El ruido de fondo dominante, o, como se dice ahora, la narrativa de los mercados, se ha trasladado en la tercera semana de agosto desde la IA al mercado de bonos. Los tipos de interés, un tema de toda la vida en los mercados, han vuelto a aparecer en escena, como esos viejos problemas que nunca se van del todo y, en este caso, algo tan prosaico como el precio del dinero, ha hecho irrupción, en pleno agosto, en la nueva economía galáctica dominada por la IA, poniendo a prueba la afirmación de Elon Musk de que el dinero carecerá de valor dentro de diez años.
A diferencia de Musk, los mercados de bonos sí parecen pensar que el dinero tendrá un valor en el futuro, e incluso tendrá un mayor valor y, de hecho, esta semana han subido los tipos de interés a ambos lados del Atlántico. En Europa, el tipo del bono del Tesoro alemán a diez años (bund) subió hasta a 3,27%, un nivel no visto desde 2011, mientras el euríbor a un año superaba el 3%, algo no visto en los dos últimos años. En EE. UU. el bono del Tesoro americano a treinta años superó el 5,3% el pasado lunes y el del bono del Tesoro a diez años (T-Bond) ha llegado en algunos momentos de la semana al 4,75%. El bono japonés a diez años (JGB) ha subido al 2,88%, niveles casi máximos de 30 años (-2,95%) y el “gilt” del Tesoro inglés a diez años ha cerrado por encima del 5%. Quedan lejos ya aquellos tiempos de los tipos de interés negativos, aquel octubre de 2020 en el que quien invertía en bonos alemanes a diez años (bund), lejos de recibir nada a cambio, debía pagar un 0,57% al Tesoro alemán.
El motivo inmediato de la subida de los tipos ha sido el recrudecimiento de la tensión en Irán tras las nuevas amenazas de Trump de imponer al régimen de los ayatolás un aislamiento económico duradero a través, según Trump, de las mayores sanciones económicas “nunca vistas”, reavivando las expectativas de una guerra larga, con la consiguiente subida del petróleo. El crudo ha subido más de un 5% en la semana, y el viernes el Brent cerró por encima de 94 dólares.
Pero la subida de los tipos de interés de largo plazo está alimentada por algo más que por las tensiones en Irán. Las crecientes emisiones de deuda corporativa, especialmente por empresas vinculadas a la IA, están creando dudas sobre la capacidad del mercado de atender las enormes necesidades de financiación que están encima de la mesa. La deuda soberana no para de crecer, y esta semana hemos visto cómo la deuda del Tesoro norteamericano superaba ya los 40 trillones (millones de millones) de dólares, pero a la vez las empresas vinculadas a la IA han pasado de financiarse básicamente con capital (equity) a encontrar en el mercado de bonos de largo plazo una fórmula muy atractiva para solucionar sus necesidades de recursos. La financiación del proyecto Hyperion por Meta Platforms a fines del 2025 con una novedosa estructura, que le permite incluso que esa deuda no figure en balance como tal, ha servido de referencia y solo los grandes hiperescaladores (Meta, Amazon, Alphabet, Microsoft y Oracle) han emitido más de 150.000 millones en bonos corporativos en los primeros meses de 2026, casi el doble que en periodos anteriores, la mayor parte destinada a IA. Y eso sin contar las operaciones a través de fórmulas novedosas de financiación fuera de balance (off balance sheet) que están encontrando cada día más las compañías de IA.
Lo interesante es que el mercado financia esas operaciones con gran facilidad, y las empresas innovadoras están asumiendo como algo bastante natural financiar a la IA con deuda y no con capital (equity). Esto es llamativo porque normalmente un inversor en empresas de IA obviamente quiere arriesgar, pero quiere tener una retribución ilimitada a ese riesgo, de forma que si la compañía en la que ha invertido multiplica su valor, él pueda participar en esa enorme subida. Ahora parece que hay un mercado de bonos de largo plazo para las empresas de IA. La consecuencia es que ese nuevo mercado corporativo, vinculado a la IA, se convierte en competidor del Tesoro americano a la hora de atraer recursos y eso hace subir los tipos de interés de largo plazo. Hay un evidente “crowding out”.
Ese tipo de preocupaciones han estado, sin duda, en la mente del secretario del Tesoro norteamericano, Scott Bessent, a la hora de tomar la decisión de intervenir el mercado de bonos del Tesoro norteamericano, anunciando una recompra de bonos de largo plazo el pasado lunes. Una intervención que produjo, como no podía ser menos, un alivio inmediato en los mercados de bonos de largo plazo, pero que al pasar los días se ha ido diluyendo y perdiendo fuerza. El tipo del bono del Tesoro a diez años (T-Bond) pasó de niveles del 4,75% a niveles del 4,63% tras el anuncio, pero al cierre del viernes estaba otra vez cerca del 4,75%.
La pregunta es si las tensiones en el mercado de bonos y las subidas de tipos de interés pueden poner fin al mercado alcista basado en el “sueño” (I have a dream) de Elon Musk y de todos los tecnoligarcas de Silicon Valley, que anuncian un superciclo de crecimiento global basado en la revolución de la IA.
Nuestra respuesta simple, aun a riesgo de equivocarnos, sería que no.
Hay varios argumentos para pensar así. El primero es que la respuesta de las bolsas y de los mercados de bonos está siendo bastante ordenada, como venimos diciendo en estos comentarios. Pese a todo el ruido que se ha generado en torno a la subida de tipos y en torno al presunto mercado “bajista”, las correcciones de las bolsas han sido moderadas. En las bolsas europeas las caídas semanales del Eurostoxx, Ibex y Dax han sido del entorno del 1%, por tanto, muy moderadas, pero el CAC francés ha caído un 1,8% y el Mib italiano ha caído un 1,7%. En las bolsas americanas, el S&P ha caído un 1,4% en la semana y el Nasdaq un 2%, siendo el más tradicional Dow Jones, el peor índice americano con un recorte del -0,8%. En Asia el Nikkei ha caído un poco más del 3,9% pero el Kospi coreano ha caído solo un 0,9% en la semana.
Hay otro argumento para pensar que el sistema financiero-monetario no va a ser un obstáculo al “sueño” de las bolsas, y es la innovación financiera que estamos viviendo una innovación que no tiene precedentes, y que apunta a un dinero cuasi cuántico, que despliega su eficacia en varios sitios a la vez. La innovación financiera ha permitido la salida a bolsa de SpaceX o la próxima salida a bolsa de Anthropic. La idea es que tenemos unos mercados financieros en los que no hay límites a lo que puedan hacer, porque, como decíamos, han entrado en una dimensión cuasi cuántica en la que los recursos tienen la capacidad de financiar varias cosas a la vez de forma circular.
En todo caso, lo ideal para que los problemas de inflación y de posibles subidas de tipos de interés se solucionen es que haya un acuerdo de fin de la guerra y acabe la tensión en Ormuz. Ese sería el auténtico revulsivo de las bolsas a corto plazo.
A la espera de esa noticia, esta semana los platos fuertes son los resultados de Nvidia y el deflactor de gastos personales (PCE) de julio en EE. UU., ambos el miércoles, unidos a la encuesta de sentimiento del consumidor norteamericano de la Universidad de Michigan que se publica el viernes. Con el VIX en 15,1 puntos apostaríamos por una semana tranquila y ligeramente positiva.