Las palabras “resiliencia” o “resistencia” son las más utilizadas estos días para describir el comportamiento de unas bolsas sorprendentemente estables pese a la acumulación de noticias económicas y geopolíticas negativas. La semana pasada, sin ir más lejos, hemos visto al BCE subir los tipos de interés otros 25 puntos básicos, elevando sus previsiones de inflación para 2027 y 2028 y sugiriendo que habrá más subidas; hemos visto también el bono del Tesoro estadounidense a diez años al 5% de rentabilidad, tras superar el petróleo de nuevo los 100 dólares; y hemos visto el IPC de Estados Unidos, que se publicó el viernes, en un incómodamente alto 3,4%. Para colmo, Trump afirmó que la guerra de Irán no acabará antes de las elecciones de medio mandato (midterms), como muchos esperaban, y el mercado elevaba, en consecuencia, a un 85% la probabilidad de una subida de tipos por la Fed este miércoles.
Toda esa batería de malas noticias ha sido recibida por las bolsas con caídas semanales muy moderadas. El Eurostoxx y el Ibex han caído un 1,1% en la semana; el Cac francés, un 1,2%; el Dax alemán un poco más, un 1,8%, tal vez afectado por la inestabilidad política tras el triunfo de Alternative en Sajonia; el S&P, un 0,8%; el Nasdaq, un 0,66%; el Dow Jones, un 1,6%, y el Nikkei, un 1,5%. Incluso algún índice como el MIB italiano ha subido un 0,8% en la semana.
Es cierto que el contraste entre noticias tan negativas y bolsas tan estables evoca la imagen de unos inversores que se resisten “numantinamente” a aceptar un ajuste que llegará inevitablemente, pero tal vez esa imagen no sea la más correcta para describir lo que está pasando en los mercados. Es más, es probable que ese enfoque negativo esté moviendo a muchos inversores a errores que les impiden analizar correctamente lo que está pasando en los mercados y lo que podría pasar en el futuro.
El enfoque que venimos manteniendo en estos comentarios desde hace un año y medio es bastante diferente y parte de una visión positiva. La idea es que las dinámicas de fondo de la economía, básicamente la hiperliquidez de los mercados y la revolución de la inteligencia artificial, pueden estar incubando un nuevo ciclo de crecimiento global muy potente, y que eso es básicamente lo que las bolsas están reflejando con sus subidas desde abril de 2025. Sobre la base de esa idea de fondo, en el verano del 2025 hablamos varias veces de la posibilidad de “saltos exponenciales” en el valor de los activos, derivados de la combinación de la enorme liquidez en el sistema y las ganancias de productividad generadas por la IA. Esos saltos de valor se han producido en algunos sectores, como el de semiconductores o el de almacenamiento de memoria, a una escala que ni nosotros mismos podíamos haber imaginado cuando escribíamos aquellos comentarios, y han dado lugar a que ya no sea impensable un S&P por encima de 8.000 puntos en los próximos meses.
Esa visión alcista de fondo no es incompatible, sino todo lo contrario, con pensar que debe haber correcciones dentro de esa tendencia de largo plazo, correcciones que podrían llegar al 10%, al 20% o incluso más, como de hecho ya ha ocurrido en los valores o sectores, como el de semiconductores, que han experimentado subidas muy fuertes y rápidas. En este sentido, en nuestro comentario del pasado 27 de abril bajo el título “Los semiconductores vuelven a territorio de burbuja” decíamos: “Hay muchos indicadores que nos llevan a pensar que sí hay una incipiente burbuja, o al menos sobrevaloración, incluso considerando, como lo hacemos, que la IA es la innovación tecnológica más disruptiva que ha conocido la historia. La aceleración alcista por miedo a quedarse fuera (FOMO) de algo que ni siquiera se sabe lo que es, los saltos de valor tan acelerados y ciclotímicos o la autoalimentación de las alzas por los comentarios en redes sociales son síntomas inequívocos de posible burbuja”.
Y el pasado 11 de mayo, bajo el título “Subidas verticales y relaciones circulares en la IA: una combinación inquietante”, decíamos: “En todo caso, incluso creyendo, como creemos, que la IA va a ser la revolución tecnológica más importante de la historia, subidas tan verticales como las que estamos viendo conducen, en nuestra opinión, a un pinchazo desordenado de la burbuja, al estilo del pinchazo de la burbuja de internet en 2000 y 2001”. Y añadíamos que ese pinchazo desordenado podría evitarse si (copiamos literalmente) “las subidas se moderan y entramos en una corrección ordenada”.
Nuestra lectura, como venimos comentando a lo largo del verano, es que esa corrección ordenada se está produciendo, y desde esa óptica, más que desde la óptica numantina de la resistencia, interpretamos lo que ha pasado esta última semana. Pero hay algo más, y ese algo más es entender que, si las bolsas pueden estar, y nosotros creemos que están, en un ciclo alcista de largo plazo, ese ciclo alcista es diferente, en su comportamiento y en la forma de desenvolverse a lo largo del tiempo, de los ciclos alcistas clásicos. No estamos ante un ciclo que se mueva en una secuencia clásica de “boom and bust”, es decir, de “burbuja seguida de crash o desplome”, y no entender eso lleva a muchos a lecturas equivocadas. En definitiva, la actual fortaleza de las bolsas deriva en parte de su sabiduría para irse autocorrigiendo de forma continua y ordenada.
Las diferencias del ciclo alcista actual con los ciclos alcistas clásicos son esencialmente dos, a nuestro juicio. La primera ya la hemos dicho, y es que el mercado va corrigiendo de forma continua sus excesos, en un proceso permanente de limpieza y filtrado. Lo vimos en octubre con la corrección de algunas de las Siete Magníficas (Microsoft corrigió un 30% en pocos meses), y lo estamos viendo desde julio en las compañías vinculadas a la IA. SanDisk, por ejemplo, llegó a recortar en julio casi un 50% y Micron, un 30%, por citar solo dos ejemplos. La segunda es que, aunque los índices suban, hay una gran concentración en los valores que tiran del mercado y un relevo parcial pero muy constante en la composición de esta “cabeza del pelotón”. Esas características, la autocorrección continua y los relevos frecuentes en el pelotón de cabeza, son, en nuestra opinión, la mejor garantía para que no se produzca un crash generalizado del mercado, precisamente porque hay un proceso continuo y muy dinámico de corrección.
Mutatis mutandis, ese mismo proceso de autocorrección lo estamos viendo en la propia inteligencia artificial. Es muy interesante el paralelismo de lo que está pasando en las bolsas con lo que está pasando en la IA. Estos últimos días, Sam Altman y Dario Amodei, dos de los grandes “gurús” de la IA, han coincidido en proponer una “ralentización” de la IA. La propuesta de parar un poco el juego no puede ser más oportuna en un momento en el que, además del temor a que la IA adquiera vida propia y se convierta en un peligro para los humanos, el “boom” de IA puede estar empezando a ser suficientemente grande como para modificar el precio global del capital. Una inversión (capex) algo menor en IA puede aliviar las tensiones en los mercados de bonos y en la propia inflación, aunque, en todo caso, no parecería que los recortes de capex vayan a ser muy grandes como para revisar la narrativa de fondo de la IA que está detrás de este ciclo. En definitiva, a la IA también le viene bien la autocorrección.
Esta semana es clave para ver si el T-bond pasa del 5%, haciendo fracasar a Scott Bessent en su intento de poner límite a la subida de los tipos largos, y habrá que ver también si el barril de petróleo pasa de los 100 dólares y si la IA frena o no su ritmo. La reunión de la Fed es el plato fuerte de la semana y ayudará a resolver dudas, sobre todo por los mensajes que pueda emitir Kevin Warsh en la comparecencia posterior. Al margen de la Fed, se publican las ventas minoristas de agosto en Estados Unidos y, por supuesto, habrá que seguir de cerca las conversaciones sobre Irán y su impacto en el petróleo.
Lo normal sería que las bolsas siguiesen su corrección ordenada una semana más, sobre todo si la Fed y el Banco de Japón suben los tipos tal y como se espera, pero la reacción de Wall Street el viernes, subiendo tras un mal dato de inflación, hace pensar que a lo mejor las bolsas no ven con malos ojos que la Fed suba tipos.