Analisis Actualidad Chile 17 Mar 2023

Cómo funciona el balance de un banco

La quiebra de dos bancos americanos (Silicon Valley Bank - SVB y Signature Bank) y las fuertes caídas de las cotizaciones de los bancos europeos han vuelto a poner al sistema financiero en los titulares de las noticias.

Para no dejarse llevar por titulares sensacionalistas o simplemente por el miedo, conviene conocer (de forma muy simplificada) cómo funcionan los balances bancarios. Como en cualquier empresa, la parte del PASIVO del balance refleja el origen de los recursos de la entidad y el ACTIVO refleja dónde se han aplicado los recursos del banco.

El Patrimonio Neto o Recursos Propios incorpora los recursos aportados por los accionistas del banco y los beneficios no distribuidos. Cuando en un año se producen pérdidas en la cuenta de resultados, se reduce el patrimonio neto de la entidad.

Adicionalmente, los bancos obtienen los recursos de los Depósitos de los clientes y de la Financiación Mayorista (emisión de bonos y créditos interbancarios).

Un banco puede entrar en problemas de solvencia si sufre pérdidas que merman su Patrimonio Neto por debajo de un cierto nivel. Estas pérdidas se pueden producir por una depreciación de los activos o por impagos de créditos concedidos. Esto fue lo que ocurrió en la crisis financiera de las antiguas Cajas de Ahorro tras la quiebra de Lehman Brothers. Un elevado volumen de créditos fue impagado, comiéndose el Patrimonio Neto de las Cajas (convertidas en bancos). Como consecuencia, los accionistas y parte de los bonistas perdieron su dinero. No así los depositantes.

Por definición, los créditos y préstamos bancarios suelen tener una vida media superior a la vida media de los depósitos de clientes. La garantía dada a los depósitos de 100.000 de euros y 250.000 dólares por depositante y banco en la Eurozona y Estados Unidos respectivamente, da estabilidad a los depósitos bancarios inferiores a dichas cantidades. No obstante, las entidades deben cumplir ratios de liquidez, y llevar una política prudente, para poder hacer frente a eventuales retiradas inesperadas de depósitos de clientes.

En el caso de SVB, más del 95% de sus depósitos no estaban cubiertos por el Fondo de Garantía de Depósitos estadounidense (FDIC) por sus elevados importes individuales. Adicionalmente, a SVB se le puede achacar una pésima gestión de sus inversiones en Renta Fija. El 90% de su cartera de Renta Fija estaba invertida, principalmente, en Bonos del Tesoro americanos con vencimiento a diez años. Dichos bonos fueron comprados cuando los tipos de interés estaban en niveles muy inferiores a los actuales. Por normativa contable, la valoración de dichos bonos en balance es la del precio de compra: no se valora comparando con el precio de mercado en cada momento (mark to market).

Al tener que vender bonos para hacer frente a la retirada de depósitos, SVB incurrió en unas pérdidas prácticamente equivalentes al total de sus recursos propios. Aunque el banco anunció una ampliación de capital para restablecer el equilibrio patrimonial, la caída del 60% de la cotización de las acciones del banco hizo que las retiradas de depósitos se incrementaran llegando a los 42.000 millones de dólares en apenas 48 horas, equivalente al 20% del total de su balance. El problema de SVB no ha sido de solvencia, sino de liquidez.

Para evitar que esta situación se vuelva a repetir, la Reserva Federal ha aprobado una línea de crédito de emergencia a los bancos aceptando como garantía los bonos del Tesoro y valorándolos al nominal. Si esta línea hubiera estado disponible la semana pasada en cuantía suficiente, SVB no tendría que haber vendido sus bonos, no habría sufrido las pérdidas por el menor valor de mercado de los bonos frente al valor al que fueron adquiridos y no se habría producido la quiebra de la entidad.

Aunque el volumen inicial aprobado por la Reserva Federal para estos créditos de emergencia es de 25.000 millones de dólares, se estima que podría ser necesario que llegue incluso a los 2 billones de dólares. El instrumento ya está aprobado. El aumento de su importe será progresivo.

En el caso de las caídas de Credit Suisse, con la información conocida, no se trata de un problema de solvencia: tiene elevadas ratios de capital; ni de un problema de liquidez, sobre todo tras la línea de crédito abierta por el Banco Nacional de Suiza (SNB) por 50.000 millones de francos suizos. Principalmente es un problema de confianza. Desde octubre pasado ha habido mucho ruido mediático negativo sobre la entidad. Ahora, primero se conoció la publicación de deficiencias en el control de riesgos resaltados en su auditoría externa. Posteriormente, apareció la noticia de la negativa de su mayor accionista con un 9,9% del capital del banco, Saudi National Bank, a aportar nuevo capital, interpretándose de forma muy negativa. En octubre del año pasado, el banco saudí ya anunció que no superaría su porcentaje actual principalmente por motivos regulatorios.

La solidez de los balances bancarios europeos, y en especial los españoles, se ha incrementado significativamente en la última década. Los recientes descensos de las cotizaciones de los bancos han sido generalizados en Europa, por el miedo a que la caída de un banco sistémico como Credit Suisse pudiera ocasionar otro momento Lehman. De momento, con las medidas adoptadas por el SNB parece que dicho riesgo queda controlado. No obstante, la evolución de la cotización de los bonos, las acciones y los seguros de crédito (CDS) de Credit Suisse será la que determine si es necesario tomar medidas adicionales a las adoptadas por el SNB. En cualquier caso, es altamente improbable una reestructuración de la deuda del banco suizo.

El BCE cuenta con suficientes instrumentos ya aprobados para facilitar suficiente liquidez a los bancos que eventualmente sufran retiradas relevantes de depósitos por miedos injustificados como los actuales. El miedo descontrolado de estos últimos días debería remitir.

Artículo escrito por Jesús Sánchez-Quiñones, director general de Renta 4 Banco.


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