Ideas de inversión

Un año después: geopolítica, resultados, macro y liquidez siguen impulsando a las bolsas, pero en un contexto diferente

Hace ahora un año, en diversos comentarios de julio y de agosto, tuvimos ocasión de analizar cómo los mercados financieros estaban dando un giro desde su inicial rechazo a las políticas de la nueva Administración Trump hacia una aceptación cada vez más entusiasta de dichas políticas. Bajo títulos y conceptos como “El S&P pone rumbo a los 7.000 puntos” (comentario del 14 de julio de 2025), “Los resultados, los datos macro y la Ley Genius neutralizan el temor a Trump” (comentario del 21 de julio de 2025) o “Trump inicia su experimento de liquidez total” (comentario del 11 de agosto de 2025), fuimos profundizando en el nuevo escenario geopolítico, en el nuevo entorno de liquidez y en las consecuencias positivas que, a nuestro juicio, tendría todo ello en los resultados empresariales y en la economía.

Un año después, tras una primera semana de agosto de alzas generalizadas en todas las bolsas, ese giro se confirma, y lo más interesante es que la razón de fondo por la que se confirma es que siguen funcionando las dinámicas positivas que se iniciaron a partir de abril de 2025 y que se manifestaron de forma más visible a partir del verano pasado, a saber: un entorno geopolítico favorable, unos resultados empresariales muy buenos, unos datos macroeconómicos que descartan tanto los riesgos de inflación como los de recesión y una liquidez abundante e incluso creciente en el sistema. Pese al ruido mediático de las tertulias, esa es la realidad que impulsa a las bolsas.

La semana pasada, el Nasdaq subió un 5,2% en un espectacular “revival” de la tecnología, el S&P cerró el viernes en su máximo histórico de todos los tiempos tras ganar un 3,6% en la semana y el Dow Jones avanzó un 3% en la semana, alcanzando también su máximo histórico de todos los tiempos en la sesión del pasado jueves. Igualmente, hemos visto alzas en las bolsas europeas (Eurostoxx +2,6%, Dax +2,7%, Cac +2,4%, Ibex +2%) y en el Nikkei (+1,9% en la semana), siendo la excepción el KOSPI coreano, que sigue corrigiendo sus excesos y ha caído un 5%, pese a lo cual acumula una ganancia cercana al 50% desde el 1 de enero.

Son subidas importantes, pero quedan pequeñas comparadas con las que han tenido empresas como Palantir, que se anotó casi un 40% en la semana tras presentar sus resultados; Microsoft, que avanzó un 16,5%; Nvidia, con una subida semanal del 11,5%; Broadcom, con un 10%; Oracle, con un 13,2%, y Micron, con un 6,6%, por citar solo algunas de las alzas más espectaculares de este inicio de agosto.

Esas alzas han sido recibidas con sorpresa por una buena parte del mercado, que lleva tiempo esperando un desplome y que había interpretado las bruscas caídas que tuvieron en julio algunas empresas vinculadas a la IA, como SanDisk o Micron, como un anticipo de una caída de los mercados más amplia y generalizada. Esa forma de ver las cosas está, como decíamos la semana pasada, muy alejada de nuestra visión. Venimos manteniendo que las bolsas en general han entrado en una fase de “corrección ordenada” y de cierta estabilización tras las subidas del segundo trimestre, un trimestre en el que el Nasdaq 100 subió un 27,5%; el S&P, un 15%; el Nikkei, un 37,2%, y el KOSPI coreano, un 67,8%. Lo que venimos sosteniendo es que el fondo del mercado sigue siendo positivo, pero que los excesos de algunos sectores, como el de los semiconductores o el del almacenamiento de memoria, deben purgarse precisamente para que el ciclo de largo plazo se mantenga.

Y esa es justamente la lectura que hacemos de la primera semana de agosto. Lo primero es constatar que, como decíamos, las dinámicas de fondo siguen ahí. Empezando por la situación geopolítica, que algunos consideran caótica, pero que no parece estar tan mal. De hecho, agosto empezó el lunes pasado con una fuerte caída del petróleo tras el anuncio de un inminente acuerdo en Irán y la consiguiente apertura del estrecho de Ormuz, mostrando una vez más que el entorno geopolítico es complejo, pero no está ni mucho menos descontrolado, pese a las opiniones de tertulia que insisten constantemente en convencernos de que estamos al borde del precipicio. El viernes, los futuros del crudo ligero WTI cerraron en 77 dólares por barril, lo que supone un recorte del 8% en la semana. La presunta crisis energética que la Agencia Internacional de la Energía anunció el pasado abril como la mayor de la historia lleva camino de ser una crisis absolutamente menor.

En segundo lugar, los resultados empresariales. Palantir, SanDisk, Advanced Micro Devices (AMD) e incluso SpaceX se han ocupado de confirmar la semana pasada que las cuentas de las empresas vinculadas a la inteligencia artificial van bien, aunque, en el caso de SanDisk, la recepción de sus cifras por parte de los inversores fue muy fría. Pero es que también le va bien al resto de las compañías cotizadas. Hasta el 31 de julio, el 86% de las empresas que habían presentado sus cuentas habían superado el consenso tanto en beneficio por acción (BPA) como en ingresos.

En tercer lugar está la evolución de la economía, la “macro”. Hay un gran ruido de inflación y de consiguiente subida de tipos para controlar la subida de precios, pero, si finalmente hay acuerdo en Irán y el precio del petróleo baja, lo más probable es que la inflación deje de ser un problema y empecemos a preocuparnos por el crecimiento. El débil crecimiento del PIB norteamericano en el segundo trimestre y la destrucción de 23.000 empleos en la economía norteamericana que ha mostrado el informe de empleo de julio, publicado el viernes pasado, nos indican una desaceleración del crecimiento (slowdown) por el lado del consumo. La buena noticia es que la inversión en IA sigue fuerte y ahí están puestas las esperanzas de un crecimiento sostenido en los próximos años.

Queda finalmente, en cuarto lugar, hablar de la liquidez, que sigue siendo abundante. La intervención norteamericana en apoyo al yen, con un mensaje muy claro por parte del secretario del Tesoro, Scott Bessent, de que es de interés para Estados Unidos que el yen no se debilite más, dados los riesgos que una subida de tipos por parte del Banco de Japón implicaría para los bonos del Tesoro estadounidense, cuyo principal tenedor exterior es precisamente Japón, muestra cómo la política de la Administración Trump es apoyar con liquidez cuando sea necesario. A la vez, la forma en la que se intervino, utilizando las reservas de euros y sin emitir nuevos dólares, muestra que hay un deseo de no debilitar al dólar. La idea fue vender euros para comprar yenes en lugar de vender dólares.

En definitiva, las dinámicas de fondo positivas que se dibujaban hace un año siguen ahí, pero, dicho esto, también hay que decir que, a diferencia de hace un año, en nuestra opinión no cabe esperar un movimiento alcista equivalente al que se vivió el pasado año 2025. El contexto ha cambiado y lo que vemos no es una fase alcista clara, sino más bien una fase de consolidación y, en algunos segmentos del mercado, de digestión de los excesos. Pero tampoco vemos el crash al estilo de 1987 que pronostica Michael Burry, el gran “bajista” que ha vuelto a anunciar hace unos días que estamos cerca del pico y que habrá un crash del estilo del de octubre de 1987. Los mercados han cambiado desde 1987 y también desde aquel ya lejano 2008 en el que Michael Burry anunció la debacle financiera que se avecinaba. Hay motivos serios para una corrección de cierta envergadura, pero, en nuestra opinión, esa corrección, que ya ha empezado, no será caótica, y buena prueba de ello es cómo estamos viendo a la vez máximos históricos en el Dow Jones y el S&P y ajustes muy fuertes y bruscos en algunas importantes empresas de semiconductores y memoria. Es el nuevo mundo de la IA y de la economía espacial de Elon Musk.

Esta semana se publica el IPC estadounidense de julio, que se espera que sea del 3,4% en términos anualizados, bajando ligeramente desde el 3,5% de junio y alejándose ya claramente del 4,2% de mayo. Aunque esté lejos aún del objetivo del 2%, esa cifra, de confirmarse, permitiría rebajar los temores a una estanflación (inflación con estancamiento). Conoceremos también el dato de ventas minoristas de julio en Estados Unidos y el sentimiento del consumidor estadounidense medido por la Universidad de Michigan. Entre los resultados empresariales hay algunos interesantes, como los de Lumentum Holdings.

Teniendo en cuenta todo lo dicho y con el índice de volatilidad VIX por debajo de 15 (cerró el viernes en 14,9 puntos), apostaríamos por una segunda semana de agosto tranquila.