Analisis Actualidad Chile 21 Jun 2019

Endeudarse gratis

Asistimos a una situación absolutamente inaudita e inimaginable hace escasos años. Cuando el nivel de deuda pública de la mayoría de Estados Miembros de la Eurozona se sitúa en máximos históricos en términos absolutos, los distintos tesoros nacionales consiguen emitir bonos para financiarse recibiendo intereses en lugar de pagarlos. Así, España acaba de emitir bonos a cinco años con una rentabilidad negativa del -0,16%. La rentabilidad a un bono del Tesoro español a 10 años es de apenas un 0,39%. Insólito.

 

 

Los gobernantes de los distintos países de la Eurozona consideran una magnífica noticia que la carga de intereses incluso se reduzca a pesar del incremento del nivel de deuda pública en términos absolutos. El dinero que no se destina a pagar el servicio de la deuda (los intereses) se puede dedicar a otros menesteres. La tentación y el peligro es considerar que estos tipos son permanentes y que no aumentarán en el futuro. Si endeudarse es gratis o incluso genera ingresos financieros, el aliciente para controlar el endeudamiento y reducir el mismo, se diluye como un azucarillo. La pesada losa de la deuda se percibirá cuando, por el motivo que sea, suban los tipos de interés. Los efectos de los excesos de deuda ya los vivimos en la burbuja inmobiliaria de la década pasada, con las consecuencias conocidas cuando estalló la crisis.

La caída de rentabilidad ofrecida por los bonos soberanos acaba trasladándose a la rentabilidad del resto de los bonos. El mercado de bonos soberanos en la Eurozona es casi seis veces el tamaño de los bonos con una calificación (rating) de grado de inversión, excluyendo los bonos emitidos por entidades financieras. Basta que un bajo porcentaje de inversión se desplace a este segmento de bonos en busca de algo de retorno para que se produzca una brusca caída de la rentabilidad. Los inversores, incluso los institucionales, acaban asumiendo más y más riesgo para lograr algo de rentabilidad.

Es frecuente que inversores institucionales, supuestamente conservadores, manifiesten que su cartera de bonos tiene que proporcionar un 3% al año para hacer frente a los compromisos de la entidad. Evidentemente, para lograr dicha rentabilidad anual, la calidad de los emisores de los bonos adquiridos ha ido reduciéndose significativamente según han ido bajando los tipos de interés de los bonos. Primero le bastaba con invertir en bonos soberanos; posteriormente se vio obligado a invertir en bonos corporativos con grado de inversión; finalmente ha tenido que ir desplazándose hacia emisores sin rating o considerados de alto riesgo (high yield). Mientras no haya quiebras y los emisores devuelvan el principal a vencimiento no hay problema. La inquietud surgirá cuando comiencen a impagar a vencimiento algunos emisores. 

 

 

La actual política de tipos de interés supone un impuesto oculto sobre el ahorro, privado e institucional. Minusvalora los riesgos, al no remunerarlos y provoca una errónea asignación de activos. Sólo favorece a los endeudados e incentiva el aumento del endeudamiento, sin distinguir si la nueva deuda se destina a inversión o a consumo. Endeudarse para consumir supone desplazar consumo futuro al presente. Incentivar el endeudamiento es una invitación a vivir por encima de las posibilidades, siendo aplicable a las familias y a los Estados. Nada es gratis. Los excesos actuales tampoco lo serán. 


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