Analisis Actualidad Chile 06 Mar 2026

El objetivo secundario es China

Cualquier guerra es, ante todo, una desgracia humanitaria. La nueva guerra iniciada en Irán no es una excepción. Aun así, es necesario realizar un análisis de las consecuencias económicas del conflicto.

Aunque la situación de tensión en Oriente Medio y el cierre del estrecho de Ormuz ponga de manifiesto las debilidades de Europa en cuanto a su falta de autonomía energética, el gran perjudicado por la guerra es China.

Todos los movimientos que está realizando EE. UU. en la esfera internacional tienen como objetivo último intentar debilitar a China. Así se refleja en la Estrategia de Seguridad Nacional 2025 (NSS). Para lograrlo, mermarles el acceso a los suministros energéticos es un objetivo deseado para ralentizar el desarrollo de la economía china. El objetivo de EE. UU. es dificultar el acceso de China a los recursos energéticos y, en la medida de lo posible, a los mercados de sus aliados.

No es casual que China importara el 84% de las exportaciones de petróleo de Venezuela y el 89% de las exportaciones de petróleo de Irán, dos países donde se han producido intervenciones militares de Estados Unidos.

Las importaciones chinas de petróleo procedentes de Venezuela suponían un 4% del total, mientras que las procedentes de Irán ascienden al 11%. Ambos países soportaban sanciones de Estados Unidos que impedían la exportación de petróleo libremente en el mercado. Aun así, a través principalmente de la llamada “flota fantasma” de petroleros, China ha estado siendo el principal importador de petróleo de ambos países, circunvalando las sanciones y, obviamente, comprando a precios muy por debajo de los precios normales de mercado.

Ahora China ha perdido el acceso al petróleo venezolano y tiene en riesgo el acceso al petróleo iraní. Adicionalmente, el 90% del petróleo exportado por Arabia Saudita, EAU, Irak, Kuwait y Catar pasa por el estrecho de Ormuz. El 45% del petróleo importado por China procede de estos países. Por lo tanto, un cierre prolongado del estrecho de Ormuz puede poner en grave riesgo el suministro energético de China, tanto de petróleo como de gas.

Dadas las sanciones impuestas a Irán por Estados Unidos, China aprovechó la situación para llegar a acuerdos estratégicos a largo plazo con la república islámica. Así, en 2021 ambos países firmaron una alianza estratégica a 25 años con el compromiso chino de realizar inversiones por 400.000 millones de dólares en sectores como el energético, las telecomunicaciones o las infraestructuras. De hecho, existe un corredor ferroviario de mercancías desde la ciudad iraní de Qom hasta Yiwu, en China, con una longitud de 4.000 kilómetros, inaugurado en 2025. Dicho corredor parte de Irán, pasa por Turkmenistán, Kazajistán y acaba en China. Reduce a 15 días los trayectos de mercancías en comparación con los 45 días de la ruta marítima tradicional.

China es consciente de que cuanta mayor integración tuviera con Irán, y con muchos otros países del Sur Global, menor sería la capacidad de influencia de otras potencias, es decir, de Estados Unidos.

Por supuesto, toda la tecnología utilizada por Irán en sus infraestructuras de telecomunicaciones y de inteligencia tiene origen en empresas chinas. Un cambio de régimen en Irán pondría en cuestión esta alianza y dependencia de China.

Aunque puede no ser el único objetivo al atacar Irán, EE. UU. está desmantelando uno de los pilares de China en la región, además de hacerle perder miles de millones de dólares en inversiones realizadas en el país.

El año pasado la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán apenas duró 12 días. Ahora el presidente Trump anuncia que las operaciones podrían durar cuatro o cinco semanas, o lo que sea necesario. Cuanto más tiempo se mantenga cerrado el estrecho de Ormuz y más disrupción haya de los suministros de petróleo y gas a través de dicho punto estratégico, mayor será el daño a China, pero también a la dependiente economía europea. En cualquier caso, China ha estado incrementando sus reservas estratégicas de petróleo en el último año, estimándose que dispone de reservas para unos doscientos días de consumo interno.

Las reuniones comerciales entre EE. UU. y China, preparatorias de la cumbre entre Xi Jinping y Trump a finales de este mes, se mantienen. Es una buena señal. Adicionalmente, China comenzará a ejercer presión sobre Irán para no mantener cerrado más de la cuenta el estrecho de Ormuz.

El mundo ha cambiado y se ha vuelto más inseguro. Ojalá acabe pronto la guerra y sirva al menos para que Europa sea consciente de sus fuertes dependencias y carencias y establezca un plan para poder subsanarlas. De momento, la incertidumbre continúa.


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