Analisis Actualidad Chile 05 Jan 2021

Conclusiones del 2020 y oportunidades para el 2021

Terminamos la semana pasada un año de euforia bursátil, no solamente desde el punto de vista de las fuertes subidas de algunas clases de activos, ligados a la tecnología y a la salud, sino que en general hemos visto una compulsión por invertir más allá de lo tradicional.

Lo recién mencionado podemos atribuirlo tanto a un año 2020 que se ha llegado a catalogar como “el más cambia vidas” de las últimas décadas, así como por las masivas intervenciones tanto de los gobiernos como de los bancos centrales, cuyo objetivo se ha radicalizado este último año, a pesar que como hemos mencionado consistentemente en estas columnas, es algo que venimos viendo cómo la nueva normalidad desde la crisis sub prime el año 2008.

Este último punto, lo hemos venido destacando con especial énfasis ya que lo consideramos como el principal catalizador de los mercados de la última década, y el cual es capaz de dar cuenta tanto las actuales subidas como las poténciales amenazas del modelo de crecimiento en base a deuda. Además implícitamente demuestra una alianza implícita de la política monetaria, responsable de la emisión y de la fijación de la rasa de interés, junto con la política fiscal, la cual en economías desarrolladas el 2020 se materializó como helicóptero monetario, termino acuñado por Milton Friedman en el ámbito académico y luego sugerido por Ben Bernanke en su época de Presidente de la FED.

Siguiendo con el análisis del año que recién termina, podemos identificar algunas características comunes de los inversionistas que fueron los grandes ganadores este año de volatilidad histórica y con la caída y recuperación también más rápida nunca antes vista, con activos incluso subiendo 3 dígitos desde mínimos del año y en menos de 9 meses.

Una de las características importantes entre los inversionistas ganadores fueron las conocidas como “manos fuertes”, las cuales resistieron sin reaccionar a la volatilidad producida entre marzo y abril, y no siguieron políticas de riesgo asociadas a limitar pérdidas. Ligado a este último aspecto, también vemos como grandes ganadores a los traders, muchas veces inexpertos, que no han dudado en la capacidad de los estímulos monetarios y fiscales, junto a las tasas en mínimos, para hacer subir a las bolsas a sus máximos históricos y nuevamente el lema “no pelear con la reserva federal” demostró que sigue siendo la doctrina a aplicar en estos tiempos.

En este mismo aspecto, otros inversores, convencidos del atractivo relativo de la renta variable respecto de la renta fija, en un entorno de represión financiera y tasas reales y nominales en cero, también han realizado sus nuevas alocaciones de sus inversiones en este sentido y han sido parte del rally.

Desde el otro lado han mirado los inversionistas más prudentes o más ortodoxos, quienes piensan que los precios actuales y sus valoraciones no tienen justificación alguna en un entorno, donde las ayudas son la norma más que la excepción, y donde el crecimiento económico y en general la visibilidad respecto del curso de la economía no termina de aclarar con la profundización del modelo económico basado en la deuda, con las lecciones y temores, que ha dejado en otras épocas de la historia, donde la euforia actual se podría asimilar a la de los felices años veinte, la cual precedió a la gran depresión de los años 30.

El principal riesgo en este sentido, es que los estímulos monetarios se despilfarren y solo sirvan para mantener empresas zombies y complejizar la estructura productiva en la sociedad sin los ahorros necesarios, lo cual podría derivar en no alcanzar a terminar los proyectos porque los bienes finales se necesiten antes, lo cual obligaría a dejar muchos proyectos a medio camino con la destrucción de valor que esto puede significar. Además, dichos proyectos suponen una demanda y una tasa de descuento que depende de condiciones monetarias laxas como las actuales, es decir enviando señales inadecuadas a los inversores que suponen una demanda que realmente no existe sino que viene emitida de la nada.

Este escenario hipotético, vendría sin dudas acompañado de imposibilidad de pagar deudas que se han contraído masivamente tanto por personas, empresas y gobiernos, lo cual podría mermar la confianza de los inversores y afectar las cadenas productivas, acercando un poco más a la inflación, que si bien no sube tanto en la forma cómo es medida, sabemos que los precios de los bienes y servicios siguen aumentando.

En este momento, los grandes bancos centrales del mundo han reafirmado su promesa implícita de mantener las tasas en mínimos por mucho tiempo más, por lo menos 10 años, y no tenemos forma de saber a ciencia cierta si podrán cumplir su promesa de tasas bajas casi ad eternum con los precios de los activos, tanto financieros, materias primas e inmuebles perdiendo sus relaciones históricas con los salarios, y siendo captados por los grupos económicos con mayor posibilidad de endeudamiento, que ha sido la mejor estrategia para este año, pero a costa de dañar la credibilidad del sistema como un todo, dejando como grandes perdedores a la que no tienen activos y solo dependen de su actividad laboral.

Podemos constatar también, que gran parte del dinero ha ido a las bolsas y los activos en general, y no tanto a los bienes y servicios, por lo que primero estaríamos ante la inflación de los activos, conocidos como burbuja especulativa, donde los razonamientos empresariales aplicados a bolsa pierden sentido y los principales argumentos se basan en las posibilidades de mayores estímulos.

Es por esto que en la última década, las conferencias de los banqueros centrales se han transformado en el momento clave para invertir o desinvertir en bolsa de acuerdo a los dictámenes centralizados y no por el libre intercambio de los agentes basado en su escala de preferencias subjetivas.

El entorno para el 2021 en lo que se refiere a las bolsas debiera seguir con la misma música de fondo, es decir pensando que la crisis es un problema de liquidez y no de solvencia, y por ende se podría resolver aumentando el gasto público, olvidando que esto es solamente anticipar consumo y trasladar e incrementar los problemas a futuro.

En este sentido, la dupla que conformaron Jerome Powell a cargo de la FED y Janet Yellen como secretaria del tesoro pensamos mantendrán la línea actual, sobre todo si esta semana tenemos novedades respecto de las elecciones parlamentarias en Georgia y pasa el poder del senado a manos demócratas. En cualquiera de los escenarios, pensamos que Yellen se comprometerá con mayores intervenciones a la economía, no olvidemos sus orígenes keynesianos y su convicción de resolver los problemas de empleo, actualmente históricos en USA con casi de 800 mil peticiones semanales de desempleo, con respuestas monetarias y en general de gasto público, lo cual se encuentra también muy alineada con la nueva administración de Estados Unidos liderada por Joe Biden.

Por estas razones podemos esperar un comportamiento similar el año 2021 respecto de las condiciones financieras de la economía y por ende su posible impacto favorable en las bolsas en el corto plazo, sin jamás olvidar los enormes riesgos que reviste a medio plazo para todo el sistema económico y monetario como lo conocemos actualmente.

Un síntoma adelantado de esto es la pérdida de valor del dólar, la subida del franco suizo, el dólar Australiano y el kiwi en Nueva Zelanda, así como el alza de las materias primas, en especial los metales, y también ahora las cripto monedas y en especial el ya más que conocido bitcoin, las cuales están confirmándose como reserva de valor ante el nuevo orden mundial y el rol cada vez más discutido de Estados Unidos como la principal potencia mundial.

Más allá de las posibilidades para el próximo año y de los escenarios de riesgo recién planteados, este año fue muy darwiniano y en general de corte exponencial, donde tenemos sectores de la economía ganadores y otros perdedores, tanto a nivel de trabajadores como de empresas, y también lo vemos a nivel de sectores, países y continentes.

Por ejemplo, la brecha que nuevamente se abre entre USA y Europa en términos bursátiles, que muchos atribuyen a las diferencias en sus sectores tecnológicas pero que también otros consideran que dichas diferencias en valoraciones y cotizaciones debieran reducirse y probablemente compensar a Europa, sobre todo por las mayores limitaciones monetarias que puede imponer por su sistema político y monetario que incluye a varios países que deben consensuar posturas, lo cual el año pasado lo viene capitalizando el euro y su fuerte subida el 2020 respecto del dólar. También tenemos lugares importantes donde mirar el 2021 como son Asia y nuestra cercana LATAM, dos continentes que buscan sinergias y que las nuevas tendencias, tanto verdes como ligadas a las nuevas reservas de valor, los sitúan como dos socios estratégicos que podrían continuar al crecimiento mundial y desde luego beneficiarse particularmente tanto en un entorno refugio y con mayor razón, en un entorno de mucho crecimiento de Asía, el cual vendrá  acompañado de crecimiento en importaciones desde América del Sur.


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