Ideas de inversión

Qué determina el nivel de los tipos de interés

 

Las subidas de los tipos de interés han pasado a ser noticia recurrente y tema de conversación habitual en cualquier ambiente. Pero cuando se habla de tipos de interés hay que distinguir los tipos de corto plazo de los tipos de interés de largo plazo. Su determinación y sus efectos en las economías domésticas, las empresas y la economía general son dispares.

Los tipos de interés a corto plazo los fija el banco central, el BCE en el caso de la eurozona. El nivel de tipos de interés viene condicionado, principalmente, por la inflación y las expectativas de inflación futura. Ante la aceleración de la inflación actual, muy por encima del objetivo del 2%, y la previsión de mantenimiento de las presiones inflacionistas en el futuro cercano, el BCE, previsiblemente, seguirá subiendo los tipos de interés hasta niveles entre el 3,25% y el 3,5%. De hecho, el euríbor a un año actualmente se sitúa en el 3,36% descontando dichas subidas.

Dentro del mandato del BCE solo se menciona el control de la inflación, pero no la maximización del empleo, a diferencia de la Reserva Federal. Aun así, cuando las reiteradas subidas de tipos de interés hagan mella en el crecimiento económico y en el empleo, el BCE previsiblemente procederá a realizar futuras bajadas de tipos. La cuestión clave es el horizonte temporal de las subidas y el de las bajadas.

La evolución de los tipos de interés a corto plazo tiene su reflejo inmediato en el índice euríbor, que es la referencia para la mitad de las hipotecas vivas en España y para casi el 70% de la financiación empresarial. En ambos casos, los deudores con préstamos a tipo variable se ven especialmente perjudicados con las subidas de tipos a corto plazo.

Aunque en la década de 2010 las hipotecas a tipos variables llegaron a ser casi el 90% del total, ahora menos del 30% de las nuevas hipotecas se contratan a tipos variables por la incertidumbre de su evolución futura.

La dinámica de la fijación de los tipos de interés a largo plazo es muy distinta. Teniendo en cuenta que todos los países de la zona euro emiten bonos soberanos, pero ninguno tiene la capacidad de emitir euros, la moneda en que están denominados los bonos, se toma como rentabilidad sin riesgo el tipo de interés exigido al bono del Tesoro alemán. Cualquier otro Tesoro de la eurozona, considerado menos solvente que el alemán, se ve obligado a pagar una prima de riesgo en forma de un mayor tipo de interés respecto al exigido al bono alemán. Las empresas, a su vez, se ven obligadas a pagar otra prima de riesgo adicional a la anterior.

Los bonos se emiten en un mercado que, como cualquier mercado, se ve sometido a la ley de la oferta y la demanda. Si la demanda de bonos supera la oferta, los precios de los bonos subirán y, en consecuencia, los tipos de interés de dichos bonos bajarán. Alternativamente, si la oferta, o sea, la emisión de bonos, supera a la demanda de estos, el emisor se verá obligado a subir el tipo de interés de los bonos y el precio bajará.

Adicionalmente, si existe la certeza, como ocurre ahora, de que en el futuro próximo habrá más volumen de emisiones de bonos, la oferta prevista se incrementará y los tipos de interés subirán. De igual forma, si las expectativas de inflación futura aumentan, el potencial comprador de los bonos exigirá un mayor tipo de interés cuando vaya a suscribirlos.

Durante demasiado tiempo la fijación de los tipos de interés de los bonos a largo plazo se ha visto totalmente distorsionada por la masiva intervención de los bancos centrales como principales compradores de los bonos soberanos. Dicha intervención incluso llevó al sinsentido económico de emitir bonos soberanos con tipos de interés negativos. El Tesoro recibía intereses por endeudarse. El BCE ha sido un comprador de bonos insensible a los tipos de interés.

Ahora, el BCE no solo no compra más bonos, sino que tampoco reinvierte el importe de los bonos que vencen. Como consecuencia, el papel que debe ser absorbido por los inversores privados aumenta. En 2026, la emisión neta de bonos soberanos de la eurozona se estima en 550.000 millones de euros. El problema radica en que el BCE deja de reinvertir unos 380.000 millones de euros de bonos que le vencen este año. Por tanto, los bonos soberanos de la zona euro que tienen que absorber los inversores privados ascienden a más de 900.000 millones de euros. Estos inversores privados sí son sensibles a los tipos de interés y, en consecuencia, exigirán mayores tipos que el BCE.

A todo lo anterior hay que sumar la avalancha de emisiones de bonos a largo plazo por parte de empresas, principalmente para financiar el desarrollo de la inteligencia artificial y las necesidades energéticas. En 2027, se estima que las emisiones de bonos corporativos de los cinco grandes hiperescaladores alcancen los 400.000 millones de dólares. Se espera que la emisión de bonos con grado de inversión de estas entidades alcance los 2,1 billones de dólares hasta 2030.

Como se ve, la oferta de bonos soberanos y corporativos aumenta y va a aumentar más en los próximos años. Sin la intervención de los bancos centrales, la lucha por la captación del ahorro que compra dichos bonos hará que los tipos de interés de largo plazo permanezcan elevados durante un largo periodo de tiempo.

Toca despertar de la anestesia que supuso la actuación tan intensa de los bancos centrales en los mercados de bonos, tanto soberanos como privados. Los tipos de interés de los bonos a largo plazo han estado anestesiados durante demasiado tiempo.