Analisis Actualidad Chile 29 Apr 2022

El gas viaja mal

Con la imposibilidad de importar determinados productos rusos debido a las sanciones, encontrar otros exportadores depende de la disponibilidad de dicho producto en el mercado y de la facilidad del transporte de dicho producto.

De todas las importaciones europeas de productos rusos, la más difícil de sustituir es el gas natural. A diferencia de cualquier otro producto, el transporte del gas requiere de una infraestructura específica que es costosa y lleva años construir. Así, el gas ruso llega a Europa, principalmente, a través de distintos gaseoductos.

La otra forma de transportar el gas es a través de un complejo proceso que consiste en licuar el gas a través de un proceso de enfriamiento del mismo a -161ºC, lo que permite reducir el espacio que ocupa por un factor de 600, manteniendo las propiedades del gas. Es decir, el gas natural licuado (GNL) ocupa 1/600 el espacio que ocupa la cantidad original de gas a temperatura ambiente, facilitando el transporte, distribución y comercialización. Este sistema permite transportar el GNL en grandes barcos "metaneros". En el puerto de destino debe existir, a su vez, plantas de regasificación. Estas plantas realizan el cambio de estado del GNL y lo vuelven a convertir en gas natural en estado gaseoso. De nuevo, para transportar el gas desde los puertos de destino hasta distintas geografías, son necesarios gaseoductos que permitan transportar importantes cantidades de gas. (En el caso de España, el gas ruso, GNL, llega en metaneros a plantas de regasificación).

En las últimas semanas el presidente Biden ha ofrecido a los países de la UE sustituir una gran parte de las importaciones de gas ruso por GNL estadounidense. Sin embargo, dicho ofrecimiento tiene algunas limitaciones relevantes para poder llevarse a cabo. Aunque las exportaciones de gas natural estadounidense a través de metaneros están en máximos históricos, la capacidad para aumentar el volumen actual de exportaciones es muy limitada.

Algunas de las exportaciones estadounidenses que normalmente irían a Asia, se han desviado a Europa. Al destinar mayores cantidades de gas a la exportación, en lugar de destinarse al consumo interno, ha facilitado que el precio del gas para los consumidores estadounidenses también se haya incrementado, creando tensiones adicionales en la inflación y voces, como la de la demócrata Elizabeth Warren, solicitando la limitación de las exportaciones de gas.

El sector energético estadounidense está en manos de empresas privadas. Lógicamente, estas empresas sólo se embarcarán en cuantiosas inversiones en proyectos de construcción de plantas de licuefacción, cuyo periodo de construcción puede durar hasta cinco años, si tienen garantizados contratos de suministro a muy largo plazo (al menos 20 años).

La Unión Europea tiene un problema. Con los compromisos de descarbonización, que implican una reducción del uso del gas en un 30% para 2030 y emisiones NETAS CERO para 2050, ¿quién va a firmar un contrato a largo plazo de suministro de gas? Los compradores europeos necesitarán gas en 2030 o 2035, pero si se quiere cumplir con los compromisos "verdes", no es seguro que se necesite en 2040 o más allá en el tiempo. Esta falta de seguridad respecto de la demanda a largo plazo por parte de los compradores europeos es un factor limitante para que las empresas americanas decidan realizar cuantiosas inversiones en nuevas plantas de licuefacción. El objetivo europeo de EMISIONES NETAS CERO en 2050, que implica una reducción muy sustancial del consumo de gas para entonces, tampoco ayuda a que se materialicen estas inversiones.

De igual modo que Europa difícilmente puede sustituir gran parte de las importaciones rusas de gas en el corto y medio plazo, Rusia tampoco puede desviar en el corto plazo gran cantidad de las exportaciones de gas con destino a Europa a otros compradores. A medio plazo, gran parte del gas que actualmente viene a Europa desde Rusia, acabará en países asiáticos, pero la infraestructura para que esto suceda tardará tiempo en construirse.

A pesar de los titulares sobre el corte del suministro de gas ruso a Polonia y Bulgaria por no acceder a pagar en rublos, al menos cuatro compradores europeos ya han accedido a dicha forma de pago (la empresa alemana UNIPER, la austriaca OMV, Hungría y Eslovaquia). Adicionalmente, otras diez empresas europeas ya han abierto cuentas en rublos en Gazprombank para realizar los pagos de las importaciones de gas en la forma requerida por Rusia.

La dependencia alemana del gas es tal, que incluso hasta hace menos de un mes las reservas de gas en Alemania han estado gestionadas por una filial de Gazprom (Gazprom Germania). Curiosamente, los niveles actuales de reservas de gas se encuentran en mínimos.

A pesar de estar en momentos excepcionales, las decisiones energéticas que llevan vigentes durante décadas difícilmente se pueden modificar de la noche a la mañana. Sobre todo, en un producto que viaja tan mal como el gas.


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