Analisis Actualidad Chile 23 Sep 2022

Crisis energética más allá del invierno

La invasión de Ucrania por parte de Rusia ha sido el detonante de la actual crisis energética, pero no es la única causa de fondo de la actual situación de emergencia energética. Europa va a pagar un alto precio por la falta de previsión y por renunciar a disponer de un elevado porcentaje de independencia energética. La solución no se vislumbra a corto plazo.

Cuanto mayor es el tamaño de una economía, mayor es su consumo de energía. Una adecuada planificación energética debe realizarse pensando en décadas, no en años o en meses. Desafortunadamente, Europa hace décadas renunció a su independencia energética. El año pasado, la UE importó casi el 60% de todos sus consumos energéticos. Alemania, por su parte, ha fiado la competitividad de su potente industria en el flujo permanente y barato de gas ruso. Ha sido una decisión voluntaria cuyos efectos secundarios ahora se palpan.

Europa ha renunciado a su independencia energética con fuentes propias de energía. Ha renunciado a desarrollar centrales nucleares y ha ido cerrando las existentes. Mientras que Merkel, tras la catástrofe de Fukushima, anunció el cierre de todas las centrales nucleares alemanas en diez años, Japón acaba de anunciar la inversión en nuevas plantas nucleares. Este mismo mes de septiembre, el Parlamento Europeo aprobaba una moción para acabar con los embalses, pantanos y presas, afectando por tanto a la generación de energía hidroeléctrica.

Sorprende que la producción de gas en la Unión Europea se ha reducido a la mitad a los últimos diez años, aumentando la dependencia del gas ruso. En Europa, las limitaciones medioambientales dificultan enormemente la obtención de gas mediante fracturación hidráulica (fracking), mientras que no hay ninguna reticencia en importar gas de otros países como EE.UU. obtenido mediante esta técnica.

Europa, siendo responsable de sólo el 8% de emisión global de gases de efecto invernadero (GEI), lleva años siendo el área geográfica más beligerante con la transición energética hacia energía renovables con limitaciones a las energías fósiles. Sin embargo, se han obviado los efectos adversos de esta transición tan acelerada:

- Las energías renovables son intermitentes y no continuas. Por lo tanto, para garantizar la disponibilidad de suministro es imprescindible disponer de otras fuentes energéticas de reserva. Ni el viento, ni la radiación solar suficiente están garantizados de forma permanente.

 - Sólo mediante energías renovables es imposible prescindir de los combustibles fósiles. Hoy en día, a nivel global la energía de origen fósil representa el 87% del total.

 - La dependencia de China en el despliegue de las energías renovables, y del coche eléctrico, es muy elevada, tanto por las materias primas necesarias como por la producción de componentes. Esta dependencia se suele ignorar.

 - Los mayores costes energéticos de las empresas europeas suponen una pérdida de competitividad y un incentivo a trasladar producción a otras áreas geográficas con menor coste energético y menores limitaciones medioambientales.

Adicionalmente a las propias decisiones europeas, las políticas occidentales antienergías fósiles han llevado a una reducción de casi el 60% en las inversiones anuales en petróleo y gas entre 2014 y 2021 a nivel global. De $700.000 millones a $300.000 millones. Esta infrainversión limita el posible aumento de producción de otros productores que pueda reemplazar el petróleo y el gas ruso.

De acuerdo con el CEO de ARAMCO, la mayor petrolera del mundo: "la infrainversión de los pasados años se dejará notar en la oferta de energía. Al menos esta crisis ha convencido finalmente a la gente de que necesitamos un plan de transición energética más creíble".

Desgraciadamente para Europa, su negligencia de décadas en cuanto a su elevada dependencia energética del exterior le sitúa en una posición muy vulnerable con difíciles soluciones de corto plazo. Aunque todos los análisis estén centrados en la disponibilidad energética de este invierno y la posibilidad de restricciones en el consumo de gas, principalmente en Alemania y otros países del centro y norte de Europa, el problema energético es de largo plazo. Adicionalmente, la transición energética debe hacerse de tal forma que garantice el suministro y a su vez permita a las empresas ser competitivas a nivel global.

En la cuestión energética, Europa es rehén de sus decisiones pasadas. Salvo que se levanten las sanciones a Rusia, altamente improbable, la crisis energética se prevé larga y de solución cara y complicada.

Artículo escrito por Jesús Sánchez-Quiñones, director general de Renta 4 Banco.


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