Ideas de inversión

Mayor inflación es inevitable

 

Cuando comenzó la guerra de Irán, la mayoría de los análisis auguraban que si el conflicto duraba más de ocho semanas, los precios del petróleo se dispararían incluso por encima de 150 dólares el barril.

Más de seis meses después, sin que la guerra se haya solucionado, con un bloqueo de Estados Unidos a los puertos iraníes y con un cierre del tránsito por el estrecho por parte de Irán, no se ha producido la escalada tan intensa en los precios del petróleo que se auguraba.

El mundo se ha adaptado a la nueva situación. Por un lado, se han utilizado vías alternativas al estrecho de Ormuz para exportar, como el oleoducto este-oeste de Arabia Saudí o el oleoducto de Emiratos Árabes Unidos, que esquiva el paso por el estrecho; se han utilizado reservas estratégicas a nivel global; se ha incrementado la producción de forma significativa en países como Nigeria o Brasil; y se ha reducido el consumo, o al menos las importaciones, especialmente en China, que ha recurrido a sus inventarios, reduciendo las importaciones.

En las últimas semanas, el escenario energético se ha complicado notablemente por la entrada en la guerra de Irán de los hutíes de Yemen y por los ataques de Ucrania a las refinerías rusas a miles de kilómetros de la frontera.

Los hutíes han atacado el oleoducto por donde Arabia Saudí desviaba una parte relevante de sus exportaciones y, adicionalmente, se han hecho con el control del estrecho de Bab el-Mandeb, que da acceso al mar Rojo, anunciando un bloqueo marítimo sobre Arabia Saudí, evitando la carga y descarga de mercancías en sus puertos, incluyendo el petróleo y derivados.

Por su parte, Ucrania ha pasado a una nueva fase de la guerra con Rusia, realizando constantes ataques durante agosto y septiembre a las principales refinerías rusas en puntos muy alejados de la frontera común. Aunque las cifras del porcentaje de capacidad de refino que ha quedado fuera de servicio son inciertas, la realidad es que Rusia ha prolongado la prohibición de exportar derivados del petróleo. Dicha prohibición, previsiblemente, se volverá a extender hasta finales de octubre. Se revisa mes a mes.

El propio presidente Trump ha recriminado a Zelenski el ataque a estas infraestructuras energéticas rusas por el problema de desabastecimiento y el aumento de los precios de los productos refinados como el diésel a nivel global.

La pérdida combinada de oferta de diésel procedente de los países del golfo Pérsico y Rusia es de casi el 45% del comercio marítimo mundial de diésel, de acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía.

Con la merma de capacidad de refino en los países del golfo Pérsico y con la prohibición de exportación de estos productos por parte de Rusia, el aumento de precios parece inevitable. Las refinerías de Estados Unidos están operando casi al máximo de su capacidad.

Adicionalmente, en Estados Unidos ya se debate un posible embargo a las exportaciones de diésel para conseguir rebajar los precios históricos de este combustible, actualmente en un impensable precio de 6,5 dólares por galón.

Ante este escenario, Europa se encuentra en una situación de máxima vulnerabilidad, en gran parte por sus propias decisiones de políticas energéticas de las últimas décadas. Con políticas que han primado la sostenibilidad de las fuentes energéticas sobre la disponibilidad y asequibilidad de las energías, se ha conseguido que desde 2009 hayan cerrado 30 grandes refinerías en Europa. En los últimos 25 años, la Unión Europea ha perdido más de un 15% de su capacidad de procesamiento de crudo.

El problema con el incremento del precio del diésel radica en que es un bien intermedio necesario para la producción de muchos bienes físicos y un coste esencial para sectores como el transporte, la agricultura o la industria. El verdadero cuello de botella en el mercado energético actual no se encuentra en la disponibilidad de petróleo, sino en la capacidad de refino de este para lograr los productos de uso común como la gasolina, el diésel o el queroseno para los aviones.

Las refinerías dañadas son más difíciles y costosas de reparar que los oleoductos o los depósitos.  Hasta ahora, el mundo se había adaptado al cierre del estrecho de Ormuz, que teóricamente podía ocasionar un colapso en el mercado del petróleo. Ahora habrá que ver cómo el mundo se adapta a esta situación coyuntural de insuficiencia de capacidad de refino.

El aumento de los costes energéticos y de la inflación durante los próximos trimestres parece garantizado. La clave reside en cuánto tiempo durará esta situación tan anómala. Paradójicamente, mientras tanto, los datos de actividad industrial en Estados Unidos siguen mostrando una sorprendente fortaleza.