Cuando se analizan las condiciones actuales de la economía y los mercados financieros con la intención de hacer previsiones de futuro, no basta con tener en cuenta solo la situación presente, sino que hay que considerar lo que nos ha llevado hasta la situación actual y si dichas circunstancias se mantendrán en el futuro próximo.
El papel de Japón en las últimas tres décadas ha sido fundamental como exportador de ahorro al resto del mundo y como financiador a nivel global en una divisa sin apenas tipo de interés. Esta situación ha llegado a su fin.
Tras el estallido de la burbuja inmobiliaria japonesa a finales de los años 80, las autoridades japonesas decidieron optar por una solución que supuso lo siguiente: estar en un estado de muy bajo crecimiento económico durante décadas; la práctica ausencia de inflación, incluso con periodos de recesión; y una política de tipos de interés oficiales cercanos a cero, además de un control de los tipos de interés de los bonos a largo plazo hasta niveles ínfimos.
A pesar del estallido de la burbuja inmobiliaria de Japón, el país del sol naciente ha sido de forma ininterrumpida exportador neto de ahorro al exterior durante todos estos años, al contar con superávit por cuenta corriente. A día de hoy, el volumen de inversiones de cartera japonesas en el exterior asciende a unos 4,8 billones de dólares: 2,5 billones invertidos en renta variable y fondos, y 2,3 billones invertidos en bonos extranjeros.
La ausencia de rentabilidad de los bonos japoneses durante décadas ha impulsado a los inversores nipones a buscar rentabilidad fuera de sus fronteras. Esto ha sido especialmente relevante para los fondos de pensiones y las aseguradoras japonesas, inversores que invierten a muy largo plazo. Así, los inversores japoneses son, entre los extranjeros, los principales tenedores de bonos del Tesoro estadounidense, además de tener fuertes posiciones en los principales bonos soberanos europeos.
Adicionalmente, el diferencial de tipos de interés entre el yen y el resto de las monedas de las economías desarrolladas ha facilitado el endeudamiento en yenes para invertir en otras divisas con mayor tipo de interés. Esta operativa es conocida como “carry trade”. El volumen actual de préstamos transfronterizos en yenes se estima entre 1,5 y 1,8 billones de dólares. A su vez, a través de derivados, se estima que existen entre 1 y 1,5 billones de dólares adicionales de financiación en yenes por parte de extranjeros.
Tanto a través de la inversión directa de los inversores japoneses en el extranjero como a través de la financiación en yenes por parte de los extranjeros para invertir en otras divisas, la relevancia de lo que ocurra en Japón para los mercados financieros internacionales es capital.
Ahora, la inflación en Japón ha reaparecido, especialmente por su alta dependencia energética y la evolución de los precios energéticos. Las expectativas de inflación a futuro también han resurgido. El yen se ha depreciado sustancialmente, superando la barrera de los 160 yenes por dólar, nivel mínimo de los últimos 40 años. El Banco de Japón ha subido los tipos de interés oficiales, previéndose que los incremente aún más, y los tipos de interés de los bonos a 30 años y a 10 años marcan máximos de las tres últimas décadas en el 4% y 3%, respectivamente. El Gobierno nipón ha instado a las aseguradoras y fondos de pensiones japoneses a comprar activos nacionales en lugar de activos extranjeros.
Todo lo anterior hace concluir que existen riesgos notables para la estabilidad de los mercados financieros globales por la metamorfosis de la situación japonesa:
- Por un lado, no se puede contar más con Japón como uno de los suministradores de ahorro en los mercados globales. De hecho, ya durante los últimos cinco años, el superávit por cuenta corriente nipón ha provenido de los intereses y dividendos generados por sus inversiones de cartera en el extranjero, compensando incluso el déficit comercial nipón de estos años. El aumento de los costes energéticos ha provocado que Japón lleve ya casi un lustro importando más de lo que exporta.
- Existe un riesgo evidente de repatriación de parte de sus inversiones de cartera en el exterior, entre otras cosas, para defender el yen. Para ello, vendería activos financieros extranjeros, vendería la divisa en la que están nominadas dichas inversiones y compraría yenes.
- La intervención conjunta de este verano entre el Ministerio de Finanzas japonés y el Tesoro estadounidense, comprando yenes y vendiendo euros, tenía como objetivo no declarado evitar que Japón vendiera bonos del Tesoro estadounidense, haciendo subir el tipo de interés de dichos bonos y, además, provocando un descenso del dólar.
- La subida de los tipos de interés oficiales en Japón hace mucho menos atractivo endeudarse en yenes para invertir en otras divisas. Esto implica menor liquidez adicional a nivel global.
- Adicionalmente, una subida fuerte del yen puede provocar que los inversores apalancados en yenes se vean obligados a deshacer sus inversiones financieras, provocando movimientos bruscos en los mercados financieros como ocurrió en verano de 2024.
Japón importa, y mucho. Las circunstancias en el país nipón han cambiado sustancialmente y sus efectos en los mercados internacionales están por verse.