Analisis Actualidad Chile 07 Jun 2019

Buenas o malas noticias

Cuando las bolsas suben al calor de una decisión de los bancos centrales, cabe suponer que dicha decisión se puede considerar una buena noticia. Así, cuando esta misma semana el presidente de la Reserva Federal (Fed) abre la puerta a bajar tipos de interés, e incluso a volver a comprar activos, al manifestar que la Fed actuará adecuadamente para mantener el crecimiento económico, las bolsas recogen dicho mensaje con subidas considerables. Parecería una buena noticia.

Que la Reserva Federal deje entrever una posible bajada de tipos y volver a una política monetaria expansiva tras cinco años de normalización monetaria, sólo se justifica por un temor cierto a una intensa desaceleración de la economía. De hecho, el tipo del bono del Tesoro americano a 10 años ha pasado del 3,2% en septiembre a apenas 2,1% actual, como reflejo de las grandes incertidumbres sobre la sostenibilidad del crecimiento estadounidense. Al inicio de 2019 la Fed estimaba que subiría tres veces adicionales los tipos de interés durante este año y ahora incluso se plantea una bajada ante el nuevo escenario económico. Una desaceleración intensa de la economía implica necesariamente una ralentización del crecimiento de los beneficios empresariales, cuando no una caída. Por lo tanto, difícilmente se puede entender como una buena noticia la necesidad de actuación del banco central de turno (la Fed en este caso) motivada por un empeoramiento sensible de las expectativas de crecimiento económico, aunque las bolsas suban ante dicha decisión.

 

A diferencia del BCE, la Fed ha aprovechado el periodo de crecimiento de la economía para subir nueve veces los tipos de interés desde finales de 2015 y reducir su balance durante casi dos años. Aunque el nivel actual de tipos de la Fed (2,40%) esté lejos de los tipos de interés de llegada de anteriores ciclos de subidas de tipos, es evidente que el margen de actuación es sensiblemente superior al del BCE que ha sido incapaz de acabar con los tipos de interés negativos cuando la economía europea ha estado creciendo por encima del 2%.

En el caso del BCE, la simple mención de la discusión en su Consejo de Gobierno de la posibilidad de situar los tipos de interés de depósito en niveles incluso más negativos respecto al -0,4% actual, ha provocado un nuevo retroceso en las cotizaciones de la banca europea. Implica un nuevo retraso en la permanentemente aplazada normalización de tipos de interés. Claramente el BCE no parece tener intención de renegar de los aberrantes tipos negativos.

Mientras tanto, España consigue colocar bonos del Estado a cinco años con rentabilidad negativa por primera vez en la historia. El comprador de dichos bonos paga intereses al Estado español por prestarle dinero. Alguien puede pensar que es una magnífica noticia, pero no lo es. El mercado de bonos está totalmente distorsionado, con más del 50% del total de los bonos soberanos de la Eurozona con tipos negativos. Ello implica que los inversores que están adquiriendo dichos bonos (entre ellos compañías de seguros, fondos de pensiones) no están siendo remunerados, y además soportan un coste. El riesgo no se remunera, pero no por ello desaparece. Las personas, entidades y Administraciones Públicas endeudadas son las más beneficiadas a corto plazo del mensaje del BCE, pero corren el grave riesgo de considerar esta anómala situación como permanente en el tiempo.

La constatación de un menor crecimiento económico que necesariamente se traslada a un menor crecimiento de los beneficios empresariales, no es nunca una buena noticia, aunque vaya acompañada de la posibilidad de una bajada de tipos por parte de la autoridad monetaria de turno.


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