Analisis Actualidad Chile 16 Sep 2022

Coche eléctrico: la casa por el tejado

Sorprende que en un momento como el actual, de enorme zozobra sobre la seguridad de suministro energético para hacer frente a la demanda energética europea, el Parlamento Europeo apruebe la prohibición de la venta de vehículos de combustión a partir de 2035. La prohibición se extiende a los turismos y vehículos comerciales ligeros de gasolina, gasoil, gas e incluso los vehículos híbridos. Sólo se podrán vender vehículos eléctricos en la UE a partir de 2035. Esta misma medida ha sido aprobada en el Estado de California.

Esta medida, que pretende acelerar la "transición energética", puede tener un efecto muy contrario al pretendido.

- Aunque el 100% del parque automovilístico fuera eléctrico, si las fuentes de generación eléctrica son contaminantes, como en el caso del carbón y el lignito, no se estaría consiguiendo el pretendido objetivo. Ahora Alemania ha aumentado considerablemente el empleo de carbón y el lignito para la generación eléctrica, ante la reducción de suministro de gas ruso. El 30% de la producción eléctrica en el primer semestre de 2022 proviene de ambas fuentes. En esta coyuntura aumentar el parque de vehículos eléctricos que deben ser recargados en una red alimentada en un parte relevante por carbón no tiene mucho sentido.

 

- La incorporación de millones de vehículos eléctricos al parque automovilístico, que necesitan ser recargados para poder funcionar, supondrá un incremento significativo de demanda para las redes eléctricas actuales.

Es casi cómico (o patético) que, apenas seis días después de que California anunciara la prohibición de vehículos de combustión a partir de 2035, haya pedido a los propietarios de este tipo de vehículos que no carguen las baterías de sus automóviles para no saturar la red eléctrica.

- Nadie garantiza que en 2035 existan los puntos de carga necesarios, ni que sean accesibles. Tampoco se ha determinado quién pagará para establecer esta infraestructura.

- La prohibición de vender vehículos de combustión "obliga" a un sector tan relevante para la industria europea como el automovilístico a renunciar a tecnologías que han mejorado considerablemente su eficiencia y su "sostenibilidad medioambiental" a lo largo de los años. Los motores de combustión han reducido sus emisiones de óxidos de nitrógeno NOx (mucho más contaminantes que el CO2) en más de un 90% desde 1992.

Por ley, las automovilísticas deben centrarse en el vehículo eléctrico. Lamentablemente, nadie garantiza que habrá suficiente producción disponible de litio, cobalto, magnesio o níquel para la fabricación de las baterías necesarias, ni a qué precio estarán disponibles, en su caso. Europa es totalmente deficitaria en todos estos minerales.

- La Agencia Internacional de la Energía (IEA) prevé que la demanda de litio se multiplique por 40 de aquí a 2040. Adicionalmente, la producción de una tonelada métrica de litio requiere 2,2 millones de litros de agua. En el caso de las minas de litio de Chile, estas consumen el 65% del agua de la región. Siendo el agua un bien escaso, el problema medioambiental es evidente, pero de momento ignorado.

- A día de hoy, China es responsable de la fabricación del 76% de las baterías a nivel global. De nuevo, al igual que con la fabricación de los paneles solares, la dependencia de China es significativa y minusvalorada.

- Ante la medida de prohibir la venta de vehículos de combustión a partir de 2035, es lógico que las inversiones de las automovilísticas en este tipo de vehículos prácticamente se ralenticen o incluso se paralicen. Algunas compañías como GM han anunciado que el 100% de sus vehículos serán eléctricos serán 2035. Otras como Toyota, pionera en vehículos híbridos, calcula que en 2030 venderá 3,5 millones de vehículos eléctricos al año, equivalente a un tercio de sus ventas actuales. Habrá ganadores y perdedores.

- El efecto sobre toda la cadena de suministradores intermedios del sector es evidente. La incertidumbre generada paraliza las inversiones y afecta al empleo.

- Desde la perspectiva del consumidor, la zozobra a la hora de adquirir un coche es enorme. Los coches eléctricos actuales son más caros y su autonomía es todavía muy limitada. Por otro lado, la constante incertidumbre sobre los vehículos de combustión tampoco invita a su adquisición. Resultado: se posponen las compras de vehículos, aumentando la antigüedad del parque móvil. No se produce la renovación del parque móvil. Cuanto más nuevo es un coche de combustión menos contamina. Se logra el efecto contrario al deseado. Un coche diésel de 2005 contamina el triple que un diésel de 2014.

El vehículo eléctrico es UNA solución, pero no es LA solución. El intervencionismo de las autoridades europeas corta la demostrada capacidad de innovación y eficiencia de las compañías automovilísticas, dirigiéndolas hacia una tecnología que no necesariamente es la benévola con el medioambiente.

Lo mismo que el gas y energía nuclear han acabado siendo consideradas "energías verdes", previsiblemente la prohibición a la venta de los coches de combustión será matizada o retrasada en el futuro. En cualquier caso, el daño sobre el futuro del sector automovilístico en su conjunto por la incertidumbre generada ya está hecho.

Obligar a que todos los coches vendidos a partir de 2035 sean eléctricos sin tener antes una garantía de suministro eléctrico mayoritariamente de fuentes no contaminantes es empezar la casa por el tejado. Lamentablemente se puede acabar en una situación caricaturizada en la siguiente viñeta.


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