asegurarse de que los mercados financieros pueden absorber la reducción del balance de la Fed.

Se pretende que la reducción del balance de la Fed vaya acompasada con un incremento de los balances del sector privado, especialmente de la banca. Para ello es imprescindible una modificación de la regulación bancaria en cuanto a los requerimientos de las distintas ratios.

Los motivos señalados para reducir el balance de la Fed son varios. Entre ellos: reducir el peso de la Fed en la economía, al entender que un elevado balance como el actual distorsiona los precios del mercado; evitar la laxitud del gasto y del déficit público, al ser un importante comprador de deuda.

El tercer grupo es el de las “Fuentes de Datos”. Intenta mejorar la calidad y la relevancia de los datos económicos necesarios para la toma de decisiones de política monetaria. Hay que ser conscientes de que muchos de los datos económicos relevantes como la propia inflación o el PIB son abstracciones o aproximaciones, de tal forma que en función de la forma de calcularlos los resultados son unos u otros. A modo de ejemplo, aunque parezca increíble, en Europa se incluye en el cálculo del PIB la estimación de la aportación de la prostitución, el tráfico de drogas, el contrabando de tabaco o el juego ilegal. Estados Unidos no incluye estas partidas en sus cuentas nacionales.

El cuarto grupo de trabajo se refiere a la “Productividad y el Empleo”, teniendo como misión estudiar el impacto de las nuevas tecnologías (principalmente la inteligencia artificial) sobre la productividad y el empleo. Warsh ya ha expresado su convicción de que la IA permitirá aumentar significativamente la productividad de los trabajadores y ayudará a rebajar las tensiones inflacionistas, sin que necesariamente sustituya el trabajo existente. Los miembros de este grupo de trabajo tienen una visión similar a la de Warsh.

El quinto grupo se denomina “Marco de Inflación”. Warsh ya ha manifestado que prefiere sustituir el actual indicador de inflación utilizado por la Fed por otro indicador que refleje mejor las tendencias inflacionistas de fondo.

Actualmente la Fed utiliza como indicador principal de la inflación el PCE subyacente, es decir, el índice de precios de los gastos de consumo personal excluyendo los componentes de energía y alimentos, por considerar que los precios de estos componentes son muy volátiles y pueden distorsionar la lectura adecuada de la tendencia de la inflación. Warsh plantea excluir adicionalmente otros componentes cuyas variaciones de precios puedan ser volátiles o extremas, al alza o a la baja.

Este indicador, denominado “media recortada del PCE” (Trimmed Mean PCE Inflation Rate), ya lo calcula la Fed de Dallas. La gran diferencia reside en que el indicador actual seguido por la Fed se sitúa en el 3,4%, mientras que el indicador sugerido por Warsh está en el 2,4%. De cambiarse de indicador de referencia de la inflación, no harían falta subidas de tipos, abogando incluso por alguna bajada.

No será fácil ni inmediata la revolución que pretende hacer Warsh en la Fed, pero los inversores deben ir acostumbrándose a esta nueva política. Será difícil desenganchar a los mercados financieros de la adicción a los tipos bajos y a la liquidez abundante proporcionada por la Fed y por el resto de los bancos centrales.

La presentación de las conclusiones de los cinco grupos de trabajo antes de fin de este año marcará la ruta de las decisiones de la Fed durante un largo periodo de tiempo. De momento, parece muy improbable que la Fed vaya a subir los tipos de interés.